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Casa Ventolera
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Por Mauro Nogarín
Publicado el 02/25/2010
 

En esta vivienda, el paisaje no solo se potencia, la libertad de movimiento hizo que esta fuera el refugio favorito para el descanso de tres generaciones de una joven familia.

Sucasa 53


Casa Ventolera




Casa Ventolera

En esta vivienda, el paisaje no solo se potencia, la libertad de movimiento hizo que esta fuera el refugio favorito para el descanso de tres generaciones de una joven familia.

La casa está emplazada en la costa del balneario de Santo Domingo, en la V Región de Chile, en la meseta superior del borde costero que constituye un balcón sobre la duna y la playa y posee una amplia vista al océano.
Además de ofrecer un ambiente saludable por ser alejado de áreas urbanas, la tranquilidad y la inmersión en pleno respeto de la naturaleza se alternan y compensan mutuamente.
La zona se caracteriza por los cerros bajos, debido a que la cordillera de la costa al final de su camino se funde en este punto entre las lomas, para dar vida a la ribera de acantilados de arenisca con preciosas conchuelas, emergidas tras los movimientos de la plataforma marina hace millones de años.
El segundo elemento catalizador de Santo Domingo es el valor histórico ubicado en la localidad de La Puntilla, donde se encuentra el templo milenario de la Piedra del Sol de Intihuatana, que en el máximo esplendor de los incas, los chamanes utilizaban para venerar los dioses de la cultura precolombina.
La filosofía de los arquitectos del estudio Valdés se incorpora con la precisión y rigor en las soluciones de unir el arte y la estética. Un desafío que a lo largo de los años supo mantener un único concepto que se distingue tanto en el diseño de viviendas, como en el plan maestro y equipamiento.
El arquitecto chileno Leonardo Valdés, premio Decano Alberto Risopatrón 1987 en la VI Bienal de Arquitectura chilena, crea una simbiosis entre una ambientación externa de carácter marino y una cultura andina.
Las escasas precipitaciones pluviales anuales y una amplia superficie de 3.000 metros cuadrados, permitieron una libertad en el diseño de una vivienda sin un techo tradicional y sin necesidad de construir más pisos o disfrutar un nivel bajo tierra.
El carácter cúbico de las líneas que repetidamente se intersecan entre ellas es una constante en el concepto del arquitecto chileno.
El escenario paisajístico concebido por Juan Grimm crea una conexión natural sobre la base de las plantas tropicales para capturar los flujos de viento frenando al mismo tiempo su curso natural y transformándolos en un sonido suave y musical.
La instalación de iluminación nace de las manos de Sandra Bordoni y Carolina Palacios, que reúne el confort visual, ahorro de energía, control de la luz natural y de la contaminación lumínica en interiores y exteriores de la casa. Parámetros esenciales mediante los cuales se pudo lograr un diseño de iluminación creativo y funcional en cada espacio y dimensión temporal.
Esta vivienda de vacaciones, accesible solamente por determinados caminos privados, está resuelta como un solo cuerpo sólido, que contiene dos viviendas para ser usadas por tres generaciones distintas de una misma familia, manteniendo condiciones de privacidad y relaciones de interdependencia bastante adaptables y libres, conforme a los patrones de convivencia que pueden establecerse entre padre, hijos y nietos.
Una filosofía que permite un alto nivel de flexibilidad en la libertad de movimiento adecuados a las costumbres cotidianas, en cuanto a diversión, privacidad y sociabilidad en presencia de huéspedes o familiares cercanos.
Una sola unidad contiene una “casa nodriza” y una menor que se nutre de la primera, ambas vinculadas mediante pasillos internos.
La vientos predominantes del suroeste obligaron la partición de la casa que corresponde a un telón que se erige sobre el borde y resguarda el patio-jardín-piscina, que construye “el atrás”.
La casa fue proyectada con un módulo estructural de hormigón armado, que fue trabajado expresivamente con una estética equilibrada y conforme a los colores circundantes.
Se resaltaron pilares y vigas a modo de osamenta para contener y dibujar las pieles de piedra, basalto, enmaderaciones de ciprés y cristaleras.
La cocina Lacanche con una miniparrilla jet master y una mesada en mármol milestone negro para el bufé, se integra perfectamente en el contexto arquitectónico dejando inadvertidas sus diferencias en los otros cuartos, creando un continuum estilístico único y sin negar la atención del panorama costero a través de la puerta de vidrio orientada al lado oeste.
El comedor juega con dos colores principales, beige y negro, en varias tonalidades que ha sido concebido para un máximo de 12 personas con una mesa simple; muestra su valor y eficiencia bajo la influencia de la luz reflejada en la superficie del mar al amanecer, creando un ambiente sugestivo y personalizado.
El patio interno protegido por tres alas no acaba de sorprender con el redundante desarrollo de las escaleras ascendentes y descendentes, que invitan a observar bajo varias perspectivas sobre los múltiples desniveles que se pronuncian a lo largo de las fachadas de la casa.
La amplia terraza para el acceso al jardín se deja delimitar de forma gentil y delicada por un muro de contención limitado en su dimensión vertical. Para reducir el impacto visual, el mismo muro ha sido encamisado con un mosaico de piedra local que termina en su parte superior con vistosas palmeras tropicales.
El pavimento en tabebuia brasilera hace resaltar de manera suave la decoración étnica que se presenta en sus varias expresiones artísticas, se contrapone a la constante estructura del cielo raso en viga a la vista.
El living interno con vista hacia el mar se descubre con una altura de seis metros, las paredes decoradas finamente con máscaras autóctonas de madera, árboles artesanales y cuadros de colección completan de forma artística la composición interna.
El living-galería externo, en cambio, se convierte en un ambiente “bifocal” y permeable entre ambas situaciones; es propuesto con una estructura en sólido hormigón hasta fundirse con un estilo rústico que, con un lighting ad hoc, brindan al área social una atmósfera de contacto con la naturaleza.
La piscina rectangular con un lado mayor de 15 metros abraza el jardín y se ubica en un punto donde los vientos interrumpen su acción, con una visión atípica y peculiar al mismo tiempo. Asimismo, permite a lo largo del terraplén posterior en mármol poroso, la ubicación de tumbonas en mimbre mientras que el lado menor desemboca en una escalinata de acceso, directamente conectada al vestíbulo interno de la casa.
El cuarto para los huéspedes advierte la personalidad en la decoración: un amplio ropero de pared forrado en la parte central con exquisitos tejidos originales andinos y una reproducción de calzados tradicionales tailandeses son elementos creativos que infunden personalidad respetando el estilo de integración del conjunto arquitectónico.
Dos camas simples de una plaza cada una, siguen el hilo lógico y la intención de rodear el eje tradicionalista-moderno en la decoración del interior, dejando un espacio en el lado este del cuarto para filtrar la luz natural vespertina.

El mismo principio proyectual se aplicó al dormitorio matrimonial, excepto por una orientación diferente y una cortina blanca que delicadamente reduce la luz más intensa durante las horas diurnas.

*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.

 

Texto y fotografía por Mauro Nogarín* opinion@revistasucasa.com