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Puerto de oro y jaguar
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Por Randall Zuñiga
Publicado el 06/29/2011
 
Llegó la United Fruit Company y no pudo entablar allí su enclave. Llegó la Osa Productos Forestales y la Ston Forestal y tampoco lo consiguieron. La península de Osa y Puerto Jiménez, en particular, consiguieron durante más de 100 años su propio enclave, pero en el tiempo.

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Puerto de oro y jaguar
                   

 

Puerto de oro y  jaguar

Llegó la United Fruit Company y no pudo  entablar allí su enclave. Llegó la Osa Productos Forestales y la Ston Forestal  y tampoco lo consiguieron. La península de Osa y Puerto Jiménez, en particular,  consiguieron durante más de 100 años su propio enclave, pero en el tiempo.   
   
 


 

 

La conquista chiricana
   
    “La mayoría de la gente es originaria de  Alanje, en David”. Doña Lidieth Francesqui conversa con libros de historia  panameña abiertos sobre la mesa. Sus abuelos, por parte de padre y de madre,  eran chiricanos. “Al  igual que todas las  familias fundadoras de Puerto Jiménez. Mi familia llegó hace poco más de un  siglo, a finales de 1800, pero ya habían otras gentes”.

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Los coligalleros
   
    “Mis padres se conocieron en Puntarenas. Mi  mamá de Santa Cruz, mi papá de Limón. Los dos trabajaban en Puntarenas y de ahí  se vinieron para el sur por la fiebre del oro. Mi mamá de 17 años y mi papá de  18”. Era 1933 y Salma Polanco no estaba aun en planes de ser concebida. 

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La tierra de todos
 
  Miguel Azofeifa recuerda a Ernest Hemingway. Su barba y su oficio aventurero -es pescador y fue orero, mecánico, carpintero, albañil, agricultor y vendedor de pipas junto a su papá- parecen de ficción. Como en Hemingway. “Yo llegué cuando estaba la Osa Forestal (finales de 1960).
 
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El otro tesoro
 
  “Entonces las costumbres que habían eran de chiricanos: las comidas, las fiestas, los santos que se celebraban: Santo Domingo, San Juan. Hasta el día de hoy se celebra el día de San Juan”, cuenta doña Salma.
 
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La  soledad del oro
   
    En el río Carate, en las cercanías del Parque Nacional  Corcovado, decenas de oreros se ganan la vida volteando la arena del cauce para  conseguir el sustento cotidiano, el guaro para las noches y algo con qué salir  al pueblo o a visitar su familia.
   
   
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Por: Randall Zúñiga, periodista /  Fotografía: Rónald Pérez
Fotografía histórica: cortesía de Asociación de  Desarrollo

 


La conquista chiricana
                                           

     

 

La conquista chiricana

“La mayoría de la gente es originaria de  Alanje, en David”. Doña Lidieth Francesqui conversa con libros de historia  panameña abiertos sobre la mesa. Sus abuelos, por parte de padre y de madre,  eran chiricanos. “Al  igual que todas las  familias fundadoras de Puerto Jiménez. Mi familia llegó hace poco más de un  siglo, a finales de 1800, pero ya habían otras gentes”.

Es tercera generación de un grupo mestizo  de Chiriquí que huía de la guerra colombiana que a la postre traería consigo la  independencia de Panamá. Que emigraban también buscando tierras, ante la  acumulación por parte de grandes hacendados al oeste de la nueva nación  pinolera.

El sur costarricense era una región  inhóspita que solo los indígenas conocían y caminaban a sus anchas.  Precisamente el Golfo toma su nombre del cacique Osa, cuyo asentamiento  estaba en Punta Burica. Ni siquiera los españoles se asentaron dado lo desolado  y el temor a estar acorralados por tribus, pumas y jaguares.

