El cantón de Mora y su centro, Ciudad Colón, se remozan de la mano de la memoria, el trabajo y la cultura.
Sucasa 60
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Bajo el sol de Pacacua El cantón de Mora y su centro, Ciudad Colón, se remozan de la mano de la memoria, el trabajo y la cultura. Se acerca el mediodía. Hace calor afuera, pero a medio camino entre la estantería de libros infantiles y el patio de la biblioteca, doña Flor María Zumbado empieza a conversar emocionada. “Nunca me habían preguntado cómo era el pueblo antes”, confiesa. El calor se disipa mientras cuenta de las pozas del río Pacacua adonde se iba a bañar con su familia o del día cuando pusieron tuberías. Es viernes. Hoy le toca contarles un cuento a los niños que lleguen a su biblioteca, adonde está desde hace 23 años. Lleguen dos o lleguen 15, todos los viernes cuenta un cuento. Aunque nunca nadie le había pedido que contara el de cómo era su pueblo cuando ella crecía. La historia de la poza y el jícaro *Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. | |
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Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: Osvaldo Quesada / Fotografía histórica: colección de Virginia Coto, cortesía de la Biblioteca Pública |
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Artesanía local Doña Norma Villegas, llegó a Ciudad Colón cuando se casó con un local. “Yo soy de San Ramón. Pero me casé hace un montón de años y ya pertenezco a Ciudad Colón, a Pacacua”. | |
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Cuento corto Juan de Cavallón fue el primer español en accesar a la región de Pacacua (1560), que para entonces era parte de un reino huetar controlado por el cacique Coquiva. | |
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Arquitectura centrífuga: del centro histórico hacia fuera “¡Si yo le enseñara todos los proyectos que tengo guardados, que tengo en el tintero!”, dice el arquitecto José Luis Jiménez. |
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Artesanía local Doña Norma Villegas, llegó a Ciudad Colón cuando se casó con un local. “Yo soy de San Ramón. Doña Norma Villegas, llegó a Ciudad Colón cuando se casó con un local. “Yo soy de San Ramón. Pero me casé hace un montón de años y ya pertenezco a Ciudad Colón, a Pacacua”. Hace manualidades, como dice ella, y forma parte de una asociación de artesanos que expone en el callejón del mercado nuevo, en un calabozo rehabilitado del edificio que ocupaba la Guardia Rural y que ahora es Casa de la Juventud. Don Cayetano Sánchez, en los Altos de Quitirrisí, también es artesano, y aunque se siente mal de la espalda sigue tallando la madera, haciendo canastas y sombreros de bambú, bejuco, jícaras, carrizo o pino, como aprendió de niño. El oficio es común allí, en la reserva indígena ubicada en los cerros, carretera a Puriscal. La venta, en el patio de su casa ubicada 300 norte de la iglesia de San Martín, tiene una ventaja: está en la vía principal. Aun así la avalancha de productos importados ha mermado sus ventas. La misma queja tiene Villegas, como si un eco bajara de los montes hasta el centro.*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: Osvaldo Quesada / Fotografía histórica: colección de Virginia Coto, cortesía de la Biblioteca Pública |
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Cuento corto Juan de Cavallón fue el primer español en accesar a la región de Pacacua (1560), que para entonces era parte de un reino huetar controlado por el cacique Coquiva. Juan de Cavallón fue el primer español en accesar a la región de Pacacua (1560), que para entonces era parte de un reino huetar controlado por el cacique Coquiva. El pueblo, ubicado primeramente en Tabarcia, fue trasladado al actual asentamiento de Ciudad Colón en el siglo XVI. Allí el centro acogió el nombre de Villa Colón y posteriormente de ciudad, en honor al descubridor de América. Y en honor a los beneméritos Juan Rafael Mora Porras y Juan Mora Fernández todo el cantón fue bautizado como Mora. Pero el nombre de Pacaca o Pacacua, que muchos aseguran significa “lugar rodeado de agua” -difícil de saber cuando ha desaparecido ya el idioma autóctono- continúa perpetuado por una de esas aguas, el río local. *Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: Osvaldo Quesada / Fotografía histórica: colección de Virginia Coto, cortesía de la Biblioteca Pública |
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Arquitectura centrífuga: del centro histórico hacia fuera “¡Si yo le enseñara todos los proyectos que tengo guardados, que tengo en el tintero!”, dice el arquitecto José Luis Jiménez. Él y otros vecinos (como Gilberto Monge, actual alcalde) han liderado durante los últimos 7 años el proceso de renovación urbana de Ciudad Colón. “¡Si yo le enseñara todos los proyectos que tengo guardados, que tengo en el tintero!”, dice el arquitecto José Luis Jiménez. Él y otros vecinos (como Gilberto Monge, actual alcalde) han liderado durante los últimos 7 años el proceso de renovación urbana de Ciudad Colón. El éxito y la apropiación de los espacios por parte de la gente los ha llevado incluso a desarrollar obras en otros distritos de Mora, como Guayabo. Todo a partir de la Asociación de desarrollo específica pro rescate histórico, arquitectónico y cultural del cantón de Mora (ADERHAC), tan relevante en el proceso cuan largo su nombre. “La idea fue crear parques con carácter de conector, integradores de varias actividades. Eso funcionó muy bien en Villa y empezó a funcionar con el proyecto de Guayabo”, explica Jiménez. En el primero, una calle fue convertida en plaza central. Al costado sur de esta se encontraba el Mercado Viejo, el árbol de jícaro, la Guardia Rural y la Municipalidad. Al otro, la Palestra Cristiana y el templo católico. La conexión entre todos los hitos locales potenció la renovación de la gran mayoría de ellos. Por ejemplo, la palestra recibió fondos provenientes de la Ley Catedral y se rehabilitó nuevamente como teatro, la Municipalidad (antigua Casa de Enseñanza de Villa Pacacua) se convirtió en Casa de la Cultura gracias al premio conseguido en el certamen Salvemos Nuestro Patrimonio del Ministerio de Cultura y Juventud (2007). Ahora allí se brindan cerca de 100 cursos en áreas como música, danza y artesanía. Además, se gestionaron fondos para restaurar el Mercado Viejo y crear uno nuevo, y el escultor Mario Parra donó su obra Siete güilas y un zagüate -tallada en un guachipelín regalado por un finquero- para sostener una rama del jícaro. “La arquitectura es una insinuación para que sucedan cosas, porque se hace en función de las actividades que se van a llevar a cabo dentro de un espacio”, explica Jiménez. “Si yo no analizo las actividades que van a suceder allí adentro, ¿para qué carajos voy a hacer el espacio?”, añade. Las necesidades, por supuesto, siempre serán muchas, pero las posibilidades de cambio existen. “Es posible que se transformen espacios, que se tranformen vidas, a partir de ideas y sueños”, concluye Monge. “Y en pequeñito se aprecia más el esfuerzo de tanta gente”. *Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
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Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: Osvaldo Quesada / Fotografía histórica: colección de Virginia Coto, cortesía de la Biblioteca Pública |