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En el vacío se oculta la abundancia
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Por Super Admin
Publicado el 02/24/2010
 

Verdes vibrantes, fluidos de vegetación, detalles de color y una enorme piscina de grama, son algunos de los elementos que resaltan en este jardín minimalista de Francisco Sage.

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En el vacío se oculta la abundancia

 

Verdes vibrantes, fluidos de vegetación, detalles de color y una enorme piscina de grama, son algunos de los elementos que resaltan en este jardín minimalista de Francisco Sage.

 

Desnudo, pero sin entregarse, el jardín mínimo enseña una gran alfombra verde, donde serpentean caminos de piedra y yace un seto formal que suaviza el perímetro de la tapia y se une a las crestas de las montañas. Hacia el centro, se mira una pagoda de lo más extranjera. Por la puerta, una fuente con un helecho arborescente peca de intrusiva.

 

Apenas asomado en una de sus esquinas, un corredor verde. Tras pasarlo por trámite, hay otro jardín: las flores blancas y rojas agregan matices al espectro; los arbustos y los bambúes dividen las áreas sociales de las privadas y aportan profundidad; las alfombras verdes crean texturas; y las piedras, de todos los tamaños y grises, le dan una personalidad algo prehistórica a este paisaje concebido por Francisco Sage.

 

“En este proyecto rescato la esencia del verde, las formas, los fluidos y las gracias de los materiales en algo que yo llamo ‘Verde Vibrante’”, explica el paisajista.

 

Consciente del verde
Cuando la arquitecta Silvia Thiel invitó a Sage al proyecto, ya había una estructura levantada, pero muchas decisiones arquitectónicas no estaban tomadas. “Existía la posibilidad de ajustar la obra al paisaje, como lo que ocurrió en el área de las habitaciones y en área social del jacuzzi y el rancho”, explica Sage.

          

Así, cada habitación cuenta con su propia terraza con jardín, que le permite a cada quien resguardar su privacidad en caso de una reunión en el rancho, por ejemplo. “La idea es que todo se entienda como un mismo lenguaje, pero que propicie diferentes situaciones”.

       

Estos minijardines se integran al resto del paisaje mediante caminos de piedra. Precisamente este elemento fue uno de los más utilizó Sage, ya que los propietarios son dueños de quebradores. El acceso a piedras de diversos tamaños, texturas y colores permitió darle un carácter relacionado con la familia. “Las piedras no son tan estáticas como se podría creer, ya que cambian de color si llueve, son más luminosas en días soleados o reflejan tonos azules en noches de luna”.

       

Por su parte, la combinación de piedra con vegetación le permitió crear juegos de movimiento y de quietud. “Las losetas están dividas por sisas con piedras en el centro rodeadas por una cobertura que da movimiento y crea la ilusión de estar caminando por un puente”.

       

El área del rancho no está alejada de la casa, sino que se integra a esta por medio de los amplios ventanales, la vegetación y las piedras. En el cielo, una apertura en vidrio permite echarle un vistazo a la luna.

       

Finalmente, la idea de una piscina se sustituyó por una “piscina verde”, sembrada con zacate de alto tránsito, para convertirla en área de juego para los niños.

       

“Esto es lo que llamo paisajismo consciente, donde existe mucha libertad pero ajustada a la funcionalidad que le vayan a dar los dueños. También hace alusión a una conciencia universal, a la sostenibilidad con el medio ambiente y con la vida que va a tener: quiénes viven ahí, si hay niños o mascotas, cuáles son posibilidades reales de mantenimiento, por ejemplo”, explica Sage.

          

*Adaptación  revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.

 
 
 

Por: Patricia Ugalde, periodista* opinion@revistasucasa.com  Fotografía: Rodrigo Montoya y Jorge Navarro