Revista Su Casa
Búsqueda avanzada
  • Inicio
  • Rescate Patrimonial
  • El barrio que es un parque
  • Por Revista Su Casa
  • Publicado 08/24/2011
  • Rescate Patrimonial
  • Calificación y comentario: Sin calificación
                   Galeria de Fotografias

 

El barrio que es un parque

Hay pocos lugares donde, de forma tan evidente, el espacio público influye en la identidad local. En Alajuela -que no deja de ser pueblo ni alcanza a ser ciudad- el Parque Central cinceló su historia a partir de hitos arquitectónicos, tertulias y chispa intelectual.

         
Anda sin apodo, lo que en Alajuela es como andar medio chingo: a don Ernesto Alfaro lo conocen como Ernesto Alfaro. “¿Y eso por qué? Diay, pregúntele a los del parque. Al rato me tienen uno y no me he dado cuenta”.

Últimamente se le ha hecho costumbre, sobre todo después de ganar el Premio Nacional de cultura popular tradicional en el 2002 por dedicarse al rescate de la historia detrás de hitos alajuelenses como los apodos, el Mercado Municipal, la Catedral y el Parque. Su Parque. Y de todos los alajuelenses.

En torno al Parque Central (nombre oficial: Plaza del benemérito General Guardia, apodo: Parque de Los Mangos)  y en largas tardes de tertulia, como las que sostenía don Ernesto a punta de lengua o guitarra, fue concebida la identidad local, cargada de ingenio lingüístico y una historia larga, larga... Larga como chiflido de lechero.       

Historia vieja
         
Don Ernesto creció en las cercanías de Plaza Yglesias (donde germinó el club de fútbol Liga Deportiva Alajuelense), en lo que vendría a ser la periferia del centro del cantón. Recuerda con nostalgias lo que dejó de ser la Alajuela de mediados del siglo pasado. Sin embargo esa Alajuela también se había gestado sobre otra.      

“Alajuela era un lugar donde la población no pasaba de 268 personas, regados en cinco pueblos: los Targuaces, Ciruelas, Púas, Río Grande y La Lajuela, que era el centro rodeado por los otros puntos”. Marvin Bonilla es profesor e investigador de la cultura y la historia local.  Solo basta imaginar lo que Bonilla dibuja con palabras: campesinos pobres, descalzos, sin mulas ni caballos para atravesar los  peligrosos 10 kilómetros que separaban al nuevo asentamiento de la iglesia más cercana y de las autoridades de gobierno de las que dependía, en Villa Vieja de la Inmaculada Concepción de Cujubuquí, hoy Heredia.

 “Juan Manuel López, cura de Heredia, veía como un problema que el alajuelense estuviera muy sin Dios. Preocupado, le manda una carta a Esteban Lorenzo y Tristán, que era el obispo de Costa Rica y de Nicaragua, y le deja ver la inquietud y la preocupación tan grande que él tenía. Incluso dice que habían mujeres y hombres que desde el bautismo no iban a una iglesia. Algo terrible para una sociedad eminentemente religiosa”.       

“Eso fue el 18 de setiembre de 1772. Tristán inmediatamente responde que hay que buscar un lugar para crear un espacio de oración.”

La propuesta se convierte en un centro de oración en parte de la casa de don Dionisio Oconitrillo, pocos metros al norte de donde se ubica actualmente la Catedral. La fecha de la bendición, un 12 de ocubre de 1782, es considerada tradicionalmente como la fecha de fundación de Alajuela, aunque esta no se daría aun.       

Árbol que nace torcido
         
“La vida en Alajuela gira alrededor del parque. Allí se dan todavía las discusiones políticas, económicas, futbolísticas y hasta chismísticas. Antes, todo lo que usted quería conocer de Alajuela lo conocía en el parque”. Bonilla  lo explica, y la explicación es atemporal. En torno a la plaza y en esta misma ya se tomaban en el siglo XIX las decisiones más importantes.Ya en 1890 fue diseñado por fin como parque y alimentó, de forma centrífuga, el desarrollo de la identidad y del cantón mismo.

