En Punta Achiote, Dominical, el tradicional palenque indígena toma novedosos bríos gracias a Enrique Barascout.
La historia cruza sus vertientes al unísono: el golpe de hacha aún está marcado en las piezas de madera que, de a dos, conforman las columnas; la palma que recubre el techo es sintética e importada; el bosque se adentra mediante los jardines y parece estar a punto de tomar por asalto los baños… El pasado y el presente, lo salvaje y el confort, los dos caminos se entrelazan en cada rincón de una casa de verano en la costa pacífica del país. Allí el arquitecto Enrique Barascout acuñó la historia indígena centroamericana y –particularmente– de la zona sur costarricense.
Trópico verde
La reinterpretación que hace el arquitecto guatemalteco radicado en Costa Rica no es exclusiva de la cultura centroamericana. Se trata de una búsqueda formal que ha llevado a cabo al analizar la arquitectura autóctona y contemporánea desarrollada en la franja tropical, de América a Australia, pasando por África y Asia. El aprendizaje ha derivado en claves para el tratamiento de la ventilación y el asoleamiento, así como el manejo de materiales locales y de toda la franja en cuestión.
Así, en la obra destacan las alturas de los cielos y las aperturas para la salida del aire caliente. Los aleros recubren los espacios para contener el sol y la lluvia, y la estructura –separada del suelo– permite que fluyan las correntías y la fauna local.
Ante la altura y ubicación, Barascout optó por potenciar la vista del paisaje: justamente la “cola” de Bahía Ballena, aún más al sur, es el punto focal del área social y las áreas privadas.
El gran palenque
Un puente de madera marca el trayecto hacia el gran palenque. Espejos de agua a diestra y siniestra remarcan el espacio como umbral y área de circulación: a izquierda y derecha se encuentran dos edificios de habitaciones, mientras que al centro se abre el espacio social con una impresionante triple altura. El desarrollo de la estructura queda en evidencia por sus columnas en madera expuesta –con la textura que delata el eco del hacha– y que se contrapone con el piso de mármol –aunque sin pulir–. Esa sinceridad estructural y material constituye una máxima en cada detalle de la obra: fácilmente el proyecto se puede subdividir en formas geométricas que resaltan el entorno al que se dirigen o que encapsulan la función que albergan.
Bajo una terraza ligada al espacio social, se ubica un área de fiestas, el borde de la piscina y un amplio jardín que culmina con una pronunciada pendiente hacia la playa de Dominical.
Las habitaciones laterales, por su parte, son módulos casi simétricos y autosuficientes. Cada uno cuenta con dos habitaciones –con una cama King y dos Queen respectivamente–, así como con una sala central con beddays ideales para que duerman niños pequeños o para fungir de arista entre los dormitorios. Las habitaciones cuentan con un baño espectacular, ligado a un pequeño jardín y que con una ducha exterior permite la unión de funciones. El baño-jardín queda protegido por un ancho muro recubierto de piedra y que sugiere, de nuevo, el espacio agreste.
“Quería hacer algo que no fuera contrastante con el contexto, sino con volúmenes simples, que se pueden resumir en formas geométricas”, explica Barascout. La obra sigue la línea de diseño de la arquitectura tropical entre otros proyectos de su firma, como el hotel L’acqua Viva. “Reinterpretamos la tradición del lugar y tratamos de incorporar el aporte que hicieron nuestros antepasados que vivían en Centroamérica y que hacían cierta arquitectura y urbanismo”. El resultado, en sí, presume con justicia de su historia centenaria.
Ficha técnica
Diseño arquitectónico: Arq. Enrique Barascout
Área de construcción: 1.500 metros cuadrados
Área total: 10 hectáreas
El arquitecto
Enrique Barascout es arquitecto graduado de la Universidad de San Carlos, Guatemala. además, cuenta con estudios en restauración y conservación de la arquitectura en Italia, Perú y Bélgica. Tanto en Guatemala como en Costa Rica, Barascout ha trabajado en la protección y registro de monumentos arquitectónicos, como la ciudad de Antigua (Guatemala), Barva de Heredia, la Estación del Ferrocarril del Atlántico y Guayabo de Turrialba (Costa Rica).
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.