Pero la ascendencia de doña Lidieth no tuvo  reparos en colonizar el perímetro de la península de Osa e incluso un poco más  “arriba”. “Estuvieron (los chiricanos) en toda la costa, en Drake, Quepos,  hasta en Puntarenas. El gobierno de Costa Rica estaba preocupado porque  estaban adentrándose los panameños. Y no solo ahí, en Zancudo, Potrero  Grande...” Sigue enumerando y recordando las historias de sus papás y un  documento que atesora: “en 1847 el gobierno envió a la zona un jefe político,  como se llama en aquel entonces: Juan Mercedes Fernández, a poner orden. Yo  tengo copia del acta. Es de 1847”.

El pueblo estaba asentado originalmente en  Punta Arenillas, nombre que hace referencia directa a Puntarenas, el vínculo  directo con el resto del país adonde se iba únicamente en bote.  “En una de esas, en un terremoto, se hundió  la punta, que era el espacio más grande. Se   vinieron para lo que llamamos Pueblo Viejo, que se llamó Santo Domingo  del Golfo Dulce, hacia el este”. Y volvieron a chocar las placas. “Fueron perdiendo  terreno otra vez e idearon venirse adonde ahora está Puerto Jiménez. Ya tiene  casi 100 años de estar ahí. A Dios gracias ahí no ha sucedido nada todavía”.  Cuando se estableció en el lugar donde se mantiene hasta la fecha, el gobierno  de Ricardo Jiménez diseñó un plano con calles grandes para nueve cuadras.  Aun entonces era una aldea. El nombre, sugiere Fransesqui, es en agradecimiento  al presidente.

Aun en las primeras décadas de siglo veinte  pocos costarricenses se animaban a ingresar en la zona fuera de los indígenas.  “¿Por qué razón no llegaban los ticos? Es una cosa lógica: no había  carretera. La Interamericana tiene 50 años si acaso. Los indígenas todo eso  se lo caminaban, pero los de la meseta no llegaban hasta que vino la  bananera.  Eso impulsó que llegara gente  a la zona sur”. Cuando la United Fruit Company estaba por dejar su enclave en  el Caribe costarricense, se planteó desarrollar su industria bananera en la  península. Compró tierras, hizo oficinas en el centro de Puerto Jiménez y empezó  a hacer pruebas. Corría la década de 1920 y la United se había equivocado:  Las tierras más aptas para el cultivo estaban en la costa de enfrente, en lo  que sería Golfito.

La empresa emigró dejando únicamente sus  instalaciones administrativas. Ah, y vastas regiones abandonadas...

*Adaptación  para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición  impresa.

Por Randall Zúñiga
     


Los coligalleros

 

Los coligalleros

“Mis padres se conocieron en Puntarenas. Mi mamá de Santa Cruz, mi papá de Limón. Los dos trabajaban en Puntarenas y de ahí se vinieron para el sur por la fiebre del oro. Mi mamá de 17 años y mi papá de 18”. Era 1933 y Salma Polanco no estaba aún en planes de ser concebida.

“Ellos me cuentan que solo había unos poquitos ranchos en ese tiempo, y donde una señora que hacía almojábanos habían unos cuartos de alquiler. Ahí se hospedaron y empezaron a organizarse para caminar toda la montaña buscando oro”.Desde Puntarenas y desde David llegaban costarricenses, panameños, nicaragüenses y estadounidenses atraídos por el brillo que antes cegaba en el lejano oeste. Polanco nació en Río Tigre, al norte de Puerto Jiménez, adonde la familia se trasladaría para cambiar de oficio. “Mi mamá, cansada de andar las montañas, dijo: No más, vamos a ponernos un comisariato. Y se establecieron en Río Tigre. Ahí empezaron a llevar mercadería y cobraban con oro”.

