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Mar Adentro simplemente de ensueño
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Por Inti Picado
Publicado el 01/8/2010
 

Desde la calle principa, no se observa, y salvo un letrero que anuncia su presencia, la vegetación y la distancia del lugar la ocultan

Sucasa 52


Mar Adentro simplemente de ensueño
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Mar Adentro simplemente de ensueño

Desde la calle principa, no se observa, y salvo un letrero que anuncia su presencia, la vegetación y la distancia del lugar la ocultan. Es la vivienda Mar adentro, diseñada por el arquitecto yucateco Javier Muñoz.

Cuando se avista, la casa luce imponente. No solo su cuerpo principal está a varios metros sobre el nivel de la calle de acceso, sino que la pulcritud de sus volúmenes y su elegante simetría hacen avasalladora su presencia.

La bienvenida

Lo primero en recibirnos son unos volúmenes recubiertos en piedra oscura, alineados sobre la colindancia oeste y, por supuesto, cerrados a esta, así como también a la cara este. El sol, como hemos explicado al hablar de otros trabajos de Muñoz, es un elemento que el arquitecto ha sabido dominar, con una dosis de respeto y otra de sapiencia.

Una sucesión de escalones nos lleva finalmente al acceso principal, desde donde franqueamos un imponente cerramiento en madera, acento perfecto al blanco predominante. Así, un cómodo vestíbulo abre a un vacío central, espacio que da amplitud a toda la casa y que alberga el núcleo de escaleras y el comedor.

Este amplio aposento es el eje de simetría de la casa. Si trazáramos una línea imaginaria de norte a sur, tendríamos dos volúmenes prácticamente iguales. Las escaleras, en su blanco perfecto, resaltan sobre la piedra oscura que cubre toda la doble altura, elemento recurrente en los trabajos del arquitecto. Pasando el comedor y siguiendo unos pasos más al frente, nos topamos a la derecha con la sala, que mira hacia el mar gracias a un amplio ventanal.

En el lado contrario de la sala, a la izquierda del comedor, una puerta nos lleva a la cocina, un amplio aposento de líneas claras y trazos sencillos; tan cómoda como podamos imaginar, sin nada que le falte, pero tan bien sin nada que le sobre.

En lo alto

Al subir a la segunda planta, nos topamos con un puente que rodea la doble altura del núcleo del comedor. Hacia el sur, es decir, al lado contrario de donde subimos, el puente conduce a un amplio cuarto de televisión, lugar de reunión de la familia completa. Este aposento forma a su vez un volumen que salta de la fachada sur, la que nos recibe al llegar al conjunto, y que cubre el acceso principal de la casa, dándole sombra y jerarquía.

En el lado opuesto, al norte, un par de puertas nos llevan a dos dormitorios, cada cual con su propio walk-in closet y baño, además de un par de balcones –uno viendo al norte y el otro al sur–, que en la fachada principal se esconden detrás de unas persianas de aluminio que, al tiempo que tamizan la luz, ofrecen privacidad a los aposentos.

Ahí mismo, y siguiendo el eje central de la vivienda, un pasillo nos lleva a otros dos amplios dormitorios. Este eje de circulación se enfatiza con un elemento presente en otros trabajos de Muñoz: una abertura que permite la entrada cenital de la luz, que el arquitecto tamiza gracias a una serie de piezas de madera. Así, llegamos a estos dos aposentos –los más privilegiados del conjunto por su vista espectacular al mar– iguales en tamaño y con un walk-in closet y un baño más amplios.

Escaleras abajo, mar adentro

Si nos devolvemos sobre nuestros pasos y cruzamos el umbral que divide el comedor de la terraza que mira al mar, nos topamos con una espectacular piscina; y más allá, el azulado mar.

Acá, como es común en las casas yucatecas, nos encontramos con una terraza a la sombra, gracias al volumen que forman los dos cuartos principales que descansan sobre dos sólidas columnas redondas. Todo invita a quedarse: la suave brisa marina, el sonido cercano y susurrante de las olas, la sensación de eternidad que se respira.

A unos pocos pasos de distancia encontraremos el área de la piscina. En todo momento, pero sobre todo al atardecer, cuando el amplio cielo yucateco se viste con sus mejores trajes de colores intensos, su perfecto reflejo devolverá al cielo sus tonos. Desde allá, unos minutos más tarde, las estrellas saludarán con su luminoso tintineo.

*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.

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Por Inti Picado, colaborador* opinion@revistasucasa.com / Fotografía: Rodrigo Montoya