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Líneas paralelas
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Por Cristina Morales
Publicado el 05/3/2011
 
Stephanie Woodbridge reinventa la humilde silla de cordón plástico con una audacia y una naturalidad que hace difícil imaginar que las sillas de La Poltrona no hayan existido desde siempre.

Sucasa 60


Líneas paralelas

Líneas paralelas

Stephanie Woodbridge reinventa la humilde silla de cordón plástico con una audacia y una naturalidad que hace difícil imaginar que las sillas de La Poltrona no hayan existido desde siempre. Como los mejores diseños, sus muebles son bellos, cómodos y duraderos.

Sin contar la primera silla, cuya historia es otra, Stephanie Woodbridge ha estado diseñando y construyendo muebles que reinventan la tradicional silla de patio desde hace cuatro meses.
Más que de sondaleza (cordón plástico), madera y metal, sus creaciones están hechas de la creatividad de Woodbridge – y de la disposición de don Gerardo Alfaro (el señor que le construye las bases) a construir todo lo que Stephanie se inventa. El tercer integrante del grupo de trabajo, conocido como el Cuñado, se encarga de tejer las sillas según las especificaciones de la diseñadora, quien no duda en introducir cambios a una estructura ya lista hasta estar del todo satisfecha con el resultado.

Garabato en el ADN


Debido a que está empezando y todos los muebles son prototipos que hay que armar y desarmar hasta lograr realizar la idea de papel, el proceso de construir cada silla (o, últimamente, mesa) es bastante lento y requiere de mucha paciencia por parte de todo el equipo.

Los colores forman parte integral de los diseños de La Poltrona, y Stephanie ha tenido que ideárselas para poder introducir más variedad de tonos en los tejidos de sus sillas. Los experimentos, hasta ahora, parecen haber sido todo un éxito.

Si algo caracteriza a Stephanie Woodbridge es que no le tiene miedo a experimentar, a romper reglas e inventarse su propia manera de diseñar y construir. Las sillas de La Poltrona empiezan como garabatos, y ese ADN se ve en el resultado de las más hermosas y originales, como la mecedora en forma de caracol o la poltrona verde que le da nombre al negocio.

Milán – San José


En cuanto al ADN creativo de Stephanie, que estudió diseño de joyas en Milán, se puede decir que su formación sentó las bases para todo lo que NO está haciendo actualmente.

Sin embargo, la experiencia en Italia sí se tradujo en una actitud que, finalmente, la llevaría a inventar La Poltrona: acostumbrada a encargarse por entero de todos los aspectos de un proyecto de diseño, Stephanie sintió también que debía encargarse de todo a la hora de abrir una tienda de venta de joyería a su regreso a Costa Rica. Para esa tienda, que se llamaba Entre paréntesis, ella diseñó todo el mobiliario, los escaparates y, justamente, su primera silla.

Como sabía que iba a pasar todo el día sentada, Woodbridge quería que la silla fuera cómoda sobre todo. La idea de usar metal y sondaleza le vino mientras corría en las mañanas cerca de su casa en Heredia, y ahí fue donde encontró al artesano que construyó, hace unos tres años, la primera silla, redonda y de muchos colores.

Si los primeros trabajos de Stephanie en el Instituto Europeo di Design le valieron críticas fulminantes de sus profesoras, debido a su desconocimiento de las técnicas de perspectiva que sus compañeros, después de cinco años de liceo artístico, dominaban a la perfección, ahora ella se venga utilizando esas líneas paralelas que fueron su tormento a su antojo, envolviéndolas alrededor de metal y de si mismas para transformar una silla de patio en un mueble digno de la Feria de Milán. San José se quedó con lo mejor que tenía que ofrecer Stephanie Woodbridge.

*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.


Por Cristina Morales / Fotografía: Adrián Soto y cortesía de la diseñadora

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