- Por Daniella Fernandez
- Publicado 01/6/2010
- Especiales Multimedia
- Sin calificación
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Un paréntesis en la montaña Instaurado en el bosque nuboso de Monteverde y rodeado de un establo, Green Leaf Spa ofrece las mejores vistas que una sala de masajes puede facilitar. Lo que alguna vez fue un potrero es hoy un centro de relajación donde el paisaje es el protagonista y la hospitalidad de una familia, la anfitriona. Durante la Guerra de Corea (1950), un grupo de cuáqueros abandonó su tierra natal (Estados Unidos) en busca de un sitio pacífico. Monteverde, tierra en la que escaseaba la electricidad pero sobraba la naturaleza, fue el destino adoptado. La menor de los Campbell se casó con un costarricense de apellido Beeche y juntos iniciaron su proyecto. En un principio, en la finca solo se alquilaban caballos pero la demanda amplió sus expectativas. Las mismas circunstancias que convirtieron esas 60 hectáreas en terreno privado, dieron origen al Green Leaf Spa. Las cuatro habitaciones para tratamiento se construyeron por petición de los huéspedes, agotados tras las caminatas en el bosque y deseosos de continuar rodeados de verde. Con la apertura de ventanales hacia los árboles y al separar el spa del resto del Hotel El Establo se mantuvieron las fugas visuales y el silencio de las montañas. A parte de la ubicación, los turistas dictaron el concepto arquitectónico: baños privados, cielorrasos altos y materiales resistentes al frío. Estas y otras necesidades detectadas por los hijos del matrimonio las concretó el arquitecto Jorge Beeche. Ahora el proyecto cuenta con una estructura sólida a la humedad, acompañada de paredes de cemento cubiertas con laja de la zona y techos de laurel y cedro traídos de San Carlos. El uso rústico de la madera en combinación con los tonos del spa le brinda una cálida atmósfera al imponente panorama.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
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Por Daniella Fernández, periodista |
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