- Por Randall Zuñiga
- Publicado 02/21/2011
- Rescate Patrimonial
- Sin calificación
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Calypso Cahuita Aún faltaban más de 40 kilómetros para llegar hasta Puerto Limón cuando el mar Caribe o la embarcación, da lo mismo, lo hicieron naufragar frente a un pequeño pueblo de pescadores. Era 1915 y venía de Panamá. Los lugareños lo rescataron a él y a su tripulación y le dieron a comer tubérculos y pescado bañado en leche de coco. Era Alfredo González Flores, presidente de Costa Rica, y como agradecimiento se comprometió a consolidar el pequeño pueblo de Cahuita. La promesa de González Flores se cumplió: movió el pueblo de su primer asentamiento –donde ahora es parque nacional– hacia The Bluff, unos 5 kilómetros al norte, donde se encuentra actualmente. Allí el Gobierno compró una finca a la familia del pionero panameño William Smith, hizo un cuadrante ordenado, y lo repartió entre los cahuiteños. Ahora ambos bustos, el de González y Smith, comparten un pequeño parque abandonado, lleno de maleza y suampos. Pero su historia, basta con preguntar, sigue tan viva como la hospitalidad local. Tell di people I say En la pulpería de José Tabash, ahora bar Los Cocos, frente al parque, un muchacho llamado Walter Ferguson se animaba a cantar y tocar las composiciones que hacía en la finca de banano y cacao de su papá. “Yo hasta en la finca, cuando estaba trabajando, hacía un calypso. Y cuando llego a la casa yo agarro la guitarra, así, a la carrera”, recuerda, en un español marcado por el mekatelyu (o criollo limonense cuya base es el inglés). El peso de 90 años no hace mella en la memoria del Rey del Calypso, aunque sí en su mirada y sus dedos, que ya no rasgan aquella guitarra. Segundo, para sus amigos, nació en Bocas del Toro, Panamá, y muy pronto llegó a lo que empezaba a conformarse como la nueva Cahuita. Monilia you come to stay El padre de Ferguson tenía una finca sembrada de banano que vendía a la United Fruit Company, empresa del estadounidense Minor Keith, quien aprovechó lo ganado en construir un obsoleto tren hasta Limón para apropiarse de decenas de hectáreas a orillas de la vía, sembrar banano, y comprarlo barato a pequeños productores. El auge del cacao y de pequeños productores que florecían más allá del monopolio de la United encontró en la década de los ochenta su némesis: el hongo de la monilia. La devastación causada en las producciones se aunó a la búsqueda por preservar la barrera coralina que bordea la costa y la creación del Parque Nacional Cahuita (en 1970) para redireccionar las actividades económicas del pueblo hacia el turismo. National parkers are going around El pueblo entero trata de esconderse tras un cielo gris que se confunde con el mar. Pero es imposible: las casas victorianas caribeñas de madera verdeazulada aparecen todavía como vestigios de otro tiempo en medio de las construcciones de concreto; los negros, los mulatos, los blancos locales y los europeos sonríen y poco a poco el cielo vuelve a ser azul, el verde exuberante y el mar Caribe cuenta de nuevo su historia de diáspora, trabajo forzado y música. En la pulpería de los Tabash, donde Ferguson improvisaba versos a la luz de la luna, aún retumba un quijongo. Calypso Night, dice el anuncio de madera con la bandera de Jamaica en el bar Los Cocos. Calypso Cahuita, para resumir. *Adaptación Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa. |
Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: Rodrigo Montoya, Juan Carlos Herrero V. y Emagestock |
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