San Isidro de Heredia, residencia de la pintora Ana Gabriela Tristán, una casa hecha de arte y un completo jardín de plantas y flores. Una conversación con café al estricto sentido de lo costarricense, acompañada también por su hija, la diseñadora de Joyas Adriana Gómez.
San Isidro de Heredia, residencia de la pintora Ana Gabriela Tristán, una casa hecha de arte y un completo jardín de plantas y flores. Una conversación con café al estricto sentido de lo costarricense, acompañada también por su hija, la diseñadora de Joyas Adriana Gómez.
Ana Gabriela y Adriana mostraron su trabajo en abril en el Museo Calderón Guardia. Un recorrido hacia el origen de esas cosas que hacen la vida más bella, entre matices e impresiones que a contrapunto iban recuperando, madre e hija, recientemente reunidas en una primera presentación conjunta legítimamente llamada “Diez años de color”. Los diez primeros en la producción de la hija, los diez que pasaron desde la última exposición de la madre.
—¿Cuándo y cómo comienza el interés por la producción artística, si hay manera de determinarlo?
—La madre: Comencé a pintar viendo a mi papá, a él le gustaba el arte en todas sus expresiones, la música, mucho más la literatura y también pintaba. Adriana estuvo interesada por lo artesanal desde muy chiquita, tejía, cosía, después ganó un premio nacional, siempre la estimulé.
La hija: Recuerdo que, de chica, jugaba con una lata llena de joyas de la abuela, las tiraba a la piscina y jugaba al tesoro escondido, ahí está el comienzo (ríe).
—Temas y musas: lo humano o la naturaleza, ¿de dónde salen las pinturas, de donde salen las joyas?
—La madre: Siempre me llamaron la atención las expresiones humanas. En cambio, la naturaleza, más que un tema es fuente de inspiración. Nunca voy a igualar a la naturaleza, pero ella me da formas y colores. La naturaleza me estimula el colorido, me inspiro en la naturaleza, después uno lo transforma a través de los medios que uno tiene.
La hija: En los materiales, en los colores y en las texturas, encuentro la inspiración, caminar por la playa y sentir la arena. La inspiración no parte de un tema para mí, sino que parte del material.
—Periodo, estadios, técnicas, evoluciones, ¿se dieron muchos cambios en el camino?
—La madre: Comencé con el dibujo, después pasé a trabajar en color, primero en pastel, después acrílico y óleo o al revés, no recuerdo (ríe). Pero siempre en la abstracción cuando es de color. Al dibujo lo fui dejando poco a poco.
La hija: Después de casarme, nos fuimos con mi marido a vivir a New York. Viviendo en Manhattan se me dio la posibilidad de trabajar en el estudio de diseño de joyas de Magaret Thurman. Poco a poco, empecé a meterme en la parte del diseño y allí mismo comencé lo que sigo desarrollando hoy.
—¿Reunirse en la exposición “Diez años de color” significó en algún modo un choque disciplinario, un choque generacional o más bien fue un sincretismo de corrientes y prácticas artísticas?
—La madre: Hay un trabajo fusión entre la pintura y la orfebrería realizado especialmente para esa exposición, con pequeñas pinturas dentro de las joyas. El choque más bien fue en la parte administrativa, en la agenda. Adriana es muy organizada, yo no tanto.
La hija: Para nada choque generacional, somos muy diferentes pero en lo que viene al arte nos entendemos mucho.
—¿Qué es lo que más les llamó la atención en esta exposición?
—La madre: Nos llamó la atención la gran cantidad de jóvenes que concurrieron, eso es muy alentador.
—Alguna preferencia en la forma de trabajar: ¿soledad, silencio o compañía?
—La hija: Trabajo con música, en alto y viendo las montañas, siempre sola. De vez en cuando entra mi hija.
La madre: Nunca pinté con música, busco la tranquilidad y la soledad para trabajar, siempre me he sentido muy a gusto trabajando sola.
—El arte, una definición o mejor hablar de un modo de vida.
—La madre: El arte como forma de vida, rodeada de las cosas que me gustan, para mí siempre es una grandísima ilusión. Me gusta mucho leer, toco piano muy mal. Pero el arte es también saber observar, la entrega y la perseverancia, la disciplina, la constancia, el superarse día a día, como la trayectoria de una marca.
Por otro lado, siempre he pensado que el ser humano necesita del arte. Si todos sembráramos el frente de nuestras casas de plantas y flores las calles de la ciudad se verían diferentes, es una metáfora, claro. Pero si pienso que debería inculcarse más el valor de lo estético.
La hija: Para mí, es un constante innovar y concentrar toda la atención en los detalles.
—¿Y el futuro?
—La madre: El futuro es cada vez menos figurativo para mí, cada vez voy más hacia un lenguaje de color. Ahora estoy comenzando a trabajar en madera, porque siempre me ha llamado la atención y finalmente decidí meterme.
La hija: La idea es incursionar cada vez más en el mundo artístico y fusionarlo con el comercial. Lo más cercano es una exposición colectiva “Agot-Goizueta-Halashyn”, joyería y pintura, que tendrá lugar el 16 de junio a las 7 p.m. en la Galería Kunst Klub Contemporary Art en Sabana Norte.
Ana Gabriela Tristán, la madre
Ana Gabriela Tristán estudió trabajo social, profesión que ejerció durante poco tiempo, dedicando la vida entera a la pintura. Sus obras completan el arco que se mueve desde el dibujo a la pintura abstracta. Algunas de sus pinturas están más emparentadas con la geometría, otras con los trazos fuertes. Pero para hacer justicia hay que anotar también un virtuoso manejo del color como elemento, para nada circunstancial, que la identifica todas la veces. Sin embargo, no puede decirse esta sola cosa y hay que adentrase en la originalidad de sus dibujos para ver algo tan peculiar y difícil de capturar como el rostro de lo humano. Acaba de exponer 25 pinturas de su autoría junto a una colección de joyas de su hija en “Diez años de color”.
Adriana Gómez, la hija
Adriana Gómez estudió derecho y vivió tres años en Nueva York, donde aprendió a diseñar joyas. El resultado, su firma de diseño de joyas Agot, asumió entonces esa misión inherente de la vanguardia: incorporar nuevas formas de entender lo bello. Las piedras de río, el vidrio pulido por el mar y materiales menos convencionales que ella misma recolecta y acopia son los protagonistas que hacen originales cada una de sus piezas. Recientemente expuso por primera vez 60 piezas de su joyería y 12 obras en las que ambas, madre e hija, fusionan su arte: piezas de joyería diseñadas por Adriana Gómez que resguardan pequeñas pinturas de Ana Gabriela Tristán.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.
Por: Federico Rosso / Fotografías: cortesías de Agot