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Victor, victoria: El director de orquesta
Casa en Faro Escondido, del arquitecto Víctor Cañas, fue elegida por el jurado del Premio Su Casa como el mejor Proyecto de Diseño del Espacio Interno, que otorgó nuestra revista en la X Bienal Internacional de Arquitectura de Costa Rica. Cañas atendió a Su Casa, en su oficina de San Pedro. Un buen vaso de agua, un café negro y una memorable conversación.
Sábado 29 de mayo, una vez más, en la reconocida carrera profesional del arquitecto Víctor Cañas, recibe un galardón (esta vez dos) por su trabajo. El premio Su Casa al Mejor Diseño del Espacio Interno, y el Gran Premio Bienal Internacional de Arquitectura de Costa Rica por su proyecto: Casa Eos.
En la receta de la arquitectura de Cañas no parece haber un ingrediente secreto y a la vez no cabe la menor duda de que sí lo hay. Todos los que aplaudimos la buena arquitectura, con seguridad, hemos dedicado algo de tiempo a tratar de encontrar esa fórmula en Víctor Cañas. En algún momento saldremos de la duda.
Los proyectos de este arquitecto, especialmente las casas, dialogan con sus vecinos inmediatos. Fueron planeadas para habitar, invitar y recordarse. Los paisajes están llenos de significados, de lugares comunes. Unos mantienen su estatus, otros se transforman, por las calles, al recorrerlas, generalmente reconocemos lugares, descubrimos otros, se encuentran afinidades con unos, otros apelan a la nostalgia y en el paisaje urbano, algunas cosas resaltan y se recuerdan, porque las casas de Cañas son eso: las casas de Víctor Cañas.
No parece querer ganar más premios; mejor dicho, no se lo propone. Víctor tiene un nivel de autoexigencia que parece meterlo en líos, porque proviene del fondo de su capacidad de autocrítica. Es claramente un arquitecto, un docente, un buen conversador.
Pertenece a lo que se podría decir una alta sociedad de arquitectos, pero una alta sociedad que no alberga a nadie por su apellido de clase ni por su facturación diaria, sino por la claridad y la estructura de su discurso arquitectónico. Limpia. Superior.
Todo podría parecer una apología al maestro, alguien más hablando bien de don Víctor, pues sí. Los países que tienen buenos arquitectos no deberían de cansarse de hablar de ellos y los que vienen tras ellos, tampoco deben sentirse inhibidos ni opacados. Los buenos mentores no abundan y por parecer originales, el que se podría serruchar es nuestro propio piso.
Así que tan simple como su arquitectura, hay que decir que don Víctor es un buen maestro..
Aquí está un fragmento de la conversación:
Don Víctor, suponga que tuviera solo un último día para ejercer la arquitectura, ¿cuál sería el proyecto con el que cerraría su carrera?
Una capilla al aire libre.
¿Dónde?
En una montaña… Bueno, puede ser el volcán Irazú.
¿Por qué?
Porque creo que uno tiene que alcanzar la sencillez. La síntesis. La riqueza en la forma. La luz. La pintaría de blanco. Pienso en el arquitecto Tadao Ando, en las sensaciones.
Y después, ¿a qué se dedicaría al día siguiente?
A la música
¿Qué haría?
Sería director de orquesta o pianista de jazz.
Usted ha participado en todas las bienales nacionales, ¿por qué considera importante participar?
Yo llevo algunos de mis proyectos a las bienales por un compromiso que tengo conmigo mismo. Un compromiso para impulsarme siempre a confrontar mis proyectos. Una forma de reflexionar y recorrer el pasado y el presente. Además, los premios tienen un jurado, hay una enorme satisfacción de pensar que los premios los entregan los mismos colegas. Profesionales a los que respeto. Lo que tengo muy claro es que, como arquitecto, me debo a los clientes, si ellos están bien, el proyecto es exitoso. Este premio reafirma mi compromiso.
Ganó un premio dentro de una bienal dedicada a la Arquitectura emergente. ¿Qué es para usted la arquitectura emergente? ¿Cómo se debe entender?
Creo que las bienales no deben tener tema. El tema puede ser de las conferencias que se dictan. La muestra y la confrontación de proyectos es y debe ser libre. El “tema” causa confusión y puede alejar a posibles participantes que piensen que su proyecto no “calza” con el tema.
Lo de arquitectura emergente no lo entiendo bien. Me imagino que se refiere a una arquitectura que por ser nueva, por estar “saliendo” difiere y contradice a la que hasta entonces se estaba haciendo.
¿Cómo se explica el peso de la estética en la arquitectura?
La arquitectura cumple una función fundamental, la de dar cobijo al hombre, pero en ese proceso se va construyendo el alma de ese lugar que se habita. La estética, la pinta, el espacio acondicionado para vivir, está relacionado más con la comodidad, con la necesidad de sentirse mejor, que con el lujo. La búsqueda de la belleza en la arquitectura consiste en articular elementos como la luz, el color, las texturas, el aire, los sonidos, el entorno y hacerlos armonizar en un espacio. Que la forma y la función se mimeticen. Las necesidades del cliente frente al espacio son las principales preocupaciones en las que el arquitecto debe funcionar como un conciliador.
Usted dijo que quedó encantado con el modernismo, ¿cómo llegó a su propia aplicación o versión del modernismo?
A mí me gusta la arquitectura austera, con una fuerte honestidad en los materiales, me gusta el modernismo, pero suavizado, sin el dogma inicial. Me quedó grabado mi primer día de clases en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México; ese día las paredes estaban forradas de pequeños papeles con miles de definiciones de arquitectura, pero una se me grabó para siempre: “El juego sabio, correcto y magnífico de volúmenes ensamblados bajo la luz”, de Le Curbosier. Los proyectos se deben pensar tanto en su exterior como en su interior. Los recorridos son fundamentales, hay que construir un alma en cada espacio
¿Qué piensa de la arquitectura sostenible?
Bueno, es que la arquitectura debe ser sostenible. Pero no es cuestión de agregarle al vocablo un adjetivo. Va mucho más lejos. Desde la Antigüedad (Vitruvio, siglo I d. C.) se habla de que la arquitectura tiene tres componentes: belleza, estructura y función; me atrevo a pensar que las generaciones actuales le han agregado un cuarto elemento, indivisible, sostenibilidad.
Lo que enfrenta el arquitecto son decisiones que se presentan a lo largo de su práctica profesional, y en las que se debe inclinar hacia la búsqueda de la mayor sostenibilidad posible con la información con la que se cuenta. Hay que ser responsable. Hay que pensar en la sostenibilidad social, también.
Uno podría decir que el secreto de Víctor Cañas es le arte de la observación, pero ya dejaría de ser un secreto. Juzgue usted.*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |