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Rolando Barahona-Sotela obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura José María Barrantes 2010, galardón a una trayectoria que busca incesantemente la armonía y la sorpresa. Su filosofía: escuchar al entorno y al ser humano.
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La arquitectura como diálogo Rolando Barahona-Sotela obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura José María Barrantes 2010, galardón a una trayectoria que busca incesantemente la armonía y la sorpresa. Su filosofía: escuchar al entorno y al ser humano. Lo primero que hizo al subir al escenario a recoger el premio fue agradecer a su padre y a su madre, fallecida apenas una semana atrás. Tenía los ojos cubiertos por un velo de lágrimas cuando dijo: “Soy hoy lo que ellos me dieron”. Apagó luego el celular que sonaba con insistencia y agradeció por ver compensados 37 años dedicados por entero a la arquitectura, desde el diseño hasta la educación, y su esfuerzo por crear espacios armónicos y saludables. “La arquitectura no tiene que ser un monumento al ego”, añadió, repitiendo las mismas palabras dichas tan solo unas horas antes cuando conversábamos sobre su obra, su filosofía y, sin quererlo, los premios. “No me preguntés de eso”, decía reticente, para luego ceder. “Los premios deberían darse a un proceso, a una vida dedicada a esto de la arquitectura”. Lo contrario, decía, es “caer en estos monumentos al ego es hacer arquitectura para que salga en revistas, para que sea premiada. Creo que el premio mayor es tener un cliente satisfecho y a una familia que se sienta feliz”. Para conseguirlo, Rolando Barahona dialoga constantemente con los futuros usuarios y sus familias, y escucha, con especial atención, el sitio en que habrá de diseñar.Hacer casitas Años más tarde, Barahona cambiaría el cartón pintado por la arquitectura al estudiar en la Universidad Iberoamericana, en México, en la década de 1970. Mayor responsabilidad sí, pero igualmente lúdico. “Traspasé la teatralidad cuando hice que la arquitectura fuera ese teatro viviente para que el ser humano se sienta bien”. Desde que empezó a ejercer, en su obra ha calado la búsqueda de la armonía con el entorno, con la energía vital del sitio en donde se han de desarrollar sus obras. De ahí sus estudios sobre la geobiología, esa ciencia que estudia “todos los campos que marcan nuestras vidas y nuestro entorno, tanto inmediato como cósmico” y que abarca desde las corrientes electromagnéticas y fallas geológicas hasta las aguas subterráneas que atraviesan los terrenos. Además, se ha ligado al sector cultural de muy distintas maneras: desde participar en la primera revista de arquitectura en Costa Rica (Hábitat), hacer escenografías en teatro, participar como actor en una obra, ser presidente de la junta del Museo Nacional y director del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo desde 1998 hasta el 2004. Asimismo, continúa bogando porque estos estudios y su posterior diseño estén en función de los deseos de sus clientes. “La arquitectura tiene una gran responsabilidad: puede ser partícipe en la armonía de un grupo de personas que habitan en un mismo lugar, o puede ser el punto de distorsión de esas relaciones si enfatiza el individualismo total”. Barahona basa su “servicio social” en dos ejes: aprender a dialogar y conocerse a sí mismo. “Si me conozco, puedo definitivamente conocer las necesidades de otro para llenarlas e incluso sobrepasar sus expectativas”. Su afán por subrayar el valor de escuchar abarca, inclusive, la forma. “Todas las formas, toda la geometría existe ya en la naturaleza, es cuestión de sentarnos, analizar, observar y reflexionar. No hay nada en este planeta que la arquitectura pueda hacer que no esté inspirado en esa belleza natural”.La eterna búsqueda *Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
| Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.com / Fotografía: Osvaldo Quesada y archivo Su Casa | ||
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