- Por Revista Su Casa
- Publicado 01/29/2008
- Especiales Multimedia
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Phil Harris El arquitecto australiano Phil Harris exploró su país para encontrar su propio lenguaje: el de los materiales simples y naturales, los espacios abiertos y la responsabilidad ambiental. Aún cursando sus estudios en la universidad, Phil Harris emprendió un viaje alrededor de Australia junto con tres compañeros para descubrir los secretos de la arquitectura local. No la de casas victorianas y de los suburbios, sino la que se creaba espontáneamente, en respuesta a las condiciones ambientales de cada región, y que utilizaba materiales autóctonos y mano de obra propia. Tras terminar la carrera, Harris instaló su oficina en Darwin. Ahí, junto con sus socios, publicaron un manifiesto, un ABC y D de cómo diseñar de forma pasiva para crear condiciones de confort en el Trópico. Básicamente, se referían a orientar los edificios hacia la brisa y crear dentro una ventilación cruzada, dejar que el aire caliente salga, construir ligero para que el calor del día salga fácilmente cuando refresca por las noches y proteger del sol o de la lluvia todas las aperturas como las ventanas. LA TEORÍA DE LA DÉCIMA LÍNEA Sus diseños de bajo presupuesto pronto se popularizaron, e incluso un sector de Darwin llamado Coconut Grove llegó a ser conocido como Troppoville. “Me gusta usar materiales a los que no se les dé un acabado. En Australia tenemos estas maravillosas maderas que son duraderas y que se tornan grises y van tomando una textura suave”, cuenta Harris. De un viaje a Italia surgió la teoría de la décima línea: ¿qué pasa cuando a la figura de un cubo, la forma primaria de los edificios clásicos, se le agrega una décima línea? “Se convierte en un cuadro, el interior y el exterior se funden”, explicó el australiano. Si esto se aplica a la arquitectura significa menos divisiones y edificios más adaptables a las actividades humanas. También se refiere a aquella arquitectura que responde al lugar donde está, y que deja de utilizar recursos que no son necesarios. En el 2005, Troppo ganó un concurso nacional para diseñar un desarrollo de viviendas ecológicas en Adelaida. Los materiales son livianos, con poca carga energética, modulados para minimizar los desechos de la construcción y producidos localmente para que no tuvieran que ser transportados hasta el sitio. Las casas utilizan la energía que consumen eficientemente, el agua de lluvia se recolecta y los espacios públicos también llevan un mensaje de sostenibilidad. *Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
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Por: Patricia Ugalde*, colaboradora/Fotografía: cortesía del arquitecto |
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