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Pruebas de laboratorio
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Por Patricia Ugalde
Publicado el 02/24/2010
 

Del vidrio roto, una terraza. Del tetrabrik, el techo y las paredes. De embalajes, los muebles. Mézclelo todo en corto tiempo, invierta algo de dinero y como resultado tendrá un edificio de 64 metros cuadrados, habitable y abierto. El creador de la fórmula: el artista y arquitecto Francesco Bracci.

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Pruebas de laboratorio

 

Del vidrio roto, una terraza. Del tetrabrik, el techo y las paredes. De embalajes, los muebles. Mézclelo todo en corto tiempo, invierta algo de dinero y como resultado tendrá un edificio de 64 metros cuadrados, habitable y abierto. El creador de la fórmula: el artista y arquitecto Francesco Bracci.

 

Como en muchos relatos, el protagonista desconocía cuán lejos lo llevaría una idea, en este caso, vinculada a unas anillas de plástico de los populares sixpacks. No creía que su proyecto de crear una intervención que simulara una “marea” plástica en un espacio abierto lo motivara a investigar sobre materiales constructivos y a transformarse en un arquitecto con un proyecto comercial, listo para armar y tal vez patentable. Sobre su devenir trata precisamente esta historia.

 

La idea
“Este trabajo forma parte de un proceso de investigación sobre materiales que arrancó en el 2006, cuando participé en una convocatoria hecha por el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC). Los proyectos ganadores se exhibían durante el Festival Internacional de las Artes (FIA). El mío fue una instalación hecha con tubos plásticos que criticaba la falta de planeación urbana. En el 2008 propuse una ‘marea plástica’ que cubrió varios árboles en La Sabana.

         

Fue entonces cuando me planteé la necesidad de incorporar mis proyectos de arte a la arquitectura”, explica Francesco Bracci.

       

De esta necesidad surgió la idea de su “casa laboratorio”. Con este proyecto, Bracci pretendió cumplir tres objetivos: investigar sobre materiales alternativos y de desecho que generalmente no se usan en construcción, descubrir hasta qué punto podía desarrollar un concepto de vivienda mínima y tercero hallar una fórmula que combinara rapidez y economía al construir.

       

El método
Mientras se tramitaba el permiso de construcción, Bracci solicitó uno para chorrear un planché de concreto y dejar listas las instalaciones mecánicas y eléctricas. Simultáneamente en un taller de soldadura, dos obreros iban armando la estructura metálica de la casa y del techo, las vigas de los entrepisos y las columnas. “El techo se armó en cuatro partes para poderlo ensamblar en el sitio. A las dos semanas, montamos toda la casa en un solo camión, la llevamos al lote y ahí, entre todos, la armamos como un lego”, dice el arquitecto.

       

Los muebles básicos de la cocina, la sala y el dormitorio también se trajeron hechos, solo para armar. Fabricados con madera reciclada de embalaje, estos tienen otra ventaja de practicidad: son multifuncionales. “El sofá central del apartamento del primer piso funciona como cama, biblioteca, caja de seguridad y clóset”.

       

Con respecto a los acabados, Bracci usó muchos materiales de desecho como madera plástica para las paredes y los decks, láminas de tetrabrik prensado para el cielo raso, el entrepiso y algunas paredes interiores y botellas de vidrio trituradas para hacer un piso de concreto lavado –que se hace con piedra– en los pisos de la entrada y la terraza. También cubrió con un cartón acústico, desmontado de fábricas, las paredes posteriores.

       

Un punto extra del método: los materiales no fueron usados por capricho o por simple ecología. También tienen su función constructiva: por ejemplo, la madera plástica es resistente a la humedad, plagas e insectos, además de ser muy fuerte y flexible, y las láminas de tetrabrik ahorran la necesidad de repellar o pintar, ya que de por sí tienen una textura interesante de acabado.

       

Los resultados
En un pequeño lote de Escazú, Bracci ensambló un edificio de dos plantas, cada una ocupada por un apartamento de 32 metros cuadrados que incluye: decks y terraza, dos dormitorios –uno de los cuales funciona como sala, comedor y dormitorio–, la cocina, y en el piso superior, un cuarto de pilas techado.

       

“Considero que no hace falta tanto espacio para vivir bien y que este sistema es eficiente por tiempos más que todo. Sin embargo, calculo que el metro cuadrado de construcción cuesta en $450”.

       

¿Casas en cajas listas para armar?
“No es mala idea”.

         

*Adaptación  revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.

 
 
 

Por: Patricia Ugalde, periodista* opinion@revistasucasa.com  Fotografía: Rodrigo Montoya