No es un hotel, ni una galería. Monteazul es una idea. Pero lo más acertado sería referirse a ella como una utopía. Enclavado en las faldas de la cordillera de Talamanca y vecino del río Chirripó, la vista del lugar es sin duda uno de sus mayores atributos, pero más allá de sus virtudes naturales, se esconde uno de los centros de arte más interesantes y novedosos de la región.
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Video: Monteazul es un modelo de hotel en el que el entorno es tan magno como la profundidad de su propuesta. Acompáñenos en un recorrido audiovisual por este proyecto.
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Monteazul No es un hotel, ni una galería. Monteazul es una idea. Pero lo más acertado sería referirse a ella como una utopía. Enclavado en las faldas de la cordillera de Talamanca y vecino del río Chirripó, la vista del lugar es sin duda uno de sus mayores atributos, pero más allá de sus virtudes naturales, se esconde uno de los centros de arte más interesantes y novedosos de la región. Luego de un viaje a Orosi, el costarricense Carlos Rojas, quien en ese momento se encontraba estudiando arte en California, empezó a darle forma a su idea de fusionar el arte con la naturaleza, años más tarde ya siendo un galerista reconocido en San Francisco, regresó y junto a Randy Langerdorfer, quien era director de mercadeo en una empresa importante, exploró las posibilidades de afincarse en una zona del país bastante boscosa y poco explotada turísticamente. Como nada es fácil en la vida, y los comienzos siempre son duros, los primeros dos años fueron un proceso de mucho trabajo y mucha perseverancia para poder construir el proyecto, para esto fue de gran ayuda el artista Álvaro Gómez, que también es parte fundamental de Monteazul. Logística de transporte, materiales y permisos y lidiar con la construcción fueron algunas de las cosas más complejas que resolvieron, con un resultado verdaderamente impecable. Selección natural Convivencia con el arte Ir a dormir con una imagen de una pintura y levantarse con la misma imagen, más el sonido de un río y el canto de las aves, es una experiencia placentera y al mismo tiempo intensa. Además, el concepto en sí de todo el proyecto está más cercano a ser una obra de arte en sí misma, como menciona su propietario. Recorrer senderos llenos de vida, meterse a un río helado y cristalino o comerse una guayaba sentado en alguna piedra, genera una experiencia que inspira y llena de vida a cualquiera. *Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa. |
| Por: Paco Cervilla, diseñador / Fotografía Rodrigo Montoya |
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Punto de vista Ubicado en Manuel Antonio, escondido entre una calle angosta y una generosa selva, este proyecto sobresale por su arriesgada arquitectura y una mezcla bien lograda tanto de materiales como de influencias étnicas. |
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Punto de vista Punto de Vista brinda un concepto arquitectónico muy novedoso en las villas de Costa Rica, con espacios elegantes, además de nichos muy bien definidos para el entretenimiento social. Su concepto nace de la sensación de estar en un yate, ya que la forma y función del edificio persigue esta misma idea. Sin embargo, la arquitectura también se abre hacia la selva provocando que sus otras esquinas se conviertan en alas que sobrevuelan las copas de los árboles; esto solo perceptible en los pisos superiores. El edificio, en cada uno de sus niveles, es una degustación espacial, lleno de rincones con su propia esencia y personalidad, que se comunican y entrelazan generando una sorpresa con cada paso que se dé. Piezas metálicas que nacen del suelo como resistentes hombros sostienen de manera etérea todo el proyecto. En su primera planta, sobresalen tres elementos básicos, su piscina flotante al lado de un acantilado y abrazada por árboles nativos, que cuenta con una luz de última tecnología simulando millones de colores que cambian imperceptiblemente ante los ojos. Hacia los pisos superiores, el cambio en la luz exterior es palpable, de un verde intenso del bosque a un azul profundo del cielo, combinado con el mar. Este proyecto fue pensado para no dejar a un lado las vistas de la selva y la bahía, simplemente son parte del diseño interno. Al llegar a las habitaciones, cada puerta tiene un juego de luz que toma el color del reflejo de los cristales de vitrocerámica, sugerido sutilmente por una manguera de Led en un doble marco en cada una de las puertas, lo que genera un espectáculo visual muy interesante.
El idioma de los baños públicos se expresa por medio de nichos iluminados sutilmente, donde posan en las entradas esculturas de arte representativas de un hombre o una mujer. La utilización de vidrio temperado como baranda no ensucia la vista hacia el mar, contrario a esto suma una importante vitalidad y flotabilidad al lugar. La iluminación del proyecto es parte fundamental de este y utiliza tecnología de punta para dar diferentes ambientes, y al mismo tiempo, por ser indirecta, es menos agresiva a las criaturas que habitan en el bosque. Vista de pájaro El quinto piso se alza a casi 20 metros de la parte inferior, arribando a una terraza-deck con amplias bancas hechas con polvo de mármol y cemento blanco. En su punta, coronando todo el edificio, hay un jacuzzi en forma triangular que apunta al oceano, y quizás se podría decir que este es el lugar más intenso en todo el proyecto, ya que predomina una evidente sensación de volar. Punto de Vista es un lugar pensado para satisfacer las necesidades y exigencia de los sentidos, sus texturas, sus vistas, los aromas del mar, los sonidos de las selva, además de, claro está, una arquitectura diáfana, llena de acentos y coloridos puntos que sobresalen en el verde penetrante de la selva. El arquitecto Ficha Técnica *Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa. |
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Por: Paco Cervilla, diseñador / |