Empezó decorando su habitación adolescente y dando clases de decoupage y pintura a sus amigas. Ahora tiene un taller, una oficina de diseño interno y está a punto de colocar su propia línea en una de las principales tiendas de mobiliario del país. Luisa Carranza se ensucia las manos, diseña y cacarea.
Video: Luisa Carranzapasa jornadas enteras diseñando sus piezas. Al taller donde desarrolla sus creaciones nos invitó, para conversar sobre el proceso de producción.
Luisa Carranza diseña, sin querer queriendo
Empezó decorando su habitación adolescente y dando clases de decoupage y pintura a sus amigas. Ahora tiene un taller, una oficina de diseño interno y está a punto de colocar su propia línea en una de las principales tiendas de mobiliario del país. Luisa Carranza se ensucia las manos, diseña y cacarea.
No le gusta hacer bulla de una labor que ha llevado muchos de sus diseños a decenas de hogares costarricenses, muchos de ellos retratados por Su Casa. “A mí no me gusta cacarear”. No le gusta admitir que es pieza crucial para redondear el trabajo de arquitectos, diseñadores e interioristas. Ante la insistencia de su familia, amigos, clientes y Su Casa, Luisa Carranza, publicista, diseñadora, decoradora, empresaria, artesana, madre y esposa, cacareó.
De bodega de vinos a taller de arte
“Esto es algo que las personas ya traen. Desde chiquitilla siempre estaba pensando qué hacerle a mi cuarto. Hacía móviles, pintaba paredes, cambiaba las camas…”.
Empezó “sin querer queriendo”, como dice y repite. Incluso debió estudiar diseño publicitario y bellas artes pues en ese momento no existía la carrera de diseño interno en el país. “Me acuerdo que cuando le dije que iba a estudiar diseño publicitario, ¡papi casi se muere! Tenía que estudiar preescolar o algo que me sirviera como ama de casa”.
Sin embargo, fue desde su hogar donde comenzó su carrera como diseñadora e interiorista, de manera insospechada. “Empecé decorando y haciendo muebles para mi casa. Luego di clases de decoupage y de pintura para mis amigas”. La bola de nieve siguió y siguió. Luego se apropió de un rinconcito en una bodega que tenía su marido para el negocio de importación de vinos. Allí empezó su taller. Poquito a poco el rinconcito consumió toda la bodega y ahora Carranza tiene allí su oficina de diseño y su taller. “No sé en qué momento trabajaba para arquitectos y diseñadores y ya no tenía tiempo de decorar por hacer productos para ellos”. Ahora estira las horas para dar abasto con el diseño de lámparas, sillas, mesas, camas, respaldares, carteras, portavasos, baúles y cuanto artificio le insinúe un material o el entorno natural costarricense. “Costa Rica es un mundo de inspiración, lo que pasa es que la gente no está acostumbrada. Pero vos salís y aquí la primera rama que ves, el primer pájaro que te cantó te inspira. Tenemos demasiado: tenemos mucho color, muchas formas… Adonde vayás”.
Sustento material
Para Carranza, la búsqueda de sensaciones y de energía en sus diseños se traslada directamente a los materiales. De la madera, el vidrio, el metal, la resina o el papel, ella rescata, por sobre todos, el cuero. “El cuero me encanta porque es natural. Todo lo que es natural me gusta, porque tiene su personalidad. Por ejemplo, las lámparas de pergamino: si está haciendo frío se arrugan, si hace calor se expanden. A ellas hay que chinearlas, hay que ponerles grasita de vez en cuando. Tienen vida, tienen energía”.
De ahí que también dedique sus horas a rodar de feria en feria –europea o americana– buscando nuevos materiales y calidades del material. Atrapando ideas y tentando al destino. “Es un trabajo divino. Le doy gracias a Dios de tener algo así a estas alturas de mi vida. No todas las personas hacen lo que quisieran hacer en la vida. Mi tata, ¿vos sabés?, él estudió farmacia y me acuerdo de oírlo decir que quiso ser médico y no pudo”. Luisa Carranza se confiesa y sigue sonriendo. “En mi casa, con mi esposo y mis hijas, he tenido el mejor apoyo. Cuando estuvieron pequeñas las cuidé y les dediqué mil horas a ellas. Ahora me dicen: Mami, es tu tiempo”.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.