|
El lado blanco del Caribe
En el hotel Le Caméléon, en Puerto Viejo, el lifestyle cosmopolita y la exuberancia del trópico compiten cara a cara, blanco contra verde. Obra de Rolf Ruge, Javier Martén y la dupla conformada por Isabel Clare y Rebeca Woodbridge.
La calle lastreada no lo adviertía, ni los mochileros que a pie o en bicicleta siguen levantando el polvo. Tampoco la arquitectura tradicional local, discreta en diseño, vibrante en color. Pero los desarrolladores soñaban con un trozo del mediterráneo en pleno trópico. Un trozo blanco. Con el concepto Le Caméléon, los empresarios hoy palpan ese sueño de conseguir -con un miembro del Small Luxury Hotel- la estética europea en medio del verde palpitante del Caribe sur costarricense.
La cápsula En el desarrollo, concepto y sitio se topan de frente, se complementan y a veces se seducen. El blanco constante de muros y edificios es llevado al extremo en las habitaciones, desde el piso hasta el mobiliario. De ahí que fácilmente el hotel se reconozca como una cápsula cuyos interiores trasladan al huésped fuera del ambiente cultural local y fuera del ambiente natural agreste. La inducción, sin embargo, comienza tamizada. El edificio de acceso y recepción juega con sensuales curvas orgánicas tanto en las paredes como en los techos y las ventanas. Las columnas están conformadas por una enramada de piezas de bambú que añaden textura y color al blanco constante. Como el camaleón, la decoración cambia de tonalidad día con día: a veces el acento de los muebles es verde, a veces naranja... Todo recalca el concepto de lujo y detalle, de renovación constante. Este primer espacio, diseñado por el arquitecto Rolf Ruge, es abrazado por el paisajismo de su colega Javier Martén. De su mano crecen jardines desbordantes que resumen el trópico y que llenan de vida los recorridos hacia los módulos de habitaciones y el restaurante. Noches blancas El recorrido sinuoso alrededor de los jardines y el área de piscina culmina en cada uno de los tres módulos de ocho habitaciones, diseñados por las arquitectas Isabel Clare y Rebeca Woodbridge. Cada edificio tiene un corte central que sirve de acceso común a las habitaciones -cuatro por nivel- y que facilita, en la distribución interna, aprovechar al máximo las vistas del entorno. Por ejemplo, cada habitación se encuentra en una esquina con el fin de ganar profundidad visual y sumar color. Dentro de las habitaciones, el blanco es la esencia. Allí, el piso tiene pintura de alto tránsito para evitar materiales y texturas distintos al concreto y el fibrocemento. Incluso el interiorismo, llevado a cabo por Marita Checca, hace una selección de fibras sintéticas con metal cromado que siguen la línea conceptual. A este diseño se le suman los acentos de almohadones, cuadros y accesorios, que cambian de color día con día.
Comer, beber y broncearse Para conseguir el espacio común del restaurante y el bar, las arquitectas Clare y Woodbridge rehabilitaron una casona de finca ubicada en los terrenos del desarrollo. A la estructura clásica sumaron un espacio extra para la cocina y una torre lateral en donde se ubican los baños para el bar -primer nivel- y el restaurante -segundo nivel- así como las escaleras que los conectan. El desarrollo se completa con un espacio definido como Club de Playa, justo en la costa, y donde una serie de estructuras livianas permiten la versatilidad de dedicar este espacio al descanso, la meditación o incluso actividades masivas -como bodas- sin interrumpir el silencio de las habitaciones. Le Caméléon, le partie blanche de Puerto Viejo, hace colindar el Caribe con el mediterráneo: vívidos jardines tropicales en pos de conquistar el Viejo Continente, punto de encuentro del orden natural y el orden racional, el edén con muebles de diseño.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |