El eterno arquitecto brasileño fue motivo de una charla impartida por su compatriota y colega Joao Suplicy Neto durante la X Bienal. Horas más tarde, Su Casa conversó con Suplicy para hilar cinco claves de esa estrategia atemporal llamada Óscar Niemeyer.
El eterno arquitecto brasileño fue motivo de una charla impartida por su compatriota y colega Joao Suplicy Neto durante la X Bienal. Horas más tarde, Su Casa conversó con Suplicy para hilar cinco claves de esa estrategia atemporal llamada Óscar Niemeyer.
Parece una obsesión. Fue su tesis de doctorado y viaja por el mundo hablando de las claves que han llevado a un colega suyo a situarse, en vida, en el Olimpo de los arquitectos. Joao Suplicy habla de arquitectura y mueve sus manos como dando señales de aterrizaje a un Boeing 777 o haciendo sombras de animales. Pero lo que consigue es explicar los puntos de tensión en el encuentro de una línea vertical con una horizontal y la manera en que Óscar Niemeyer las convierte en una suave curva.
El arquitecto centenario –nacido en 1907 y aun en ejercicio– es un hito viviente de la arquitectura universal y un excelente tema de conversación si usted se topa con Suplicy, por ejemplo, en la fila de un banco.
Le Corbusier y lo monumental
Recién graduado de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro, en 1934, Niemeyer inició su ejercicio trabajando para Lucio Costa. Este lo encomendó como dibujante de Le Corbusier al diseñar en conjunto el Ministerio de Educación y Salud carioca. “Le Corbusier es el epicentro del movimiento moderno y estaba con Óscar, un chico recién salido de la escuela de arquitectura”, cuenta con sorpresa y emoción Suplicy. Óscar, para sí mismo, propone elevar los pilotes de 4 a 10 metros, lo que le da una escala urbana y permite liberar la planta baja del edificio. “¡Es el primer edificio hecho con los cinco puntos de Le Corbusier!”, añade. Parece fácil: pilotes, ventana cortina, fachada libre, planta libre y techo jardín. Más tarde, con su propuesta para un museo en Venezuela –al menos en planos– invirtió la tradicional forma de una pirámide –posteriormente reinterpretada en el museo de Niterói con una forma más orgánica–. “Es un reconocimiento de la monumentalidad antigua: ¡voltea la pirámide en la costa de Caracas! Y luego se va a hacer Brasilia…”
En el desarrollo de la nueva capital brasileña (1960), Niemeyer asume la batuta con los principales edificios icónicos mientras Costa se encarga del urbanismo.
La forma, el vacío y la sencillez
“El ojo se detiene siempre en una esquina, es la inercia de la física: nuestro ojo va siguiendo la línea y se detiene en el punto de tensión”. Suplicy simula con la curva de sus manos el fluir de las formas diseñadas por Niemeyer: el recorrido sinuoso para accesar el museo de Niterói, la semiesfera del Congreso Nacional y las columnas-cúpula de la catedral de Brasilia.
Ligado directamente a la forma, Suplicy destaca el entendimiento del vacío en las obras de Niemeyer. “Los arquitectos estamos siempre queriendo llenar el vacío. Y en la arquitectura es necesario el espacio vacío. No habitamos la forma. La forma va a ir hasta donde la limite el territorio”. Hasta donde lo permita “la conexión con el entorno, la ubicación con las montañas y la forma”. Esa conexión es, en Niemeyer, la conciencia de la cuarta dimensión: el tiempo. De cómo se comporta la obra con el pasar del día o las estaciones y de cómo envejece también.
¿La quinta clave? “La sencillez”, dice sonriendo Joao. “Creo que la tiene toda persona dotada de genialidad”, agrega, recordando una de las máximas de vida de Niemeyer: somos pequeñas cositas en el cosmos y la arquitectura no es tan importante como la vida.
Joao Suplicy Neto es profesor en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Federal de Río Grande do Sur y la Pontificia Universidad Católica do Paraná y doctor de la Universidad de Sao Paulo. Además fue presidente de la Dirección Nacional del Instituto de Arquitectos de Brasil en el periodo 2008-2010.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.
Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: archivo Su Casa