- Por Randall Zuñiga
- Publicado 02/22/2010
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El viejo Steinvorth 103 años después de que figuras de camellos, conejos y chompipes hicieran nido en su fachada, un fragmento del antiguo almacén Steinvorth perdura. Dentro de él, Julián Mora puso a soplar nuevos aires hasta alcanzar la primera etapa de su restauración. “Se trata de resaltar la ruina”. La calle uno sigue alumbrada por los faroles en los postes de luz, como hace 100 años. “No quiero que se vea como hace 100 años, sino que se vea como es hoy”. El reflejo de la luz del alumbrado público juega con la textura de ladrillo centenario, recién liberado de múltiples capas de pintura. El arquitecto Julián Mora rescató un rincón del mítico edificio Steinvorth, otrora almacén de una capital en ciernes y ahora símbolo del rescate urbano que merece –con urgencia– San José. Desde su construcción en 1907, la obra ha sufrido un sinfín de modificaciones espaciales y de uso, siendo las más tristes la demolición de más del 50% de la obra original a mitad del siglo pasado. Los vestigios que perduran lucen opacos bajo las cortinas metálicas, los medidores de luz y los “agregados”. Mora –junto a otros arquitectos de la firma Terrarum– detalló un plan ambicioso que reúne el rescate del edificio principal, la rehabilitación de un lucernario y la creación de un edificio de comercio, oficinas y vivienda hacia el interior de la cuadra. El primer paso hizo que Mora se apropiara del nivel superior del edificio principal, con el fin de generar el cambio a partir de una obra puntual. El resultado es el restaurante, bar y galería El Steinvorth. “Acupuntura urbana”, diría Jaime Lerner. Art nouveau El Viejo Continente era un anhelo comprensible en los inmigrantes españoles, italianos o alemanes, como don Otto, oriundo de Hannover. En la arquitectura, la tecnología del vidrio y el metal era asumida por muchos para mostrar sus productos desde amplios ventanales, mientras que la vanguardia del art nouveau mezclaba estos adelantos con un trabajo más artesanal, como los ladrillos. Esa confluencia de factores redundó en el almacén Steinvorth, diseñado por el italiano Francisco Tenca e influenciado por la obra “románica richardsoniana” de Henry Hobson Richardson y, por vínculo directo, por los palacios florentinos. De ahí que en la fachada aún se aprecie un trabajo meticuloso y antediluviano en donde Tenca representó con sus adornos un arca repleta de motivos animales y florales. El abandono En el caso de don Otto y su heredero, Ricardo Steinvorth, la bonanza concluyó con la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes fueron apresados y sus bienes confiscados, bajo la presunción arbitraria de colaborar con Adolfo Hitler. Pocos años después de que en 1950 recuperara el edificio, Ricardo debió vender su extremo norte a Samuel Grispa, quien lo demolió para construir una mole de seis pisos. La historia de abandono y groseras intervenciones continuó hasta hace escasos tres años, cuando Mora y Terrarum desarrollaron una investigación sobre el inmueble y lo propusieron para el certamen Salvemos Nuestro Patrimonio, del Ministerio de Cultura y Juventud, que otorga 100 millones de colones para intervenir edificios históricos. Allí consiguieron una mención de honor aunque nada de efectivo. Mora, sin embargo, se comprometió a desarrollar el segundo nivel del edificio principal donde en los ochentas tuvo su lugar el bar Risas –de paredes afelpadas y neón–. La intervención El resto fue mostrar esa “ruina” con toda su crudeza, y delatar las intervenciones actuales con la pulcritud del blanco de las paredes nuevas y el diseño moderno de los muebles aportados por la tienda Altea. El resultado es una variante del loft neoyorquino convertido en una doble galería: el edificio como tal, y las obras de los artistas emergentes Luciano Goizueta y W (Vinicio Jiménez y Paz Ulloa). “La idea es poner el edificio en condiciones apropiadas para el nuevo contexto urbano, promocionando el uso mixto y el repoblamiento de San José”. Las nuevas etapas del Steinvorth brillan en los ojos de Julián. “Pero primero hay que crear puntos de convergencia y de reunión para la gente, y luego desarrollar vivienda”. Este punto en particular ya está pintado, recién perfumado y expectante. San José lo merece.*Adaptación Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa. |
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Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.co.cr / Fotografía: Rodrigo Montoya / Mobiliario: cortesía de la tienda Altea |
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1 Respuesta a "El viejo Steinvorth" 
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said this on 25 Aug 2010 12:10:34 AM PST
He ido muchas veces a disfrutar de una tarde de café, o una noche de buena música al Steinvorth, y siempre me había preguntado; q era este lugar antes de ser lo que es ahora, ya me quedó claro esa duda, en lo personal me interesa mucho la historia de los edificios viejos de San José, como estudiante de Arquitectura, es casi que una obligación saber de estos inmuebles josefinos por todo su valor tanto arquitectónicamente como de su pasado.
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