Pero faltaba algo para terminar de erigir el parque, al menos físicamente. Y no es que los higuerones sembrados en el parque no pegaran, todo lo contrario. Comenzaron a crecer en demasía y ya sus raíces rompían el diseño hecho con piedra cartaginesa. De ahí que tomaron la decisión de sustituir estos árboles por mangos, de fruto tan apetecido como su sombra. Nadie hubiera apostado el bigote a que a Alajuela se le terminaría llamando Ciudad de los Mangos. Y que entre mangos y “manudos”, la anécdota seguiría confabulando con la historia misma y calando tanto como El Erizo o la cúpula de la catedral.       

El corredor del corazón
         
“La tertulia es una apropiación del pasado más allá de un criterio académico contemporáneo. Hace que las cosas sean incorporadas casi de forma sanguínea para no perder las tradiciones”. Jorge Arroyo también es dramaturgo pero dice estas palabras como el investigador que no deja de ser nunca. La carga emocional está ahí en su casa en remodelación, mientras conversa, pero más aun en el cercano Parque Central que encarna la historia de Alajuela en cada poyo, charla y chota.

Sobre todo desde este espacio, ubicado entre avenidas 0 y 1 y calles 0 y 2, el urbanismo y la arquitectura delinearon, como pocas veces con tanta evidencia, los modos de encuentro social, cultural y hasta romántico. “La distribución de la ciudad seguía el patrón español de ubicar los edificios religiosos, políticos y civiles muy cerca”, añade. “La Avenida 3, incluso, era la Calle Real, la principal vía de la ciudad y por mucho tiempo fue parte de la carretera Panamericana”.       

El espacio urbanístico alajuelense, principalmente concentrado en torno al parque, dotó de un espacio natural de encuentro que inclusive llegó a concretar la identidad local. Que llegó -más importante aun que todas las efemérides y edificios patrimoniales- a ser algo así como el corredor del corazón. “Muchos alajuelenses nacieron de una mirada aquí, en el Parque Central”. Don Ernesto recuerda cómo cuerdeaba a las chiquillas en “la famosa vuelta”: caminar alredor del parque, los hombres en un sentido y las mujeres en otro. “En cada vuelta nos encontrábamos. Entonces ahí se cuerdeaba y cuando había un chance, cuando el hombre calculaba que ya la tenía conquistada a la chiquilla –se saborea las palabras antes de soltarlas-... ¡Pum!, le caía”. En ese entonces sí que le zumbaba el mango.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.       

Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com  / Fotografía: Osvaldo Quesada / Fotografía histórica: cortesía de MHCJS y Jorge Arroyo.

   
Páginas: « Volver  1 2 3  siguientes » 
siguientes: De lo rural a lo urbano: las diversas Costa Ricas de Francisco Coto »

Envía este artículo

  • del.icio.us it
  • Digg this
  • Furl
  • Reddit
  • Yahoo! this!
  • StumbleUpon
  • Google Bookmarks
  • Live Favorites
  • Technorati

Opción de Artículo

  • Enviar a un amigo
  • Imprimir Artículo
  • Eliminar de favoritos
  • Agregar a favoritos
  • Eliminar de 'Artículos por leer'
  • Agregar a 'Artículos por leer'

Artículos populares

  • Clóset con estilo
  • Casas de Playa
  • Los nuevos lenguajes de la arquitectura latinoamericana
  • Las nuevas tendencias de la arquitectura costarricense
  • Casas inteligentes: “Tecnología de punta”
No hay artículos populares.
Suscripciones Encuestas Media Kit Comentarios y Sugerencias Contáctenos Ediciones Anteriores

Copyright 2012 - Revista Su Casa, Costa Rica. Derechos Reservados
Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de revistasucasa.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a opinion@revistasucasa.com

Perfil Soho Revistas