Luego compraron una casa y un aserradero en Jiménez para que Salma y sus hermanos fueran a la escuela Saturnino Cedeño, que había construido la bananera en su fallida incursión. “En aquellos tiempos las calles eran de zacate”, recuerda Polanco. “Era muy pequeño el pueblo: todas las familias nos conocíamos. Estaban los Quintero, los Cevallo, los Aguirres, los Chavarría pobres y los Chavarrías ricos, la familia Pinzón, los Lescano, los Francesqui… Unas 25 familias…”

La llegada de oreros artesanales a la zona poco impacto social tenía, más allá del establecimiento de bares y el auge de los vicios. Sin embargo, cerca de 1950 la mayoría de las tierras de la United había caído en manos de la Osa Forestal, que pretendía crear un centro de explotación maderera. La Osa abrió caminos en Rincón (donde se establecieron y queda aún un helicóptero abandonado), playa Blanca y el Cedral, entre otros. Esto, junto con la fiebre orera llegando a oídos de empresas con tecnología y la creación de la carretera Interamericana, aceleró las migraciones. Y las migraciones, a su vez, la invasión de tierras.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa.

Por Randall Zúñiga


La tierra de todos
                                           

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La tierra de todos

       

Miguel Azofeifa recuerda a Ernest  Hemingway. Su barba y su oficio aventurero -es pescador y fue orero, mecánico,  carpintero, albañil, agricultor y vendedor de pipas junto a su papá- parecen de  ficción. Como en Hemingway. “Yo llegué cuando estaba la Osa Forestal  (finales de 1960). Uno salía solo en lancha para Golfito y en avión. Todo se  movía por el mar y el aire”. Su casa   es una de las que quedó en pie luego de la partida de la Osa.

La empresa “tenía una trocha que rompió  hacia San Juan, nada más. Pero era un filón arriba, horriblísima. Entrábamos  con un camión grande y un tractor. A maderear entrábamos. Pero era muy poquilla  la madera que sacaba la Osa”, reconoce.

Aunque el impacto ambiental nunca llegó a  ocurrir, fue por el conflicto social que estalló antes. “El despelote empezó  cuando la gente de aquí y todos esos empezaron a meterse al lado de arriba (la  montaña) y a voltear el montón de árboles. Y empezaron a traer gente de afuera,  en botes. Entonces se le puso muy feo a la Osa contenerlos”.

El pleito que cuenta Azofeifa se desencadenó cuando los terrenos abandonados por la  United fueron ocupados poco a poco por oreros, madereros y campesinos, mientras  que la Osa exigía al gobierno el derecho sobre ellos. El desenlace: el  Estado expropiando y reubicando a trabajadores y precaristas. Algo que se  repetiría de forma muy similar con la creación del Parque Nacional Corcovado  (1975), y los intentos de la compañía papelera Ston Forestal S.A., subsidiaria  de la estadounidense Stone Container Corporation, de poner una planta astillera  en la península en los noventas.
  Así se crearon poblaciones cercanas a  Jiménez como La Palma, a base de luchas organizadas, la repartición de  tierras y el precarismo.

*Adaptación  para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición  impresa.

Por Randall Zúñiga
     


El otro tesoro

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El otro tesoro

“Entonces las costumbres que habían eran de chiricanos: las comidas, las fiestas, los santos que se celebraban: Santo Domingo, San Juan. Hasta el día de hoy se celebra el día de San Juan”, cuenta doña Salma.

Polanco es miembro de la Asociación de Desarrollo de Jiménez, encargados de organizar las fiestas cada año. “Las fiestas de San Juan son ahora más parecidas a las de Costa Rica, donde hacen un gran turno. Pero entonces cuando yo estaba chiquilla eran prácticamente para celebrar a caballo”.

Doña Salma, doña Lidieth -presidenta de la Asociación-, y otros vecinos buscan mantener vivas las tradiciones del pueblo, más allá del cambio que han supuesto los últimos 30 años. La apertura de la Interamericana, las luchas contra empresas madereras y la creación del parque nacional han supuesto un cambio repentino mayor a los demás en todos los años de historia del lugar.

