Katia Martén Herrero defiende su visión de la arquitectura con pasión y sueña con que sus ideas pasen de su imaginación a la realidad sin que el concepto cambie sustancialmente.
Katia Martén Herrero defiende su visión de la arquitectura con pasión y sueña con que sus ideas pasen de su imaginación a la realidad sin que el concepto cambie sustancialmente.
La oficina en pleno está reunida. Sobre la mesas, los planos se traslapan. Tras el terremoto de Cinchona en enero del 2009, viendo cómo se improvisaban los refugios para cientos de personas, la arquitecta Katia Martén le propuso a su equipo de trabajo idear un prototipo de casas temporales, fáciles de construir y de bajo costo.
Ella es quien dirige la discusión y establece los puntos aprobados con pocas pero muy puntuales palabras. Los arquitectos sugieren cambios y complementan sus ideas. Entre todas las propuestas, saldrá una única, que según se deja entrever de los comentarios, será una estructura modular, apta para cualquier terreno y con materiales baratos o reciclados.
En este proyecto, así como todos en los que Martén ha desarrollado durante los últimos 25 años, se plasma su filosofía en los puntos relevantes: la naturaleza es la fuente de inspiración, el diseño debe ser siempre funcional y pensado para proporcionar una mejor calidad de vida para quienes lo vivan.
—¿Por qué estudió arquitectura?
—Cuando era niña, quería estudiar derecho o ciencias políticas, siguiendo los pasos de mi padre, Marcelo Martén. Sin embargo, estando en edad de escoger carrera y después de una larga conversación con él, sentí que esta profesión sería algo estructurada para mí. Crecí rodeada de arte, gracias a que mi madre, Floria Herrero, tenía una bella academia de arte en el jardín de nuestra casa. Fue esta veta artística, existente en la familia de mi madre, la que me permitió desarrollarme en una carrera como arquitectura.
—Usted combinó maternidad con estudios, ¿cuán complicado fue?
—Fue muy duro y demandante. Siempre fui una alumna disciplinada y esforzada, pero por problemas internos de la universidad se atrasaron dos meses en la convocatoria de exámenes de bachillerato, y tuve que presentarlos ya casi con ocho meses de un embarazo gemelar. Recuerdo que estaba agotada por el proceso de diseño y confección de planos.
—¿Cuál fue su primer proyecto construido?
—Mi casa de habitación. Recuerdo que al terminar la obra, se me invitó a participar en la convocatoria para el premio de arquitecto del año que realizaba el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos, lo cual me llenó de orgullo en ese momento.
—Su oficina ha trabajado varios grandes proyectos comerciales, ¿en qué se diferencian estos de los residenciales en cuanto a trabajo, estilo, consideraciones arquitectónicas, relación con el cliente?
—Los proyectos comerciales deben responder a la imagen corporativa de la marca para la cual se diseña. Las casas deben responder a las necesidades del cliente que procura satisfacerse de la mano con las condiciones del espacio donde tendrá la obra. Podría decirse que diseñamos a la medida, para hacer referencia a algo que surge de la mezcla entre las preferencias del cliente, el estilo del arquitecto, el contexto natural y el momento histórico que se está viviendo.
—¿Cómo han influido en su trabajo el aura-soma? ¿Cuándo empezó con su estudio? ¿Cambió su forma de ver la arquitectura y de aplicarla?
—Aura-soma es un diagnóstico del alma a través del color, para el cual se utilizan 106 frascos de cristal que contienen dos disoluciones, hechas una en agua y otra en aceite, que resultan en el mismo o colores diferentes, según las concentraciones de esencias de plantas, cristales y minerales hechas para las mismas. Somos energía expresada en luz y color, por lo que a través del uso de este último podemos acercarnos al gran objetivo del autoconocimiento, al entrar en contacto con su energía y vibraciones, que resuenan con nuestros campos energéticos. De esta manera los frascos se constituyen en verdaderos espejos que reflejan nuestras condiciones físicas, emocionales, mentales y espirituales. El haberme abierto a este conocimiento me ha permitido comprender más claramente las necesidades de mis clientes para satisfacerlas de la mejor manera, al conocer que el correcto uso del color dentro de los espacios genera balance y bienestar en las personas que los habitan.
—¿Cuáles son sus materiales favoritos? —Madera, agua, metal, piedra. Estos elementos los hemos usado dentro de nuestras obras a nivel de acabados, y en algunos casos como un elemento estructural. Su uso tiene como propósito avivar el espacio al estimular los sentidos y producir diferentes sensaciones mediante el empleo sus texturas, sonido e intenso color.
—Tiene una par de proyectos fuera de Costa Rica, ¿cuáles son?
—Los proyectos que se llevaron a cabo fuera de Costa Rica fueron concluidos hace ya algún tiempo. Uno fue la renovación de un concepto hotelero en Túnez. El concepto general del proyecto consistió en brindar un ambiente tropical a un complejo hotelero existente. El otro está ubicado en Tetford, Inglaterra. Hicimos un anteproyecto para la empresa AuraSoma. Sus instalaciones constan de 3.500 metros cuadrados de construcción. Este proyecto ganó el premio Maranta de la Asociación de Paisajismo Costarricense, por la propuesta de Javier Martén, mi hermano. El edificio que albergaría a AuraSoma no solo debía responder a un ideal, sino más bien a un análisis más profundo de todas las líneas de energía y cruces localizados en el terreno donde se emplaza.
—¿Cuál es la filosofía de su firma?
—Nuestra firma considera que la arquitectura trata del entendimiento y el empleo de las proporciones específicas ya existentes en la naturaleza, para la creación de eficiencia, fuerza, balance y belleza, dentro de los espacios diseñados. Creamos espacios balanceados, altos en energía, permitiendo a las personas abrirse a experimentar estados de mayor resonancia que promuevan el despertar de la conciencia.
—¿Qué sueña con construir?
—Una pequeña ciudad donde podamos planificar todo de principio a fin tomando en cuenta cada detalle. Quisiera crear un lugar único, con una atmósfera muy especial donde se viva en armonía con la naturaleza y con las otras personas que habitan el lugar. La belleza, la seguridad, la calidez de los materiales así como la calidad de luz quisiera que fueran los comunes denominadores, de manera que pueda volver a caminar por sus calles sin problema, viendo las puertas abiertas como hace algunos años.
—Si no hubiera sido arquitecta, ¿qué cree que hubiera estudiado?
—Paisajismo o algo que me sirviera para comprender el comportamiento humano, pues me encanta la mezcla de gente, plantas y bosque. La gente no deja de asombrarme.
—¿Se retirará de la arquitectura?
—Mas que retirarme, sería vivir la arquitectura de otra manera. Me gustaría tener más libertad para poder diseñar proyectos más sensibles al respeto y conservación del planeta como ser vivo que es, a la vez que se pueden integrar las necesidades de las personas que lo habitan, no por tendencias o estilo de algún tipo, sino por algo más profundo, invisible al ojo humano, pero que nos conecta a los demás y a lo existente, proporcionándonos un sentido de la vida.
*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.
Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: Bryan Díaz y cortesía del arquitecto