- Por Revista Su Casa
- Publicado 01/8/2010
- Arte
- Sin calificación
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Diseño responsable más allá del reciclaje En el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo casi cincuenta proyectos conjugan ética y estética. Arquitectos y artesanos, diseñadores y artistas aceptaron el desafío de crear con el ambiente en mente. Hace unos cuantos años que lo que no es eco es bio; sin embargo, esos prefijos no habían llegado al arte. Hasta que, ahora, el más contemporáneo de los museos de nuestro país convocó a cuanto diseñador estuviera dispuesto a crear con el ambiente en mente. Más de 50 se apuntaron y 41 pasaron la prueba; es decir, consiguieron con sus obras conjugar estética y ética y, como premio, lograron exhibirlas dentro de la exposición Diseño Responsable. Ambiciosa como pocas, esta muestra ocupa, desde mediados de noviembre y hasta finales de enero de 2010, dos de las salas del MADC. Luego, los objetos buscarán colarse en comercios, los proyectos materializarse en comunidades y los artistas agruparse en un catálogo-directorio. “Para enmarcarse dentro del Diseño Responsable no basta con escoger materiales amigables, también, se trata de diseñar pensando en satisfacer las necesidades antes que los deseos, conseguir que las obras impacten a la comunidad y que, ojalá; además, rescaten aspectos de nuestra cultura… ¡casi nada!”, enumera y se asombra Hugo Pineda, el curador de la exposición. Eso sí, dentro de tan estricto marco teórico cabe de todo: zapatos, lámparas, afiches, sillas, revistas, enaguas, sombreros, bolsos, bancas para parques y hasta casas completas… En fin, un muestrario de la buena vida que quienes visiten la muestra podrán aprovechar ya que, como el verdadero trabajo del diseñador comienza cuando los objetos que ha creado se empiezan a usar, los espectadores de Diseño Responsable están más que invitados a mecerse en las hamacas que Francesco Bracci tejió utilizando las mallas plásticas que unen los six packs, probarse los sombreros arbóreos que Sidhartta Mejía interviene con papel periódico y cortezas de árboles y tumbarse bajo “la sombra” del jardín colgante de Andrés Cañas, hecho con cuerdas, argollas y que sirve como prototipo del que, dentro de unos meses, comenzará a construir en la Plaza Mayor de Curridabat, entre otros. Segunda oportunidad Automático y desechable, el frenesí cotidiano se impone. Así, las etiquetas que dicen eco o bio, en general, solo aminoran la culpa de tirar a la basura lo que está viejo y usado. Pero lo inservible es, justamente, lo que en esta exposición se convierte en materia prima: repuestos automotrices que se iluminan en las lámparas textiles de Paulina Ortiz, o tubos de PVC que, por arte del arte de Paco Cervilla, se convierten en bancos, lo mismo que en faros inmensos cuya luz fosforescente da la bienvenida a la exposición e ilumina el recorrido. “Rebuscando en el clóset encontramos, por ejemplo, pantalones y jackets de cuero tan ajado que ni el más valiente de los retros se atrevería a volver a enfundarse… le dimos al material una segunda oportunidad y aparecieron los bolsos de esta colección”, explica Yara Salazar quien, junto con su madre, Marta Hidalgo, acaba de estrenar la marca Va.de.nuevo. Y es que muchas de las piezas que se exhiben en Diseño Responsable nacieron, prácticamente, dentro de esta iniciativa y con el aval del MADC. “La intención es que la exposición sea, más que una vitrina, un espacio de experimentación. Proveerles a los diseñadores los materiales, acompañarlos en el proceso de creación, verlos interactuar y contactarlos no solo con el público sino también con empresas que pueden colaborar con ellos y beneficiarse del intercambio”, comentó Fiorella Resenterra, directora del museo. Sobre la marcha, en el MADC se les ocurrió crear cuatro íconos que junto al nombre del creador y de su obra identifican, visual y brevemente, cuán sostenibles son los diseños: “si el proyecto cumple con los parámetros ecológicos en la cédula aparece una hoja; si cubre las necesidades de todas las personas implicadas en su producción, uso, desecho o reutilización le ponemos el “sello” social. Además, señalamos si es económicamente competitivo en términos de mercado y si rescata elementos de nuestro paisaje e idiosincrasia también tiene un distintivo”, enumera Pineda. El curador explica que, además de puntuar las obras, los íconos le ayudan a los espectadores y a las empresas e instituciones interesadas en colaborar a evaluar el potencial de cada una de ellas. Grandes ideas, inmensas intenciones Pero no todos los diseños que forman parte de esta muestra caben en el MADC. Los arquitectos que forman parte de la nómina de expositores presentaron proyectos que sumados reciclarían Costa Rica entera. En el pacífico, Alejandra Argüello, Tomás Barry, Adrián Bonilla, Minor Martin, Roberto Romero y María Ester Serrano proponen edificar una serie de Casas Manglar que reutilizan las chapas de zinc y los plásticos con los que los habitantes de la Isla Islita levantaron sus ranchos y las combinan con modernos sistemas ecológicos de purificación de agua y energía solar. Mientras, en la otra punta y junto con la comunidad indígena de la zona Huetar Atlántico, Roy Jiménez muestra cómo es posible edificar modernas viviendas de interés social que rescatan elementos de la arquitectura tradicional. Y la cuidad no se escapa del rediseño: Kylah Yee De Castro imagina un bosque que circunde los cementerios y en el que se plante un árbol por cada persona enterrada para convertir la última exhalación de unos en un respiro para otros y Carmen Zúñiga apuesta que el reciclaje urbano es la única manera de volver a darle vida al Paseo Colón. Así, un recorrido por Diseño Responsable demuestra que eco y bio son mucho más que prefijos de moda. *Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
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Por: Camila Schumacher* opinion@revistasucasa.com / Fotografía: Adriana Artavia |
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