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Derechos habilitados
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Por Marìa Montero
Publicado el 11/8/2010
 

Los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuentan con nuevas herramientas de trabajo en su salón de sesiones: luz, aire y vista a las montañas del sur de San José. Un regalo humanitario gracias a la arquitectura.


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Los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuentan con nuevas herramientas de trabajo en su salón de sesiones: luz, aire y vista a las montañas del sur de San José. Un regalo humanitario gracias a la arquitectura.

El nuevo edificio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos exhibe un diseño arquitectónico contemporáneo para un país tropical, pero si uno va más allá de las apariencias, también nota que tiene una clara conciencia de las inclemencias del clima político latinoamericano. La nueva construcción pensó en los aguaceros torrenciales –literales y metafóricos– que azotan por estas latitudes, pero no sacrificó la belleza en nombre de ningún argumento, sino que hizo justicia a todas las partes, según explica el arquitecto Adrián Jirón Beirute, cuya firma estuvo a cargo de la obra.
Se trata de una construcción de 451.98 m² en tres niveles –en metal, vidrio y microconcreto– con una altura de 12,50 m, en la que sobresale un techo volado que logra un efecto de suspensión. Así, al tiempo que protege de las lluvias, los sonidos y las temperaturas extremas (es aislante acústico y calórico), se vuelve protagonista del diseño. Los detalles del interior tampoco se dejaron al azar, pues el mobiliario y la iluminación fueron creados con premeditación y alevosía. Jirón Beirute hizo la propuesta y dos empresas locales hicieron el resto: Muebles Amador y Luminotecnia Dual.

Reglas del juego
Inaugurado en el 2008, el edificio forma parte del complejo de residencias que, desde hace varias décadas, conforman la sede de la Corte en el tradicional barrio de Los Yoses, y desde un inicio fue concebido como la sala de sesiones de los jueces, es decir, como el sitio que resguarda una parte sustancial de los derechos humanos en el continente, pues es exactamente ahí donde los siete juristas de la institución deliberan y dictaminan las diferentes demandas contra los Estados que aceptan su legislación.
La nueva propuesta quiso satisfacer, además, la urgente necesidad de los jueces de tener sus propias oficinas en un área más privada y mejor acondicionada, con amplitud, mucha luz y paisaje, en oposición al espacio subterráneo en el que trabajaban antes.
Pese a la solemnidad de sus asuntos, el edificio Anexo #3 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos es una inflexión refrescante, casi jovial, en medio del estilo imperante en el barrio y en las otras construcciones del conjunto institucional, de características clásicas y robustas. Siguiendo el canon del lenguaje contemporáneo, el edificio desnuda sus materiales, presume de ellos, para que la estructura protagonice las características del diseño.
“Esas grandes columnas sostienen algo importante”, dice Jirón. “Sustentan el valor del trabajo que hacen los jueces pero en un lugar elevado, iluminado, aéreo”.
La decisión de que el edificio se construyera en metal dio velocidad al proceso, y los paneles de microconcreto, la protección necesaria. “Para nosotros era un material nuevo pero así se construyen los rascacielos”, advierte el arquitecto.
El Habicon (microconcreto de alta resistencia desarrollado en el Instituto Tecnológico de Costa Rica) le proporciona al edificio una piel de 4 centímetros de grosor que por dentro lleva una malla electrosoldada, lo que garantiza la total impermeabilidad y la resistencia contra impactos y la intemperie. Este sistema de construcción prefabricado, galardonado internacionalmente en el 2007 con el premio empresarial The Bizz Awards, fue desarrollado en el Centro de Investigaciones en Vivienda y Construcción del TEC.
La pureza del diseño y la sencillez de sus líneas contrastan con el complejo entramado de cables y conexiones que irrigan el entrepiso del inmueble, como un auténtico sistema circulatorio. Semejante trama, invisible desde afuera, se corresponde con  exigencias tecnológicas ineludibles, dada la naturaleza de la Corte. Por un lado, concentra ductos eléctricos, mecánicos y de aire acondicionado, y por otro, organiza los sistemas de comunicación, que viajan en varios sentidos de la mesa de sesiones a las cabinas de traducción simultánea.
¿Por qué tanta complejidad? Porque la Corte comparte los cuatro idiomas oficiales de la OEA, es decir, español, inglés, portugués y francés. Los idiomas de trabajo son los que la Corte acuerde cada año, sin embargo, para un caso determinado, puede adoptarse también como idioma de trabajo el de una de las partes, y como en el sitio se debaten casos de toda Latinoamérica, las diferentes partes representadas en cada juicio deben poder expresarse en su idioma nativo. En términos generales, y en el caso que nos ocupa, fue la arquitectura la que habló y el diseño tuvo la última palabra.

 

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa.

Por: María Montero, colaboradora 
Fotografía: cortesía del arquitecto
   
 

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