Víctor Cañas convirtió una franja triangular de terreno en un oasis de arquitectura contemporánea.
El concepto de la obra refleja lo que el arquitecto Víctor Cañas ha propiciado durante “hace rato”, como él mismo dice: “Que la casa nazca del lugar y de las necesidades del cliente”. Ese par de premisas saltan a la vista en cada rincón de su último proyecto: una casa de playa en Faro Escondido, en el Pacífico Central costarricense.
A pesar de estar situada en un lote irregular, con una fuerte pendiente y en un condominio lleno de ejemplos de arquitectura colonial, Cañas adaptó su obra al sitio y –cinta métrica en mano– ganó centímetros para evitar que las vistas fuesen las de ese contexto lleno de falsos históricos.
El trabajo, minucioso tanto en sí mismo como en esa relación con el entorno, finalizó recién en enero del 2010.
Vivir adentro y afuera
La forma de la casa se adapta a un lote pequeño y triangular entre dos calles, abarcando hasta el 100% del área permitida. Uno de los condicionantes de los clientes era aprovechar al máximo las vistas hacia el Océano Pacífico y, eso sí, cerrarse adonde se requería.
De ahí que los primeros acercamientos a la obra, desde la calle privada, muestren un volumen sólido y pesado de concreto expuesto, luego una amplia pantalla de celosías de aluminio y, por fin, la entrada principal en donde el vidrio permite develar el interior de la obra. En este caso, se trata de un espacio con doble altura que señala la entrada.
La seña final es el pico de una paila amarilla de acero que sirve de parasol y recorre toda la fachada. “Está presente en todos los espacios de la planta alta como un elemento identificador muy fuerte en la composición”.
Este acceso, ubicado en la cara sur de la obra, tiene vistas hacia una zona no urbanizable del condominio, por lo que deja ingresar el poco verdor del lugar. Cañas jugó con esta oportunidad para crear un vínculo directo entre el afuera y el adentro mediante el ingreso del jardín externo al interior. Junto a este acceso se ubica las áreas de garajes y servicios, y un pequeño apartamento independiente.
Lo etéreo y lo terreno
Cruzando el umbral, se presentan dos caminos diferentes: uno a través de baldozas de concreto y puentes de madera por entre piedras de río, y otro que inicia en una escalera de cristal y continúa con un conjunto de puentes del mismo material en el segundo nivel.
Esta área de flujo entre los distintos niveles es también un espacio vital para la circulación del aire. Incluso la entrada de luz tamizada por la celosía se mezcla con otras entradas puntuales –desde boquetes en el concreto hasta pequeñas hendijas con cristal en la unión con el cielo raso–, que lo hacen diáfano y cambiante.
A través de las piezas de concreto, se accede a una sala de multimedios con terraza, y mediante los puentes de madera, a dos habitaciones con baño.
Área social Dado que la vista hacia el mar queda en parte bloqueada a la altura de calle por los proyectos vecinos, Cañas desarrolló el área social y las habitaciones principales en el segundo nivel.
El acceso, desde el costado sur, se abre gracias a un único salón que alberga la cocina, el comedor y la sala, mientras que hacia el norte se extiende una terraza húmeda que concluye en la piscina. La prolongación de los espacios permite que los techos de teja vecinos pasen inadvertidos la mayoría del tiempo y el horizonte solo muestre el mar.
En el caso de la cocina, su diseño se basó en un gran clóset en donde se ocultan los electrodomésticos y una amplia península multiuso.
De la piscina a la cama
Cañas debió colocar la piscina sobre pilares de concreto para elevarla desde el talud en que concluye el terreno hasta el nivel superior. La recompensa es el vínculo con el área social y la habitación principal.
Este dormitorio, al extremo oeste de la obra, es tres gradas más bajo que el área social, de manera que la cama queda a nivel con el espejo de agua y la piscina. Las únicas separaciones son un pequeño canal –que evita que el agua cruce la frontera– y una serie de puertas corredizas –que convierten el área húmeda en una extensión exterior del dormitorio–.
Utilizando el mismo sistema de almacenaje de la cocina, una pared completa de la habitación alberga el clóset, un baño particular y el tocador. Con el fin de dar privacidad a esta habitación, los otros dos dormitorios de este nivel se encuentran al costado opuesto, manteniendo el área social como eje y punto de interacción.
Para Cañas, su arquitectura consiste en darle forma a lo que los clientes están soñando. “A veces es más sencillo, a veces más complicado. Pero el cliente siempre tiene el proyecto que se merece”. En este caso, las coincidencias entre clientes y arquitecto hicieron que la obra fluyera desde los condicionantes de los primeros hasta el sello inconfundible del segundo.
Ficha técnica
Diseño arquitectónico: Arq. Víctor Cañas, con los arquitectos Andrés Cañas y Ricardo Chaves
Desarrolladores: Emerald City Visions Developers
Constructora: Proínsa, Ing. Juan Pablo Camacho y Álvaro Villalobos
Diseño estructural: Ingeniería Cañas, Ing. Rafael Cañas Ruiz e Ing. Carlos Andrés Chaves
Diseño electromecánico: Ingeniería Cañas, Ing. Andrea Zúniga
Diseño de jardines: Arq. Soledad Pena
Diseño de iluminación: Sentido Arqitectónico (Miguel Marín) y Víctor Cañas
Sistema inteligente: Hob Sibernética y Leonardo Mora
Diseño interno: Elizabeth Sargent, Cañas Arquitectos, Arq. Andrés Cañas y Víctor Cañas
Arte: Galería Jacob Carpio
El arquitecto
El arquitecto Victor Cañas es graduado en la Universidad Iberoamericana, México, y tiene un posgrado en Planificación Urbana en el DPU, Universidad de Londres. Además, es Miembro Honorario del American Institute of Architects y conferencista y profesor invitado a congresos y universidades en Latinoamérica, EE.UU., Asia y Europa. Sus obras han sido galardonadas con premios en Bienales de Costa Rica, Panamá, Curazao y Ecuador.
Actualmente, es profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.