- Por Revista Su Casa
- Publicado 01/8/2010
- Arte
- Sin calificación
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Piedra, papel, tijera Roberto Lizano sabe cómo serse fiel. En Juego de líneas, su primera exposición del 2009, no faltaron dibujos que alaban al Dibujo, ni materiales asociados a su firma desde hace más de dos décadas, como el cartón. Roberto Lizano no quiso decir lo mismo de siempre, solo dijo que lo mismo puede ser siempre otra cosa. Por eso, las 17 piezas con las que entró y salió de la Galería Nacional en julio anterior no pretendían señalar un cambio de ruta en su carrera sino sumarse a un viaje artístico ininterrumpido –deliberado aunque incierto–, y que aún está muy lejos de acabarse. En su primera exposición individual del año, Lizano volvió a presentarse con cajas de cartón, papeles, fotos de anticuario y toda clase de recolecciones al pie del camino, como trozos de cerámica precolombina y marcos antiguos. “En esta y en todas las exposiciones que tenga, seguiré mostrando un popurrí”, dice Lizano, convencido de que el auténtico popurrí es él mismo y que por eso jamás dejará de encargarse personalmente de seleccionar y curar todas sus exposiciones. “Trato de que cada obra sea única para mí y para los demás. Usualmente los artistas tratan de exponer series, pero a mí, como público, eso me aburre”. La mayoría de las obras que finalmente entraron a formar parte del juego fueron realizadas este año y no tenían experiencia previa con el público. Solo habían sido exhibidas un par de ellas, como las que realizó en Puerto Rico durante una estadía artística, inspiradas en el óleo “Las hijas del Gobernador don Ramón de Castro”, de 1797, obra inaugural del arte puertorriqueño. También estuvieron presentes uno de sus conocidos autorretratos (un dibujo a lápiz que aspira a la tridimensionalidad), “El amigo invisible”, “Goodbye China” y “Welcome China”, entre otros dibujos, instalaciones, collages y ensambles que, a grandes rasgos, rendían homenaje a la línea como base del diseño de una obra plástica. De hecho, el título surgió de una pieza que desarrolló en una noche, sobre 18 páginas blancas, y en la que se dedicó a jugar y a “estirar” un punto. El arte de encontrar “Mis constantes son mis materiales”, dice Lizano, con evidente satisfacción. “La actitud que tengo con la comida es la misma que uso para hacer arte. Trabajo con lo que hay y cocino con lo que tengo. Me gusta sorprenderme”. Y lo que hubo para él, al menos en buena parte de su primer menú artístico, fueron cajas y cajas de cartón. Los años 80 resultaron precursores: los grandes almacenes las botaban al pie del edificio donde vivía, en Nueva York, y él las notaba cada mañana. De notarlas pasó a recogerlas, y una cosa llevó a la otra. Incluso cuando su relación artística con el famoso galerista neoyorquino Julian Pretto rindió frutos suficientes como para cambiar a cualquier soporte, por costoso que fuera, Lizano siguió fiel a sus cartones. “El mundo del arte no valora el papel, cuando la conservación de una obra depende de lo que vos la cuidés. Las cajas tienen para mí un valor único, tienen personalidad y representan su época y su circunstancia”, asegura. “Ahora, cuando necesito cajas, las compro en el súper. Las de la calle ya tienen dueño”. Del cartón y sus derivados Esta primera determinación frente a un hallazgo formal marcó una vocación que, hasta hoy, identifica de antemano su firma: la materia prima de la obra de Roberto Lizano no sale de almacenes especializados ni representa una visión académica del arte; lo suyo es el material de desecho, el tesoro marginal encontrado por azar y, generalmente, invisible para la mayoría. Eso que en la historia del arte fue acuñado hace un siglo como object trouvé o ready made y que revelaba, en primer lugar, que la descontextualización y uso artístico de un objeto que no fue creado con fines estéticos es capaz de crear nuevas ideas para ese objeto. “A veces la caja no es lo importante sino lo que lleva inscrito, lo que significa la caja”, explica Lizano. Vivir en el corazón de San José no solo ha favorecido su espíritu recolector sino que ha decretado su personalidad artística. En su histórico apartamento de Barrio Amón, donde se le encuentra desde hace 31 años, Roberto Lizano vive rodeado de evidencias. No miente cuando afirma que tiene “miles y miles de dibujos”. En todas las paredes, todas las gavetas y todos los espacios libres de plantas o antigüedades, hay dibujos. Suyos y de otros. También hay lienzos, pequeñas obras tridimensionales y cuanto traste irradie temperamento. Tampoco miente cuando asegura que viaja mucho pero que no le agradan los viajes de diez minutos. Que a él le gusta quedarse “un rato y saborear”. Su apartamento delata que él ha sabido nutrirse de Corea, Japón, México, Cuba, Venezuela… “Sin embargo, al chancho con lo que lo crían”, ríe Lizano. “Aquí están todas las cosas que respeto y amo, las que no voy a encontrar en otro sitio. No hay lugar en el que me sienta mejor que en mi propia casa. Es como estar en mí mismo”. *Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
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Por: María Montero, escritora y periodista* opinion@revistasucasa.com / Fotografía: Jeannine Cordero |
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