Sobre su Vespa celeste carga con 30 años, una joven y prometedora oficina de arquitectura, una Mención de Honor en la Bienal del 2008 con su primer proyecto construido, un deseo aun latente por hacer escenografías para teatro y a un triatlonista recién descubierto.
Sobre su Vespa celeste carga con 30 años, una joven y prometedora oficina de arquitectura, una Mención de Honor en la Bienal del 2008 con su primer proyecto construido, un deseo aun latente por hacer escenografías para teatro y a un triatlonista recién descubierto. Casalvolone se llama Franco, también con mayúscula.
Cuando se cruzan la Calle 6 con la Avenida 10 nacen cuatro esquinas: Refrigeración Omega ocupa una de ellas, en otra está la tienda Solo Liquidaciones y en la tercera un salón de belleza llamado Tamys. En la cuarta esquina hay un edificio en concreto expuesto, con el metal pintado de negro y un logo discreto (FCB Arquitectura) que, desde dentro, dibuja su propia sombra a la luz.
“Aprendo muchísimo solo con el hecho de pasear por la Avenida Central, meterme a almorzar al Mercado, caminar por el bulevard nuevo, o por la Avenida Segunda: eso abre la mente”, confiesa el arquitecto. “Ahí es donde uno ve la gente, las necesidades”.
De la música a la arquitectura
Franco Casalvolones estudió órgano por 11 años. De vez en cuando hacía presentaciones y en estas encontró una fascinación por la puesta en escena. “El teatro me encanta y me había pasado por la mente meterme en algo de escenografía”, recuerda.
Sin embargo, luego de salir del colegio decidió seguir la tradición familiar y convertirse en administrador, pero a los 8 meses ya había cambiado la calculadora por los libros de dibujo y los lápices, sin saber muy bien qué le iban a enseñar en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Véritas.
Aunque nunca trabajó mientras estuvo estudiando (hasta 2005) y su mayor experiencia fue la prueba y error de su primer proyecto Casa Casalfe (junto a Sánchez), ganadora de una mención de honor durante la Bienal Nacional de Arquitectura del 2008. Para ese evento concursó también con el edificio de su oficina, en el que tenía más fe. “Eso ayudó muchísimo, me permitió subir un escalón. No me trajo trabajo, pero en el momento en que uno enseña una revista o un premio, al cliente le da confianza. Muchos pueden decir: ¿voy a contratar a un maecillo de 27 años para que me haga la choza, que es la inversión de mi vida?... Cuesta mucho”.
FCB, la oficina
“Tadao Ando, que simplemente hace un cubo y le abre un hueco para una ventana y entra un rayo de luz que vuelve el espacio espectacular: esa es la arquitectura que a mi me encantaría llegar a hacer algún día, ese es el tipo de arquitecto que me inspira”. Ando era, junto a Luis Barragán y Alvar Aalto, la inspiración de Casalvolone mientras estudiaba.
Precisamente desde su oficina se ha planteado desarrollar proyectos más conscientes de la distribución de los espacios y la circulación que de la forma, a la que relega a un segundo plano.
Las bases son claras: materiales expresados con sinceridad, poco o nulo uso de color y aprovechar responsablemente recursos como el espacio y la luz natural. Ah, y la sorpresa. “Trato de que la casa no se enseñe desde el principio, que se vaya descubriendo poco a poco. El recorrido es una de las cosas más importantes para mí”, añade.
Teatronista
“Ahorita voy a hacer un triatlón, el sábado. Vamos a ver cómo me va. Tengo 2 años de nadar en aguas abiertas y como 6 meses de hacer triatlón. Me inspira muchísimo. Muchas de las respuestas de diseño las he pensado nadando. No soy muy bueno, pero ahí vamos para adelante”. Franco habla con confianza, sin poses. También dice que, antes de morir, quisiera hacer escenografías. “Ahora estoy tan centrado en esto (su oficina FCB) que no he tenido el chance de meterme en ese mundo”.
Probablemente en un rato salga a almorzar. Recorra desde su oficina, allá por la Bomba La Castellana, hasta la Plaza de la Cultura o incluso hasta el Mercado Central para almorzar. Quizás en su camino, o nadando, o viendo una obra de teatro, o comiéndose un casado, o viajando en Vespa, resuelva lo que no consiguió con el AutoCad.
Otras notas de Franco Casalvolone:
Casalvolone está en la ciudad
Con solo 30 años, carga una oficina de arquitectura, un deseo por hacer escenografías para teatro y una vespa. Conozca más de Franco y sus proyectos.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.
Por: Randall Zúñiga, periodista, rzuniga@nacion.com / Fotografía: Osvaldo Quesada y archivo Su Casa