- Por Randall Zuñiga
- Publicado 01/8/2010
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Sentimiento Bali A partir de la esencia balinés de la textura y el vínculo con la naturaleza, Mauricio Gamboa concibió un proyecto versátil en uso y sensaciones. Cuando las amplias puertas se abren, una cascada sobre una pared de piedra da la bienvenida. Sin embargo, puertas afuera, la casa pasa desapercibida por completo sobre la calle empedrada de un ramal de Manuel Antonio, en el Pacífico Central. Es solo cruzando esta cascada que el proyecto comienza a mostrarse en toda su extensión: en el alcance de su diseño y decoración, así como en su tamaño. El arquitecto Mauricio Gamboa buscó la discreción a partir de una tesis básica: la casa sería vacacional y debía de convertirse en un santuario. Santuario balinés, para ser más preciso. La evocación Lo que no cambió fue el afán del cliente por conseguir un proyecto que evocara la esencia balinesa de la libertad espacial, el vínculo con la naturaleza y las soluciones pasivas para el clima. De ahí que Gamboa se guió con estas máximas, adaptándolas al caso particular costarricense. Además, la diseñadora Seda Sejud terminó de darle forma al diseño interno mediante mobiliario y obras traídas de la isla. A través de toda la obra, se siente un profundo esmero por los detalles en acabados, aunado a la selección de mobiliario y decoración. El diseño de Gamboa se complementó al desarrollado por Sejud para elegir acabados, espacio por espacio, que hiciera de la obra un crisol de sensaciones provocadas. El concreto, lajas de piedra, piedras de río, madera, bambú y porcelanato toman parte de pisos, paredes y cielos, mezclados con discreción y sin sobrecargar. Asimismo, el mobiliario lleno de fibras naturales por doquier y piezas talladas a mano añaden el toque humano y místico de la isla indonesa. Las casas de la villa Precisamente, en este espacio se ubicaron las áreas de servicio, con el fin de crear un bloque rígido que aísle aun más la calle pública de la obra. Hacia la derecha de la cascada se abre el área social del proyecto inferior: sala, comedor y cocina en un amplio espacio marcado por el juego de materiales y patrones en el piso. Un ejemplo: las gradas que llevan a este nivel son de concreto y este está texturizado con hojas de guarumo, el mismo que rodea en buena parte la obra y cuyos huéspedes dieron nombre al proyecto: Los perezosos. La disposición del volumen se muestra más claramente: el arquitecto buscó 180 grados de vista hacia el Océano Pacífico y el Parque Nacional Manuel Antonio. De ahí que buscó una composición radial, dotando de vista a todos los espacios: desde el área social, hasta los baños. La orientación, además, aprovecha la brisa marina dada la apertura de los paños de vidrio que miran al pacífico. En el siguiente nivel inferior, se encuentran dos habitaciones, ambas abiertas mediante una terraza y dotadas de acento balinés en cada detalle del mobiliario y los acabados. En tanto, en los niveles 3 y 4 se desarrolla, a modo de penthouse, la segunda parte del proyecto. Esta cuenta con una nueva cocina, comedor, sala y dos habitaciones, así como una sala superior para realizar yoga, disfrutar la vista y el jacuzzi. El resultado es una obra profundamente ligada a la naturaleza, desde las fugas visuales hasta el océano y el parque nacional, hasta los materiales utilizados para acentuar o enmarcar los distintos espacios. Siempre con los sentidos anclados en Bali.*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa. | |
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Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.co.cr / Fotografía: Rónald Pérez |

