Mientras procura una estética que sobrepase las barreras de clase y que acerque su obra al arte, el arquitecto brasileño traza también, con una curva, su propia sonrisa.
Mientras procura una estética que sobrepase las barreras de clase y que acerque su obra al arte, el arquitecto brasileño traza también, con una curva, su propia sonrisa.
“La arquitectura, en mi opinión, debe traer juntas la emoción y la sorpresa”. Sus palabras, muchas veces dichas a modo de sentencia, delatan que no es casual el resultado espectacular, escultórico y detallista de sus obras. Sin embargo, su carisma, su sonrisa y don de gentes no deja entrever siquiera que es considerado uno de los arquitectos más importantes de Latinoamérica.
Ruy Ohtake conversa y se deshace en sonrisas subrayando los surcos de 72 años ligados al arte. Camina y habla despacio, bajito, entrecortado. Unas veces por la emoción y otras cuando busca la palabra en español para decir lo que quiere. Durante mayo regresó nuevamente a Costa Rica para ser jurado de la X Bienal Internacional de Arquitectura y dar una conferencia sobre su prolífica obra, que comprende más de 300 proyectos en Brasil, Ecuador, España, Estados Unidos y Japón, entre otros sitios.
Casa del arte Ohtake nació en 1938 en São Paulo, 5 años después de que su madre, Tomie Ohtake, decidió emigrar de Japón a Brasil. En su nuevo hogar iniciaría una larga y fructífica carrera como pintora, grabadista y escultora. El estudio al lado de su casa propició que Ruy y su hermano Ricardo (también arquitecto) se acercaran desde pequeños a los círculos paulistas de arte y cultura.
La influencia no tardó en quedar reflejada en su carrera, iniciada en 1960 al graduarse de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo. “Yo no lo creía, pero pasado el tiempo me convencí de que el ambiente familiar ayudó mucho”, afirma. “Parece obvio, pero la práctica no nos dice mucho de esto: el gran desafío para el arquitecto es hacer que la obra sea mucho más identificable como arte que como construcción. La construcción es meramente un instrumento para hacer el arte, para materializar el arte en la arquitectura”.
La conjunción con el arte también detona su idea de vanguardia, casi como una manera de aplacar las críticas recibidas por algunos de sus trabajos. “La arquitectura como arte es muy discutida en cada época. Que en su época el arte y la arquitectura estén en consenso de todos es muy raro. Porque el consenso va en contra del arte. La vanguardia es romper el consenso... y cuando el consenso se está aproximando, hay que romperlo nuevamente. Así va avanzando el arte y la arquitectura también”.
Recuperar la identidad La ascendencia nipona no es una marca de su trabajo aunque, según él mismo dice, algunos encuentran coincidencias. “Nuestra madre nunca nos exigió, cuando éramos chicos, que estudiáramos la lengua japonesa, por eso hablo muy mal el japonés… Pero hay una ventaja: la educación total fue enfocada en la cultura brasileña. Mi madre decía: ustedes son brasileños y por tanto deben aprender de la convivencia dentro de Brasil, eso es lo importante”.
La identidad brasileña queda patente en su gusto por la curva y los colores fuertes. “La curva siempre trae sorpresa… si ves una recta sabes la dirección que va a tomar, pero en la curva no sabes nunca”. En la obra de Ohtake, la emoción es la razón de la curva y es en esta donde toda la arquitectura confluye. “La curva propicia el complemento de lo claro, lo oscuro, el lleno y el vacío, los componentes de la forma de la arquitectura que hacen las cosas más sorprendentes”.
El color es la otra clave que refleja su acercamiento con el arte. “Brasil como toda América Latina –y África también– es un país de origen muy colorido. Pero en los últimos 100 años nuestras ciudades fueron perdiéndolo... son ahora ceniza, azul claro…”. La apuesta al color es, de nuevo, una estrategia para recuperar la identidad latinoamericana. Ohtake se vale también de otra premisa: acercar la belleza estética y escénica a todos, sin distinción de clase o estatus intelectual. “La arquitectura debe ser apreciada por todos, sea una persona de formación muy simple o sea un profesor universitario. ¿Por qué no lo puede apreciar? La arquitectura no debe pasar inadvertida”.
Su amplia sonrisa marca aún más sus ojos rasgados, así como su obra subraya la diversidad y alegría brasileña. Cuestión de identidad.
Justicia estética Tres proyectos suyos, tan hermosos como contrastantes, evidencian hasta dónde pueden aplicarse sus palabras.El Hotel Unique , en São Paulo, es uno de los más exclusivos de la zona y uno de los íconos arquitectónicos más importantes de los últimos años. La forma curva ascendente que libera el espacio público, las placas de cobre que lo recubren y el espacio interno irregular –con el piso que asciende hasta convertirse en una de las paredes laterales– agrupan buena parte de las estrategias de diseño de Ohtake: la sorpresa, el diálogo con la ciudad y la forma icónica, que se acerca a la escultura.
Por otra parte, su labor voluntaria en las favelas de Brasil con el proyecto Heliópolis, ha contribuido en la regeneración urbana, la autoestima de los pobladores y su organización, todo a partir de ejercicios puntuales, como pintar con animosos colores las fachadas de las casas, involucrando a los dueños en el proceso. En esta misma línea, su proyecto Expresso Tiradentes –un tren eléctrico en la ciudad de São Paulo– procuró dotar de dignidad el servicio de transporte público que utilizan las clases menos favorecidas.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.
Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: cortesía del arquitecto y retratos por Rónald Pérez y Rodrigo Montoya