En buena medida es la belleza escénica y la riqueza biológica de la zona (5% de la biodiversidad mundial) casi intacta durante cientos de años, el valor mayor de la península. “Hace 20 años empezaron a haber turistas de aventura y científicos que se interesaron en la fauna y en la flora, se escribieron libros, tesis de grado, sobre todo lo que había ahí”, añade Francesqui. El viraje hacia el turismo reclama, ahora más que nunca, la necesidad de conservación. No solo por valores éticos o ecológicos, sino también económicos.

Además, la riqueza cultural. “Ahí estamos también, no dejando que se muera ese pedacito de historia, de cultura de este pueblo”, añade Polanco.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa.

Por Randall Zúñiga


La soledad del oro

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La soledad del oro

En el río Carate, en las cercanías del Parque Nacional Corcovado, decenas de oreros se ganan la vida volteando la arena del cauce para conseguir el sustento cotidiano, el guaro para las noches y algo con qué salir al pueblo o a visitar su familia.

Rolando Díaz "Cuba" y Adrián Torres "Loro" mueven piedras, escarban y catean. Además, conversan.

Randall Zúñiga (RZ.): ¿Cuánto tiempo llevan dedicados a la orería?
Loro (L.): Yo trabajé 25 años y el gobierno me echó, después trabajé 15 años en Pérez Zeledón y ya tengo como 9 meses de haber vuelto.
RZ.: ¿Cómo empezaron?
C.: La bulla de la fiebre del oro. Yo estaba en San José y leí que la península de Osa genera no sé qué cantidad de divisas… Y entonces yo vi a una gente con una cateadora enseñando el oro. Y me dije: voy a ir a conocer allá. Llegué y me fui quedando.

Cuando Cuba y Loro llegaron a Osa trabajaban para una de las empresas que volteaban la montaña con maquinaria pesada. Empresas como Costa Rica Placeres, Mina de Osa, Mina Dulce o Corporación Minera Costarricense Romoka. El impacto negativo, tanto por los grandes movimientos de tierra como las erosiones, afectaban la fauna y flora río abajo, y los corales en el océano. Ahora, con la orería artesanal, mueven unas cuantas piedras, colocan una canoa por donde corra el agua y echan paladas de la arena del fondo del cauce. Luego catean la arena hasta que vayan apareciendo "pintas" del oro al fondo.
El rencor contra el gobierno que los persigue aparece durante la conversación. Con la creación del parque se indemnizó a un grupo de trabajadores que vivían de orear dentro de Corcovado. Incluso varios pueblos de la península fueron creados de la nada como forma de ocupar a los oreros en otros trabajos, como la agricultura.
C.: Nosotros no desbaratamos montaña. No es un problema como las fábricas, las industrias, las grandes empresas petroleras, púchica, eso sí es duro...

RZ.: O las grandes mineras…
C.: ¡Y las grandes mineras a cielo abierto! Pero a nosotros nos retiran, nos cobran una multa y hasta nos meten preso. Yo estuve preso por eso.

RZ.: Y a pesar de las complicaciones con el gobierno, ¿a ustedes les gusta vivir así?
C.: Yo soy un hombre sincero, así, a como crece la palma. Y si usted me dice a mi: te voy a poner en una empresa, en cualquier lado a trabajar, yo te digo que no.
L.: Yo no, yo no (atenúa). Yo lo hago por necesidad. Aquí este trabajo me gusta pero no voy a vivir todo el tiempo comiendo mierda.

Mientras Cuba habla, Lora se pone a buscar entre sus cosas, a un lado del cauce, una billetera. De ella saca un papel doblado. Muestra su interior: 2.9 gramos de un polvo brillante, casi 50 mil colones al precio actual.
Aunque cualquiera diría que habla de una época mejor, el recuerdo de Cuba no está cargado de nostalgia. Es como si lo dijera una persona distinta a esa que se gastó tres kilos y resto en mujeres y guaro. Luego cuenta que es cantante, músico y compositor.

