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XXXI Bienal de Pontevedra UTRÓPICOS
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Por Revista Su Casa
Publicado el 11/10/2010
 

Para la edición XXXI de la Bienal de Pontevedra (Galicia, España), los organizadores de este evento decidieron que las manifestaciones visuales de Centroamérica y el Caribe fueran el foco y epicentro de la muestra.

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XXXI Bienal de Pontevedra UTRÓPICOS


XXXI Bienal de Pontevedra
UTRÓPICOS

Para la edición XXXI de la Bienal de Pontevedra (Galicia, España), los organizadores de este evento decidieron que las manifestaciones visuales de Centroamérica y el Caribe fueran el foco y epicentro de la muestra.

Conocida es la enorme inmigración gallega hacia América en el siglo XX. Menos conocida, quizás, es la inmigración de artistas gallegos, que hicieron del Nuevo Continente su segunda casa: Arturo Souto, Eugenio Granell o Alfonso Castelao, por citar a algunos que participan en la exhibición, y que constituyen parte fundamental del legado artístico gallego del siglo XX.
Con una participación superior a los 92 artistas — algunos forman parte de colectivos— y un presupuesto final de € 600. 000, la Bienal de Pontevedra apunta a desmitificar ciertos clichés que sobre el arte de la región se manejan: exótico, derivativo, desinformado y desactualizado.
Esta visión, profusamente difundida, tenía que ser cuestionada a partir de un guión curatorial inteligente, diseñado por alguien que conociera a fondo el arte de Centroamérica y el Caribe. Esta responsabilidad recayó en Santiago Olmo (Madrid, 1955), quien ha sido jurado en distintas versiones de Bienarte (la Bienal de Arte Centroamericana) y curado las muestras “Todo incluido” (Madrid, 2004) y “Entre líneas” (Madrid, 2003), en las que incluyó a un número importante de artistas del Istmo.
Pero no se trata de una bienal que sigue el modelo tradicional. Para empezar, Olmo decidió incluir a una serie de artistas ya fallecidos, aparte de los anteriormente citados de Galicia, como Max Jiménez, Emilia Prieto, Margarita Arzundia o Wilfredo Lam, para mencionar unos pocos.
Para lograr una versión “más inclusiva y comprensiva” de bienal , Santiago la diseñó con varios ejes temáticos: De Ida y vuelta, Archivaacción, Fricciones, El aguacero, la siesta, el cañaveral y el tabaco, Migraciones, Trans-misiones, Intervenciones, La promesa de la política, Rbp31.org, Inquieta Imagen y Facultad de Bellas Artes. Igualmente, descentralizó las exhibiciones e incluyó localidades como el Puerto de Vigo o Vilagarcia de Arouza, por ejemplo. Y como no podía ser de otra manera, completan la muestra una serie de artistas contemporáneos españoles, gallegos y de otras regiones, así como artistas de México, Colombia y Uruguay, todos relacionados con Galicia de una manera u otra.

La muestra
Si imaginamos la Bienal como un menú en el que se degustan diferentes platos , podríamos afirmar que el sabor y el olor más distintivo es el político. Ya desde el nombre de la exhibición - UTRÓPICOS (un neologismo acuñado por el propio Olmo, resultante de la unión de los vocablos utopía y trópico), se siente este aroma. La muestra se decanta por obras y artistas que ponen de manifiesto diferentes realidades socio-políticas, entre las que destacan la violencia, la neocolonización y la introducción en el corto plazo de políticas alimentarias basadas en la transgénesis.
Para quien escribe estas líneas, los dibujos al carbón de Castelao (La Coruña 1886- Buenos Aires 1950), médico de profesión pero político y dibujante por vocación, resultaron toda una revelación. Castelao tuvo una vida errante, pues vivió en Buenos Aires, Nueva York, París y el Caribe. Los dibujos que se exhiben en UTRÓPICOS recogen momentos de un carnaval de negros en algún lugar del Caribe. Se siente en la cadencia y el ritmo, la alegría y la potencia de los asistentes a la danza. Finalmente, un dibujito sobrio , de un negro en medio del invierno newyorquino, logra, con una economía de medios asombrosas, introducirnos en el frío e inhóspito invierno de la posguerra y la tristeza que embarga al personaje.
Otra sorpresa muy grata es la obra de Maruja Mallo (1902-1995). Y aunque solamente participa con una pequeña pintura, de una mujer negra con un peinado que recuerda a las orejas de Mickey Mouse, su obra tiene tal frescura que es difícil imaginar que fuera pintada hace 64 años.

La Bienal de Pontevedra cumple con creces sus objetivos, y se convierte en un paradigma para muestras futuras que aspiren a ser así de ambiciosas y comprensivas.

*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.

Por: John Nadador, colaborador / Fotografía: John Nadador.