Luz Letelier y Pietro Stagno concretaron el sueño de una pareja enamorada del Caribe. En Playa Chiquita, Limón, el ecolodge La Kukula creció en medio del bosque, tan simple y tan complejo como eso.
El desvío por una calle empedrada parece acabar en el bosque. Y por poco lo logra: en medio de un verdor exuberante apenas se divisa un conjunto de naves en madera, camufladas como la propia fauna, latente y expectante.
Un breve trayecto a pie devela la recuperación de una tradicional casa de la zona convertida en lobby y, entre los senderos, tres volúmenes inmersos en la espesura. Hasta ahí llegan los viajeros en busca de desconectarse del mundo o, para ser más precisos, conectarse nuevamente con él.
Diseñar para el Caribe sur
El camino recorrido para desarrollar La Kukula fue tanto o más largo que el de los huéspedes: la bien ganada fama conservacionista de Costa Rica y el poco desarrollo del sector caribeño llegaron hasta los oídos barceloneses de Pepo y Sonia, dueños y desarrolladores del proyecto. Cuatro años hace que arribaron a nuestro país, leyeron en Su Casa un reportaje sobre Luz Letelier y Pietro Stagno y encontraron los puntos comunes entre sus ideales y los de estos: obras que parten de entender el sitio, el clima, los materiales, la cultura local y el usuario. De ahí que el diseño partió de buscar soluciones pasivas para un clima implacable y potenciar el lucimiento del entorno.
Los arquitectos iniciaron con un análisis del suelo y un levantamiento exhaustivo de los árboles existentes. “Esto determinó un tamaño para que la obra cupiera en los claros existentes. Por eso se hicieron tres módulos con tres habitaciones cada uno y un búngalo con dos, todos con su terraza común y una piscina”, detalla Letelier. “Los claros definieron la posición y la dimensión de cada volumen y la dirección en que están enfrentados al viento y entre sí”, añade Stagno.
Asimismo, las obras se asentaron sobre pedestales unidos por una viga de entrepiso en concreto, para evitar el daño producido por la alta salinidad del aire y elevar las estructuras, lo que mejora la ventilación y permite el curso normal de las correntías por el terreno.
Estructuralmente, fue utilizada madera de reforestación en secciones pequeñas. “Es una cosa de principios: no es estético ni es estructural, porque vale lo mismo o incluso más. Los dueños nos apoyaron en esa decisión”, explica Letelier. Las columnas compuestas se comportan de igual manera que una mayor y permiten apreciar la composición gracias a los pernos y tuercas expuestas. Esta sinceridad material también se muestra en las tuberías expuestas en los baños y la teca apenas curada, sin colores ajenos al natural. El único punto en donde el color aparece es en los cielos rasos de las habitaciones, con colores vibrantes que recuerdan los acabados de las obras caribeñas y todo el imaginario colectivo ligado a la zona.
Cada módulo de habitaciones cuenta con una terraza común protegida por un amplio alero y con un diverso juego de nichos en donde se incrustan a la estructura bancas o rincones para el reposo. Luego de esta se hallan las habitaciones y, hacia el fondo, los baños privados, con el mismo sistema de nichos y aperturas con cedazo. La clave fue una reinterpretación de la arquitectura típica de limón, desde las estructuras y aleros hasta las paredes ventiladas. “Los volúmenes son pórticos en madera tipo nave o galerón, forrados y con subdivisiones internas”, detalla Pietro. “Son relativamente sencillos en su geometría pero luego se fraccionan en rincones y se vuelven más ricos a nivel de diseño”.
En su diseño, los arquitectos priorizaron mejorar la ventilación dado que la espesa vegetación –con árboles de hasta 50 metros de altura– brinda mucha sombra mas detiene buena parte de la brisa que viene del mar por el día y de las montañas por la noche.
Así, como gesto inicial partieron de levantar la cubierta y hacer un monitor que se ubica justo al centro de las obras, sobre las camas.
Además, muchas de las paredes cuentan con cedazo en las ventanas, sin vidrio, lo que hace que se puedan ventilar constantemente al abrir o cerrarlas.
Cada módulo y la casa restaurada pasan inadvertidas unas de las otras gracias a la frondosa vegetación, que hace de corredor biológico entre la costa y la montaña. El paisaje se convirtió en recurso para dar privacidad por la exuberancia que adquiere en la zona. Esto, junto a evitar cruzar vistas entre un espacio y otro, favoreció la percepción de una mayor amplitud en todo el lote. La obra, además, cuenta con un tratamiento especial para las aguas grises que llegan hasta un conjunto de biojardineras para su purificación y de paneles solares para el calentamiento del agua.
El resultado final es un lodge de bajísimo impacto y ligado al entorno a partir de cada detalle. Un lodge que parece haber crecido como un árbol más del lugar. Tan simple y tan complejo como eso.
Los arquitectos
Pietro Stagno Ugarte es arquitecto graduado de la Rhode Island School of Design (EE.UU.) con una maestría en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En el 2002 inicia su firma independiente, enfocada hacia arquitectura sostenible y complementos artísticos, Luz de Piedra S.A. en conjunto con la arquitecta Luz Letelier Bellalta. Por su parte, Letelier es arquitecta graduada de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha desarrollado distintas investigaciones para el Instituto de Arquitectura Tropical (Costa Rica) como “ Las Fincas Bananeras en Costa Rica” y “Soluciones habitacionales de productos de Concreto en Costa Rica”.
Ficha técnica
Diseño arquitectónico: Arq. Luz Letelier y Arq. Pietro Stagno (Luz De Piedra S.A.)
Diseño estructural: Luz de Piedra S.A.
Diseño eléctrico y mecánico: Unielec S.A.
Área total terreno: 6.000metros cuadrados Área de construcción: 440 metros cuadrados
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.