C.:Yo le digo a mucha gente: no seamos antipáticos, uno tiene que ser amable con todo mundo. Usted puede ser malencarado, pero, es su forma de ser...
RZ.: Mucha gente juzga sin saber...
C.: Sí, hombre, esa es la ignorancia.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa.

Por Randall Zúñiga


La soledad del oro

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La soledad del oro

En el río Carate, en las cercanías del Parque Nacional Corcovado, decenas de oreros se ganan la vida volteando la arena del cauce para conseguir el sustento cotidiano, el guaro para las noches y algo con qué salir al pueblo o a visitar su familia.

Rolando Díaz "Cuba" y Adrián Torres "Loro" mueven piedras, escarban y catean. Además, conversan.

Randall Zúñiga (RZ.): ¿Cuánto tiempo llevan dedicados a la orería?
Loro (L.): Yo trabajé 25 años y el gobierno me echó, después trabajé 15 años en Pérez Zeledón y ya tengo como 9 meses de haber vuelto.
RZ.: ¿Cómo empezaron?
C.: La bulla de la fiebre del oro. Yo estaba en San José y leí que la península de Osa genera no sé qué cantidad de divisas… Y entonces yo vi a una gente con una cateadora enseñando el oro. Y me dije: voy a ir a conocer allá. Llegué y me fui quedando.

Cuando Cuba y Loro llegaron a Osa trabajaban para una de las empresas que volteaban la montaña con maquinaria pesada. Empresas como Costa Rica Placeres, Mina de Osa, Mina Dulce o Corporación Minera Costarricense Romoka. El impacto negativo, tanto por los grandes movimientos de tierra como las erosiones, afectaban la fauna y flora río abajo, y los corales en el océano. Ahora, con la orería artesanal, mueven unas cuantas piedras, colocan una canoa por donde corra el agua y echan paladas de la arena del fondo del cauce. Luego catean la arena hasta que vayan apareciendo "pintas" del oro al fondo.
El rencor contra el gobierno que los persigue aparece durante la conversación. Con la creación del parque se indemnizó a un grupo de trabajadores que vivían de orear dentro de Corcovado. Incluso varios pueblos de la península fueron creados de la nada como forma de ocupar a los oreros en otros trabajos, como la agricultura.
C.: Nosotros no desbaratamos montaña. No es un problema como las fábricas, las industrias, las grandes empresas petroleras, púchica, eso sí es duro...

RZ.: O las grandes mineras…
C.: ¡Y las grandes mineras a cielo abierto! Pero a nosotros nos retiran, nos cobran una multa y hasta nos meten preso. Yo estuve preso por eso.

RZ.: Y a pesar de las complicaciones con el gobierno, ¿a ustedes les gusta vivir así?
C.: Yo soy un hombre sincero, así, a como crece la palma. Y si usted me dice a mi: te voy a poner en una empresa, en cualquier lado a trabajar, yo te digo que no.
L.: Yo no, yo no (atenúa). Yo lo hago por necesidad. Aquí este trabajo me gusta pero no voy a vivir todo el tiempo comiendo mierda.

Mientras Cuba habla, Lora se pone a buscar entre sus cosas, a un lado del cauce, una billetera. De ella saca un papel doblado. Muestra su interior: 2.9 gramos de un polvo brillante, casi 50 mil colones al precio actual.
Aunque cualquiera diría que habla de una época mejor, el recuerdo de Cuba no está cargado de nostalgia. Es como si lo dijera una persona distinta a esa que se gastó tres kilos y resto en mujeres y guaro. Luego cuenta que es cantante, músico y compositor.

C.:Yo le digo a mucha gente: no seamos antipáticos, uno tiene que ser amable con todo mundo. Usted puede ser malencarado, pero, es su forma de ser...
RZ.: Mucha gente juzga sin saber...
C.: Sí, hombre, esa es la ignorancia.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa.

Por Randall Zúñiga