Reinterpretando la tradicional arquitectura costera con un acento atemporal, Andrés Brenes creó una casa modelo para un complejo residencial en Manuel Antonio. Daniel Mujica y Natalie Simon, de Tamarindo Pacific, pusieron un cálido acento final en el interiorismo.
“Quería generar una experiencia de texturas, de contrastes y de sombras”. Tan solo desde el ingreso queda en evidencia que el arquitecto Andrés Brenes alcanzó su cometido: un umbral en medio del jardín siembra dudas sobre el afuera y el adentro, la madera, la piedra y el vidrio más que combinarse se entrecruzan, y todo invita a recorrer la obra como un huésped y un espectador al mismo tiempo.
La primera casa construida en el complejo residencial La Reserva, en el Pacífico Central, debía servir de modelo para el resto del desarrollo sin perder de vista que sería el sitio de vacaciones para dos familias. Brenes asumió el reto a pesar de que recién se asentaba en la zona y debió empezar por romper, en su cabeza, el arquetipo de casa urbana a la que estaba acostumbrado con el fin de resolver las necesidades climáticas. “Aun no tenía la experiencia de poder vivir en la costa y poder transmitir mi experiencia de vida en este clima a una obra, y a la hora de desarrollar un lenguaje me enfrenté a una situación que nunca antes había manejado”, confiesa.
Sin embargo, el resultado final logra reinterpretar la forma de recorrer las tradicionales casas costeras de las compañías bananeras y, además, con la facilidad de ligarse o desligarse del entorno según sea necesario por privacidad o condiciones climáticas. Dos victorias para reforzar su vínculo con el imaginario de la zona y el confort necesario de la época.
Escaleras arriba
La casa fue asentada sobre la parte superior del terreno, con el fin de hacer los menores movimientos de tierra posibles y aprovechar la vista al océano Pacífico. Mediante una escalinata zigzagueante se llega a un pórtico simbólico que permite acceder a la primera área de circulación entre dos volúmenes: la torre de escaleras, servicios y las habitaciones secundarias a la derecha, y el área social y las habitaciones principales a la izquierda. El recorrido hasta este pórtico abierto permite desligar la casa del entorno de la calle y abrirla al mar y la vegetación circundante.
“El terreno me dicta cómo debe ser la obra, conjugado con el programa del cliente”, explica Brenes. “Por eso, el área social debe tener las mejores fugas visuales y los servicios ocupan las áreas más bajas, existiendo un divorcio intencional entre el área social y las áreas privadas”. Volumen 1 y 2
El área social está conformada por un pabellón con cerramiento de vidrio en donde se ubica la sala comedor. En este caso, la estructura que da soporte aparece separada del cerramiento y enchapada con piedra molejón. “Quise explorar la permeabilidad con el pabellón, que se expandiera, que se fugara y ampliara la vivencia interna mediante el cristal, y aumentar el contacto del ser humano con la naturaleza”, añade. “Por eso sumé colores neutros en el interior para que la mayor importancia la tengan los colores del entorno”. Al costado derecho, se desarrolla una amplia cocina lineal que, a su vez, funciona de desayunador al mover la ventanería corrediza que da a la terraza. Tanto la sala comedor como este espacio comparten una terraza con piscina que dirige la mirada hacia el mar.
En el otro volumen, el módulo de escaleras se presenta abierto como el resto de áreas de circulación. Hacia abajo se encuentran las áreas de servicio y hacia arriba los dormitorios. Allí, dos habitaciones dobles se conectan mediante un puente a dos master suites sobre el área social y con vistas a la terraza inferior y al mar. “Todos estos espacios tienen mucha independencia gracias a los corredores, que son una reinterpretación de los corredores guapileños o caribeños… en donde salís de tu cuarto directamente a un espacio exterior”. Además, las cabeceras de las cuatro habitaciones conforman, en la fachada, un paño impermeable que niega la calle del residencial y dirige las vistas hacia las copas de los árboles y el mar.
“Tuve las posibilidades de explorar con los espacios y la escogencia de los materiales, las sensaciones de las personas y la conjugación de la casa con el entorno”, explica Brenes. “Creo que la principal determinante fue siempre la exploración, fuera de materiales, articulaciones o de la misma reacción humana en esa mezcla de interior y exterior”.
Ficha técnica
Diseño arquitectónico: Arq. Andrés Brenes
Diseño estructural: Ing. Mauricio Carranza
Diseño eléctrico: Ing. Federico Carvajal Batres
Diseño de iluminación: Arq. Andrés Brenes
Diseño de interiores: Tamarindo Pacific Interiores
Área total: 659 metros cuadrados
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.