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El hombre del año
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Por Marìa Montero
Publicado el 02/22/2010
 

Catorce obras de Manuel de la Cruz González ya son parte del Paseo de los Damas, en San José, mientras que unas cuadras hacia el norte, el Museo Calderón Guardia amplía una propuesta que, hace 30 años, protagonizó un escándalo. Todo se suma al centenario del nacimiento del artista.

Sucasa 53


El hombre del año


El hombre del año

Catorce obras de Manuel de la Cruz González ya son parte del Paseo de los Damas, en San José, mientras que unas cuadras hacia el norte, el Museo Calderón Guardia amplía una propuesta que, hace 30 años, protagonizó un escándalo. Todo se suma al centenario del nacimiento del artista.

Los murales de Manuel de la Cruz González (1909-1986) que acompañan el recorrido del Paseo de las Damas ya no son del todo suyos. Desde que la Municipalidad de San José comenzó a instalarlos, en noviembre del 2009, estos pequeños monumentos elaborados en mosaico cerámico engrosan una colección de arte público de la que todo el mundo podría sentirse dueño. Esa es la idea. Al menos en principio.
Las 14 piezas, de tres metros por tres, no solo dominan la sensación de transitar una ciudad amigable aunque solo sea durante un breve lapso de la avenida 3, del antiguo cine California al parque Morazán sino que arrojan pistas sobre la vida de este gran artista costarricense, en cuya obra también se imprimieron los desafíos del exilio político.
Los murales reproducen algunos de los cientos de bocetos que González realizó para sus lacas, entre los años 50 y 70, y en las que planeaba materializar sus ideas sobre la abstracción geométrica, pero que debido al rechazo definitivo que suscitaron no llegó a confeccionar. Al mismo tiempo, traen implícitos los mismos cuestionamientos de modernidad a los que, aún hoy, se enfrenta la vieja aldea josefina.
Considero que las lacas de Manuel de la Cruz son el punto culminante de las artes plásticas costarricenses. Desde entonces, no creo que se haya vuelto a hacer algo con la misma calidad, intensidad y profundidad, opina el pintor Luis Chacón, curador del municipio y principal responsable, junto a las hijas del maestro, Guadalupe y Mercedes González Kreysa, de que se pueda apreciar públicamente el legado del artista.
Pese a lo desconocidas que son, el recorrido urbano empieza con la imagen de una de sus lacas más populares: Síntesis del ocaso (superposición de cuadros de color azul, negro y amarillo, subrayados por una línea blanca), a un costado de lo que queda del antiguo cine California. Después, van apareciendo otras como Amarillo permanente, Blanco continuo, Rojo continuo y Espacio cósmico.
Que podamos tirar a la calle las lacas de Manuel es algo magnífico. Que podamos enfrentar al público con el arte abstracto costarricense es muy saludable, defiende Chacón, quien incluyó un aporte suyo al proyecto de rehabilitación del Paseo: en los desniveles de la plataforma que culmina con una explanada frente a la antigua Estación del Ferrocarril al Atlántico, así como en el obelisco y la estatua de Tomás Guardia, Chacón dejó una interpretación muy libre pero muy consecuente de las lacas de González, también con la técnica del mosaico cerámico.

Hombre en público
Mientras tanto, a pocas cuadras del Paseo de los Damas, el Museo Calderón Guardia cerró un año de exposiciones locales dedicadas al maestro con la inauguración, en diciembre, de una colección originalísima que amplía la propuesta urbana del ayuntamiento josefino.
Por iniciativa de Luis Núñez, su director, el Museo exhibirá una serie inédita de 25 lacas de formato mediano con su respectivo boceto, producidas expresamente para la ocasión y destinadas a restaurar el carácter visionario de su creador. La selección de las piezas, las cuales jamás se han exhibido juntas, estuvo a cargo de la curadora Mercedes González Kreysa y el propio Núñez.
Es obra reciente de un artista que murió hace 23 años. Pondrá a prueba su actualidad, asegura Núñez. Tuvimos que seleccionar entre miles de bocetos. Hicimos una curaduría donde se dejaron las más conocidas como referencia, más el aporte de las lacas definitivamente nuevas, para dar el concepto general de lo que Manuel de la Cruz pensaba con respecto al arte y la abstracción geométrica.
A diferencia de las cuatro lacas que el artista realizó en vida, sobre plywood y mazonite con pintura industrial, esta colección fue realizada sobre turpán, que impide la absorción de la humedad, con todos los revestimientos químicos modernos y esmalte industrial gloss. Lógicamente, la idea fue actuar a favor de su conservación.
Paradójicamente, si algo distingue a González en la historia del arte local es su obra abstracto-geométrica, lenguaje del cual fue precursor y cuyo desarrollo inició a mediados de los años 50, en Maracaibo, Venezuela. Sin embargo, pese al reconocimiento que le ha dado la historia, parece que sus lacas excedieron las temperaturas locales de aquel entonces ya que, además de su provocación visual, su proceso de producción requería de un personaje inédito en el mundo del arte costarricense: un artesano. Mejor dicho, algo impensable: un pintor automotriz.
Al inicio, sus obras de tendencia abstracta eran elaboradas mediante las técnicas tradicionales. Luego, las abstracto-geométricas fueron concebidas para la técnica del laqueado (lacas) e implicaron una realización de acuerdo con nuevas pautas, que los artistas de la época consideraban como los avances técnicos del momento, apunta la curadora Ileana Alvarado. El pintor seguía siendo el creador, pero la ejecución técnica podía ser realizada por otra persona, en este caso un laqueador, que trabajaba de acuerdo con el boceto suministrado por el artista.
Así comenzó a abrirse la brecha entre el artista y su entorno. Durante 20 años, Manuel de la Cruz González habló en un lenguaje ininteligible para la mayoría de sus compatriotas, hasta que en 1971, en el marco de una exposición centroamericana, la crítica colombiana Marta Traba venció por nocaut: sus calificativos provocaron que González abandonara definitivamente el arte abstracto.
Manuel de la Cruz fue contestatario y revolucionario, un hombre vehemente. Poseía una curiosidad extraordinaria que no se limitó a las artes plásticas, comenta Núñez. Hizo lo que le dio la gana pero pagó un precio muy alto. Ojalá que el país esté preparado para su obra. Mientras que para él sus lacas siempre fueron la parte más pura de su arte, también fueron su decepción más profunda. Está de más decir que jamás vendió una sola.
Esta exposición, que estuvo abierta hasta el 10 de enero, anticipó una gran retrospectiva durante el 2010, en este mismo museo.

*Adaptación Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa.

Por: María Montero, escritora y periodista* opinion@revistasucasa.com / Fotografía: Osvaldo Quesada