- Por Andrés Fernández
- Publicado 01/8/2010
- Rescate Patrimonial
- Sin calificación
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Puriscal y la iglesia de Santiago Apóstol“En uso o no, representa el esfuerzo y la fe de miles de puriscaleños que entregaron parte de su tiempo y sus recursos con el pensamiento puesto en construir una casa del agrado de Dios.” Antes de la mitad del siglo XIX, la emigración interna del Valle Central, en busca de tierras libres para su explotación agrícola por parte de colonos criollos, tuvo dos rutas principales: una con rumbo noroeste partiendo de Alajuela y otra con rumbo suroeste partiendo de Escazú. Por eso, poblada por campesinos provenientes de los actuales cantones de Desamparados, Alajuelita y Tibás, al amparo de los Cerros de La Candelaria y Turrubares y a 41 kilómetros de la capital, se encuentra la pequeña ciudad de Santiago de Puriscal, cabecera del cantón 4.° de la provincia de San José. De topografía quebrada y bien irrigada, el nombre del valle proviene del “purisco” o flor del frijol, cultivo que abundó en la zona, considerada un granero del país. La parroquia y la iglesia Conocido originalmente como Cola de Pavo, la primera ermita del lugar se construyó en 1858, pero no sería sino tres años después de la creación del cantón, que se erigió su parroquia en 1871 bajo la advocación de Santiago Apóstol, patrono de Puriscal. Para albergarla, hacia 1900 se construyó una iglesia de madera, la que, para inicios de los años treinta, ya era considerada pequeña para una población en crecimiento. Fue entonces cuando siendo párroco el presbítero Recaredo Rodríguez, se creó en 1936 la Junta Edificadora del que llegaría a ser centro e icono de ese cantón; y como en aquel tiempo no había en el lugar ningún edificio de concreto pero sí mucha madera de gran calidad, se pensó en hacerlo de ese noble material. No obstante, luego se decidió edificar la nueva iglesia en concreto, con el expreso deseo de “construir un templo de los mejores que pudieran existir en el país”. Construida en concreto armado y ladrillo confinado, su maestro de obras fue el señor Raúl Cascante, mientras a cargo de la ejecución del diseño del arquitecto Teodorico Quirós estuvo el ingeniero Jacinto Rodríguez, ambos responsables también de las obras del templo de San Isidro de Coronado. La mano de obra, por su parte, correspondió casi toda a los puriscaleños mismos, de adultos a niños, como es el caso de don Antonio Berrocal, que a sus 82 años y frente a la misma iglesia nos contó: “Sí, claro: me acuerdo cuando la estaban haciendo. Yo estaba pequeñillo, como de siete años, y venía a ayudar a jalar piedrillas así, chiquitillas, y otros señores grandes traían sus carretadas de piedras también.” Su construcción y arquitectura El templo de Santiago Apóstol duró en construcción más de una década, pues fue hasta 1949 en que se concluyó su fábrica o volumetría principal; tiempo durante el cual los vecinos del centro iban a misa a la iglesia de Barbacoas, mientras continuaban las obras que no serían finalizadas totalmente sino hasta 1965, luego de casi treinta años de iniciadas. Este es un edificio neo-románico, de aires medievales y planta de cruz latina, cuyo cuerpo longitudinal mide 50 metros de largo y el transversal o transepto 28 de ancho. Alberga tres naves, la central de esbelta proporción de 25 metros altura e iluminada por ventanales laterales de triple arco de medio punto a modo de colorido clerestorio, espacio que rematan las columnas de un ábside interior, cuya bóveda fue decorada por el artista local “Billo” Delgado con la imagen del clásico Santiago “Matamoros”. Como ella, las naves laterales tuvieron cielo raso abovedado construido en maderas de cedro y caoba, pero su menor altura y la luz blanquecina proyectada por sus ventanas individuales de arco de medio punto les brindan un aire menos imponente. La fachada principal, por su parte, es de pórtico sencillo y rematado por una balaustrada, con un gran paño cuadrangular que luce un rosetón de colores y es flanqueado por dos torres de 35 metros de altura, antes de terminar en un frontón triangular sin decorados; mientras los pórticos laterales o del crucero, a su vez, repiten en su sencillez el mismo diseño. Orientada canónicamente de oeste a este y de elegante estampa de por sí, la composición arquitectónica descrita se ve realzada por la ubicación en promontorio que le brinda la topografía del lugar. De las grietas a los terremotos Lamentablemente, como toda la cabecera del cantón de Puriscal, su iglesia se ubica también sobre una falla sísmica local que, desde 1955 en que aparecieron en la construcción las primeras grietas, ha provocado no solo su parcial hundimiento y posterior deterioro, sino que también tras los terremotos de 1990 llevó a clausurarla y sustituirla por una nueva a un par de cuadras de la original. No obstante, el patrimonio histórico-arquitectónico de los puriscaleños, y su valor social, como ella misma, sigue en pie aun hoy en día. Mas declarada inhabitable y enfrentada a su posible demolición. Basta un sondeo informal en la comunidad para ver que la opinión está apenas dividida, pues es claro, sobre todo entre los mayores, que la memoria social está de parte de su conservación, o de de su restauración tal cual. Otros, pensando más bien en el respeto debido a sus antepasados, piden al menos que se conserve como está. Y es que pese a las opiniones en sentido contrario de autoridades competentes, existe una propuesta para rehabilitarla con un nuevo uso cultural comunitario, conservando así su valor testimonial y el recuerdo de múltiples generaciones de puriscaleños que encierra el viejo templo de Santiago. Pues al fin y al cabo, entre opiniones varias o divididas, no habría que dejar de lado tampoco lo que desde el Asilo de Ancianos de Puriscal, donde lleva sus días, nos comentó doña María Agüero: “Yo no pienso ni que sí, ni que no, porque solo Dios sabe si se va a caer o va quedar en pie. Porque vea usted, la abandonaron hace años y ahí está: nada que se ha caído… ¡así que solo Dios sabe!”. *Adaptación Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa. | |
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Por: Andrés Fernández / Fotografía: Rodrigo Montoya |
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