- Por Miguel Casafont Broutin
- Publicado 10/19/2007
- Arte
- Sin calificación
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Frida vive El centenario del natalicio de la conocida pintora se celebró en julio, un mes en que México entero recordó a una de sus hijas más queridas, tanto que el Palacio de Bellas Artes se postró ante ella. Su casa, que ahora es su museo, describe mucho de lo que fue en vida. Tres biografías leídas –incluida la elaborada por la tica Roxana Pinto– no bastan para conocer la mística y envolvente vida de Frida Kahlo, que quedó plasmada en sus dibujos, pinturas, fotografías, activismo social y político, cartas, páginas de diarios y… su casa. La Casa Azul es como se le conoce popularmente al inmueble donde Frida nació, creció y vivió al lado de su amado –y muchas veces odiado– Diego Rivera, aunque también fue el lugar donde pasó sola los últimos años de su vida, antes de fallecer el 13 de julio de 1954. Hoy el recinto resguarda no solo sus objetos personales y obras de arte, sino también lo que queda de ella físicamente: sus restos yacen en un cofre situado en la que fue su habitación. Esta casa fue donada por Rivera a la nación mexicana un día antes de que se conmemorara el cuarto año de su muerte, y desde esa fecha se le conoce oficialmente como Museo Frida Kahlo, en homenaje a su vida y obra. Entrar a su mundo A escasos 30 minutos del pleno corazón del Distrito Federal, se ubica el azuloso recinto justamente en la esquina entre las calles Londres y Allende. La Casa Azul recibe a sus visitantes con una amplia fachada aplanada y la leyenda que reza: “Frida y Diego vivieron en esta casa 1929-1954”. La vivienda posee amplios jardines, sus paredes son de colores primarios fuertes y sus muros están hechos de adobe y tepetate cubiertos por vigas de madera, cuya edificación se dio en 1904 por deseo de su padre, Guillermo Kahlo, un fotógrafo de origen judío húngaro. Los funcionarios del inmueble indican que este permanece casi intacto, como lo dejó la pareja. La Casa Azul tiene en total 9 salas y una estancia. Cocinas y estudio De ahí pasamos a la cocina, decorada con barro verde y artesanías. La siguiente estancia es el comedor, que luce una llamativa vajilla, esculturas y vasos de vidrio soplado y naturalezas muertas de autores anónimos. Luego se encuentra la recámara que Diego utilizaba durante su estadía en la casa, y una escalera que muestra una colección de ofrendas y pintura colonial. En la planta alta, estamos en el estudio donde Frida y Rivera daban paso a su creatividad. Antes de abandonar ese nivel, se ingresa a la recámara de la pintora, donde se encuentra la urna que guarda sus cenizas además de varios objetos. Sigue seduciendo El Museo del Palacio de Bellas Artes vuelve a rendirle tributo a la pintora al dedicar la totalidad de sus salas a la exposición Frida Kahlo 1907-2007 Homenaje Nacional. Ella pintó porque algo tenía que decir, y su filosofía sigue hoy más viva que nunca. Su riqueza visual no la deja morir. **Adaptación Revistasucasa.com, el texto completo se encuentra en la edición impresa.
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Por: Olman Castro, periodista, enviado a México** / Fotografía: Germán Fonseca y Museo la Casa Azul |
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