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Ser joven, lo vale
Hace cinco años, el arquitecto Samuel Bermúdez se graduó de la Universidad Politécnica San Luis Obispo en California. Poco tiempo después, entró a Gensler. Hoy dirige la oficina de Costa Rica. ¡Buen presagio!
Samuel Bermúdez Ureña se sube a aviones que van a San Francisco, Nueva York y Washington para asistir a reuniones con arquitectos de renombre mundial. También le gusta el fútbol, estar con su esposa e irse de paseo a la playa.
Todo lo toma con la pasión de sus 28 años, que lo ha llevado a ser el gerente general de la oficina de Gensler en Costa Rica desde abril pasado.
—¿Qué tipos de servicios da Costa Rica a las otras oficinas de Gensler?
—Por mucho tiempo se trabajó en proyectos repetitivos como roll outs de establecimientos comerciales como las tiendas Apple. Pero el negocio aquí en Costa Rica ha ido madurando y nuestra estructura se ha hecho más sólida. Esto ha permitido que trabajemos en una variedad de tareas que van desde la visualización en las primeras etapas del proyecto hasta hacer el juego de planos completo.
—Localmente, ¿en qué están?
—En proyectos importantes: uno para HP y otro para una compañía financiera internacional, dos de nuestros clientes globales más importantes. Estamos haciendo el diseño de interiores de los centros de apoyo al cliente que funcionarán en Costa Rica.
—¿Y estos renders en su oficina?
—Son del proyecto “San José, una ciudad habitable”. Como parte del componente educativo de Gensler, todos los años se escoge un grupo de personas para que participe en algunos de los programas experimentales de Gensler University. Uno de estos, el de sostenibilidad urbana, se enfocó en San José y en el proyecto del TREM para hacer un análisis de su impacto sobre la ciudad.
—¿Usted participó?
—De hecho, toda la oficina aquí en Costa Rica lo hizo. A mí se me asignó la coordinación de todo el evento y el contacto con las instituciones costarricenses como el Proyecto Regional Urbano de la Gran Área Metropolitana (PRUGAM) y la Earth.
—Tiene 28 años y ya es gerente general de la oficina de Gensler en Costa Rica, ¿tan joven y ya a la cabeza de una transnacional de la arquitectura?
—Sé que es una gran oportunidad que no se da mucho, más en una firma internacional. Pero me he dado cuenta de que Gensler fomenta el talento sin importar la edad. Si una persona trabaja mucho, trabaja bien y lo hace honestamente, y le da resultados a la empresa, en Gensler no hay techo.
—Desde abril está en este puesto, ¿qué ha sido lo más difícil?
—Dos cosas: primero, me ha costado entender la escala de Gensler, que trabajo con 2.200 personas alrededor del mundo y con gente tan talentosa en todas las áreas, y luego me he dado a la tarea de ver cómo puedo hacer uso de esos recursos para hacer crecer la oficina y a mí como arquitecto.
—¿Y en el día a día?
—Que la oficina siga creciendo a pesar de la situación económica actual. Pero lo hemos logrado. Ya somos 22 personas y vamos hacia delante porque hemos sido muy estratégicos.
—¿En los personal?
—Tengo un reto nuevo todos los días. Uno, joven, se pone un poco existencialista. Veo a esta oficina creciendo como mi oficina y la de Gensler en Costa Rica, combinando el mejor talento que pueda conseguir para que los clientes estén seguros de que este equipo es el mejor.
—En su nueva posición, ¿ha tenido que sacrificar algo de su trabajo como arquitecto por estar más en la parte administrativa?
—Desde un principio, entendí muy bien que Gensler no ve el diseño como algo singular, es un producto que requiere de mucho talento y muchas opiniones.Creo que los mejores proyectos se logran teniendo un muy buen equipo.
Siempre me ha encantado la parte de relación con el cliente. Me considero un buen diseñador, pero me gusta la parte de construir confianza, de explicarle el diseño y el valor que pueda tener para su negocio.
—O sea, un arquitecto también es un sicólogo.
—Sí, hay que manejar las emociones del cliente y las de uno, y muchas veces tener la cabeza fría es duro, uno tiene que entender que la meta es llegar al otro lado, que el cliente esté feliz y los usuarios disfruten el espacio.
—Las buenas ideas...
—Salen de disfrutar lo que se hace. Ahí es cuando las ideas son excepcionales.
—¿Práctico o esquemático?
—Soy más bien muy conceptual, y de hecho, la educación de EE.UU. es así. Promueve la búsqueda del concepto que resuelva la estética y la función. En otras latitudes son más técnicos, tratan de resolver todo en el papel. Lo importante es preguntarse, ¿qué es lo esencial?
—¿Arquitecto desde niño?
—Siempre. Por un lado, tuve influencia familiar. El padrino de mi papá era un muy buen arquitecto, llamado José Bermúdez, y siempre me cautivó su casa, yo la veía como un lugar diferente. Siempre anduve por el lado artístico, me gustaba pintar, pero también era bueno en matemáticas y ciencias. Cuando salí del colegio, pensé que la arquitectura era la combinación adecuada.
—¿Y le sigue gustando?
—Sí, me apasiona. Mis papás me inculcaron la importancia de la dedicación al trabajo. Trabajo de lunes a domingo, 24/7, le dedico mucho tiempo porque lo tomo muy en serio.
—Su primer proyecto más allá del papel...
—Mi casa... De hecho, mi esposa la construyó. Ella es ingeniera en construcción. Algunos detalles tal vez los cambiaría, pero fue muy emocionante.
—¿Y con Gensler?
—Las tiendas Helio de tecnología celular. Trabajé en San Francisco por un mes. Se me abrió el mundo en cuanto a cómo se diseñan tiendas y marcas a una escala tan grande.
—¿Qué le da Samuel a Gensler?
—Juventud, primero que nada, y mucha energía. Cuando tengo conversaciones con mis mentores, siempre resaltan eso, soy muy positivo, nunca me van a ver desmotivado y eso que no tomo mucho café...
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |