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Nueva visión de las rocas
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Por Super Admin
Publicado el 11/6/2009
 

Un proyecto costarricense ganó el segundo lugar del concurso internacional Poseidón 2009, convocado por la firma Arquitectum para diseñar un club náutico-residencial de lujo en la costa pacífica de Perú

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Nueva visión de las rocas

 

Un  proyecto costarricense ganó el segundo lugar del concurso internacional  Poseidón 2009, convocado por la firma Arquitectum para diseñar un club  náutico-residencial de lujo en la costa pacífica de Perú

La  imagen del mar desde un acantilado ofrecía elementos contundentes, que  cualquiera pensaría, también, escasos. Aire,  sol, arena, roca viva y agua salada. “Un lugar dramático”, evoca el arquitecto  costarricense Rodrigo Carazo.

Conjugaba la sensación de estar en el  desierto con la espectacularidad del mar”. En este contexto, no se trataba de  usar la imaginación para ensamblar unas cuantas casitas en una efímera línea  costera.

El certamen de arquitectura Poseidón 2009,  realizado en Perú en junio pasado y convocado por la empresa Arquitectum,  planteaba la oportunidad de diseñar con total libertad un enclave residencial  de lujo en Pucusana, una localidad pesquera a 40 minutos de Lima, en un abrupto  territorio de 40 hectáreas donde los impresionantes farallones desembocaban en  el océano de forma casi perpendicular. En pocas palabras, se trataba de concebir un club náutico premium originalísimo en el que, sin embargo, los desarrolladores dejarían una huella inicial de $20  millones y los compradores estarían dispuestos a pagar más de $100.000 solo por  el lote, una porción de piedra de 400 metros cuadrados aunque con un horizonte marino  ilimitado.

Para  Carazo y sus colegas –los arquitectos de origen peruano radicados en Costa  Rica, Javier Del Risco y Janine Schneider– la adversidad de la geografía y lo  extremo del paisaje no hicieron sino estimular sus ganas de trabajar y de  lanzar ideas. “Quisimos utilizar la  mayor cantidad de materiales que se relacionaran con el sitio” asegura Carazo. “Y  de todo lo que planteamos lo que más ‘desentona’ es el color verde del zacate,  porque aquello es ciento por ciento desierto. No hay nada, ni una sola sombra”.

Fue  así como este equipo de jóvenes  profesionales puso manos a la obra y concibió su propia versión del Club  Náutico Poseidón y, al hacerlo, ganó el segundo lugar de un concurso en el  que participaron más de 40 firmas de arquitectos de 18 países.

Aunque  el premio no materializa de inmediato sus ideas arquitectónicas para el sitio,  sí las toma en cuenta para cualquier desarrollo posterior, y también les abrió  la posibilidad de presentarse directamente a los clientes.“Entrar a la casa por  el techo; esa fue la primera decisión que tomamos”, narra Carazo.

El  equipo diseñó la tipología de las viviendas así como el reglamento  de  construcción de todas las áreas comunes, casa club y marina. En  total, dio forma y fondo a un desarrollo  residencial cerrado y exclusivo de 198 lotes y 17 villas privadas con vista al  mar, sobre una caleta con playa privada y marina, sistema levadizo para  yates y patio de yates, casa club, piscinas, áreas deportivas y de juegos para  niños y helipuerto. 

“La  convocatoria del certamen insistió mucho, por un lado, en la presencia del  agua, y por otro, en la consideración de que los socios podrían utilizar el  club para vivir permanentemente y no solo durante el verano”, recuerda Carazo.

Con  edificaciones camufladas en la tierra, cubiertas naturales de agua dulce, arena  del desierto, madera y zacate, los arquitectos explotaron el lenguaje que ya  gritaba el entorno. En síntesis, resolvieron  la concepción del proyecto apoyados en técnicas sostenibles: protección térmica  con techos naturales, iluminación natural de todos los espacios,  circulaciones externas, 40% de las paredes talladas en la misma roca de la  casa, materiales locales y recolección de aguas grises para irrigación de  jardines colgantes en casas y caminos públicos.

“En  este lugar la precipitación es cero”, describe el arquitecto. “Por eso el techo  plano, que está al nivel del terreno con las residencias incrustadas en la roca. Usted no se le  está metiendo a los vecinos ni le quita vista a nadie”.

Además,  como la playa era un vestigio más bien limitado al fondo del acantilado, plantearon la posibilidad de una piscina de  agua salada de 500 metros de largo, con incrustaciones de agua dulce y una  playa artificial como extensión de la natural.

“Esto  responde a una concepción del diseño ambientalmente responsable”, informa  Carazo. “Esto significa que es el lugar quien informa al diseño y no es el ego  del arquitecto el que toma las decisiones”.

*Adaptación  revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.

 
 

Por  María Montero*, periodista y escritora opinion@revistasucasa.com /  Fotografía: cortesía del arquitecto