Bajo capas de pintura, rastrojos de humedad y de abandono, el alma art decó resistía. Duilio Chiapella la escuchó en la curva sensual y en la geometría exquisita y la liberó de nuevo mediante una restauración quisquillosa y visionaria.
Bajo capas de pintura, rastrojos de humedad y de abandono, el alma art decó resistía. Duilio Chiapella la escuchó en la curva sensual y en la geometría exquisita y la liberó de nuevo mediante una restauración quisquillosa y visionaria.
Confiesa que se enamoró con solo verla: a pesar del abandono, la casa brillaba sobre lo alto de una breve colina.
Esa primera vez en que se encontraron frente a frente fue hace unos 15 años, pero desde que Duillio Chiapella se paseaba por los mercados de pulgas en Francia, sus manos y sus ojos ya se imantaban a cada objeto art decó. La casa, ubicada en Sabanilla, en la provincia de San José, no sería la excepción.
En ella, Chiapella reselló el estilo original de la mano de la elegancia del blanco y el negro, y la suma de mobiliario de diseño europeo contemporáneo (proveniente de su tienda Artiv) y antigüedades recopiladas durante sus viajes.
El resultado es una obra atemporal por vanguardista: el adelanto que representó el art decó se entremezcla con una selección cuidadosa de mobiliario (de Italia a Francia y Dinamarca) y un acento tropical que subraya el sitio en que se encuentra.
Una obra única salvada de las demoliciones y el olvido para contar muchas historias.
1941
Setenta años atrás, el arquitecto nacional José Francisco Salazar la ideó como hogar para una finca cafetalera que iniciaba en la actual rotonda de La Bandera, en San Pedro, y que alcanzaba el frío de Sabanilla. La ascendencia cubana de sus clientes, Griselda Cubero y su esposo, Alfredo Quesada, devino en el tropical nombre de La Perla de las Antillas.
Justamente cuando la casa fue concluida) el art decó bullía en seguidores y obras en Europa y los Estados Unidos. Oriundo de Francia, el estilo corresponde a la exposición Internationale des Arts Decoratifs et Industriels Modernes (París, 1925), y consiste en racionalizar la geometría. De ahí los volúmenes puros entremezcaldos entre sí, jugando con las proporciones de unos y de otros, y con el adorno de relieves también puros. La difusión de este estilo llegó hasta Florida, en los Estados Unidos, donde adquirió tintes tropicales, sobre todo en las sombras para los ventanales y en los jardines circundantes.
Salazar abordaría ese estilo en la casa de la finca, una torre de tres niveles: en el primero, sala, comedor, oficina y cocina; en el segundo, las habitaciones y un salón familiar; y, por último, en la cubierta, una terraza para disfrutar de los días de verano. La distribución de los espacios y sus usos fue conservada por Chiapella bajo la premisa de que el trabajo del arquitecto había sido tan práctico como bello.
La intervención
Cuando el cliente puso en manos de Chiapella la restauración de la casa, el diseñador no dudó en darse a la tarea de remarcar la esencia art decó y acercarla a las corrientes contemporáneas, en una mezcla histórica que enrriquece cada espacio interno y externo.
La intervención propició un cambio completo de repello, pintura y el rescate de las molduras, ventanas, puertas y pisos originales.
Uno de los pocos cambios de uso se dio en el área destinada a lavandería -ubicada junto a la cocina- que fue sustituida por una ampliación de esta.
Asimismo, los jardines fueron intervenidos por completo para ordenar la escena tropical y potenciar su uso. En ellos el diseñador amplió el área de estar mediante un conjunto de salas y comedores externos, protegidos del sol y la brisa.
Apartamento de soltero
En la terraza sobre la cubierta, Chiapella acondicionó un apartamento abierto ideal para fiestas íntimas y disfrutar la vista hacia San Pedro.
Gracias a intervenciones realizadas por los distintos dueños de la casa con el correr de los años, este espacio superior queda protegido de los fuertes vientos de la zona y permite la apertura de un corredor externo en casi todo el perímetro del apartamento. La altura también permite tamizar la luz que ingresa gracias a las palmeras sembradas en los amplios jardines, y que ahora tienen sus copas a la altura de los paños de vidrio. Como si se tratara de jardines colgantes, cada espacio se ve inundado del verde circundante, y reforzado por las montañas del Valle Central.
La apertura del espacio tiene su máximo exponente en el baño, contiguo a la habitación, y dotado de grifería y loza de diseño: de la firma Boffi y Cosmic hasta llegar al mosaico Bisazza o al italiano y mundial Citterio.
La sobriedad del blanco y el negro con acentos tierra y rojos crea el vínculo ideal entre elegancia, formalismo y calidez necesarios para mostrar los espacios fácilmente habitables y, además, personales.
L'avant-garde
El ojo avizor de Duillio en la selección de antigüedades y clásicos del diseño con los cuales desarrolló el interiorismo de La Perla de las Antillas, es apenas una metáfora de su intervención en la totalidad de la obra: desde un nuevo acceso marcado hasta reparar y pulir los herrajes, los mosaicos o los marcos de puertas y ventanas.
En esta obra única, el diseñador redescubrió el art decó resaltando la línea a partir del blanco pulcro y constante, redefinió el espacio exterior diseñando y apropiándose del jardín y, cual si fuera poco, rehabilitó una terraza de múltiples intervenciones acondicionando allí un moderno apartamento acorde con la forma de vida contemporánea.
La Perla de las Antillas merecía que su restauración fuera tan visionaria como su estilo original.
*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa.