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Amighetti y el arte como vida
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Por Miguel Casafont Broutin
Publicado el 10/19/2007
 

Este año se conmemoran los 100 años del nacimiento del gran artista Francisco –don Paco– Amighetti, ilustre profesor, poeta, pintor, grabador… ser humano extraordinario. Artista de lo nuestro, colorista de lo nacional y retratista del vivir cotidiano.

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Amighetti y el arte como vida


Amighetti y el arte como vida

Este año se conmemoran los 100 años del nacimiento del gran artista Francisco –don Paco– Amighetti, ilustre profesor, poeta, pintor, grabador… ser humano extraordinario. Artista de lo nuestro, colorista de lo nacional y retratista del vivir cotidiano, quien le dio al grabado su sello propio e indeleble, heredando así al arte nacional con su narrativa veraz y sincera.

Se dice que el arte imita a la vida y que la vida imita al arte, así miles de páginas han llenado los libros con ideas y pensamientos sobre lo que es el artista y su labor: el arte mismo. El escribir sobre arte, aunado a la figura de don Paco, el gran maestro costarricense Francisco Amighetti Ruiz, es una labor titánica, pues él dedicó por completo su vida al arte por medio de sus pinturas, dibujos, murales, grabados y libros.

Además, 1998 marcó la muerte de tres artistas nacionales: Luis Daell, César Valverde y Francisco Amighetti. De estos, tuve la suerte de ser alumno de los dos primeros; y de don Paco, conocerlo, no solo como la gran figura paterna del arte nacional, sino como compañero de clase.

Era impresionante y a la vez tan agradable. Quizás el interés por las manos del Buda fuera en don Paco parte de su extraordinaria sensibilidad con la que podía transformar lo cotidiano en arte, y para hacer en poesía cualquier cosa que captara su atención.

Las manos son además la herramienta del grabador. Don Paco nunca usó máquina alguna para reproducir o construir sus grabados, y la labor de impresión siempre se hizo despacio y a mano.

Aunque la gran mayoría identifica a don Paco y a su labor artística con la xilografía, el artista también se dedicó a la acuarela, el óleo y la pintura mural en la técnica del fresco. Además de ser insigne dibujante, ilustrador de libros y cuentos, narrador y poeta.

Vida y arte

Francisco nació un primero de junio de 1907. De niño, se supone que vivió una infancia feliz, y cuenta la leyenda que sus primeros dibujos de luz y humo los hizo en el aire, utilizando para ello un rojo tizón de la cocina de leña.

El fuego también se encargó de quemar su vivienda del barrio La Soledad, allá por 1920. Cuatro años más tarde se gradúa de bachiller del Liceo de Costa Rica y para 1926 se registra su ingreso en la Academia de Bellas Artes. Estudió por algunas temporadas en Estados Unidos, Argentina y México.

Amighetti es un artista que toma el diario vivir y lo plasma en su arte. Analizar la enorme obra que nos heredó le corresponde a los costarricenses del mañana; como él mismo una vez lo escribió “Los pájaros cantan en el parque una canción distinta para todos”.

 

**Adaptación Revistasucasa.com. En la edición impresa se encuentra el texto completo, así como una carta abierta que Ricardo Bada le dirige a don Paco Amighetti.

 

 

Por: Miguel Casafont Broutin, colaborador** / Fotografía: Kurt Aumair

 
 

Frida vive


Frida vive

El centenario del natalicio de la conocida pintora se celebró en julio, un mes en que México entero recordó a una de sus hijas más queridas, tanto que el Palacio de Bellas Artes se postró ante ella. Su casa, que ahora es su museo, describe mucho de lo que fue en vida.

Tres biografías leídas –incluida la elaborada por la tica Roxana Pinto– no bastan para conocer la mística y envolvente vida de Frida Kahlo, que quedó plasmada en sus dibujos, pinturas, fotografías, activismo social y político, cartas, páginas de diarios y… su casa.

La Casa Azul es como se le conoce popularmente al inmueble donde Frida nació, creció y vivió al lado de su amado –y muchas veces odiado– Diego Rivera, aunque también fue el lugar donde pasó sola los últimos años de su vida, antes de fallecer el 13 de julio de 1954.

Hoy el recinto resguarda no solo sus objetos personales y obras de arte, sino también lo que queda de ella físicamente: sus restos yacen en un cofre situado en la que fue su habitación.

Esta casa fue donada por Rivera a la nación mexicana un día antes de que se conmemorara el cuarto año de su muerte, y desde esa fecha se le conoce oficialmente como Museo Frida Kahlo, en homenaje a su vida y obra.

Entrar a su mundo

A escasos 30 minutos del pleno corazón del Distrito Federal, se ubica el azuloso recinto justamente en la esquina entre las calles Londres y Allende. La Casa Azul recibe a sus visitantes con una amplia fachada aplanada y la leyenda que reza: “Frida y Diego vivieron en esta casa 1929-1954”.

La vivienda posee amplios jardines, sus paredes son de colores primarios fuertes y sus muros están hechos de adobe y tepetate cubiertos por vigas de madera, cuya edificación se dio en 1904 por deseo de su padre, Guillermo Kahlo, un fotógrafo de origen judío húngaro.

Los funcionarios del inmueble indican que este permanece casi intacto, como lo dejó la pareja. La Casa Azul tiene en total 9 salas y una estancia.

Cocinas y estudio

De ahí pasamos a la cocina, decorada con barro verde y artesanías. La siguiente estancia es el comedor, que luce una llamativa vajilla, esculturas y vasos de vidrio soplado y naturalezas muertas de autores anónimos.

Luego se encuentra la recámara que Diego utilizaba durante su estadía en la casa, y una escalera que muestra una colección de ofrendas y pintura colonial. En la planta alta, estamos en el estudio donde Frida y Rivera daban paso a su creatividad.

Antes de abandonar ese nivel, se ingresa a la recámara de la pintora, donde se encuentra la urna que guarda sus cenizas además de varios objetos.

Sigue seduciendo

El Museo del Palacio de Bellas Artes vuelve a rendirle tributo a la pintora al dedicar la totalidad de sus salas a la exposición Frida Kahlo 1907-2007 Homenaje Nacional.

Ella pintó porque algo tenía que decir, y su filosofía sigue hoy más viva que nunca. Su riqueza visual no la deja morir.

**Adaptación Revistasucasa.com, el texto completo se encuentra en la edición impresa.

 

 

Por: Olman Castro, periodista, enviado a México** / Fotografía: Germán Fonseca y Museo la Casa Azul