- Por Randall Zuñiga
- Publicado 11/3/2009
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Casa Paraíso Asediada por jardines tropicales y por el océano que revienta contra Manuel Antonio, en el Pacífico Central, la obra de Andrés Brenes es una válvula de escape que se apropia del edén. Los jardines abrazan una arquitectura devota del sitio y de los detalles. Manuel Antonio se cuela por todas las ventanas y por todos los vacíos, mientras una orquesta de chicharras hace de banda sonora. Andrés Brenes emplazó sobre una gigantesca piedra la primera casa del desarrollo La Reserva. La fachada posterior es una ventana al Océano Pacífico; mientras la casa es en sí misma un paseo por un jardín tropical. Retomar la historia Para llegar a la obra final, Brenes empezó por echar un vistazo al sitio y a su arquitectura. La influencia de los enclaves bananeros en la región se extendió durante todo el siglo pasado con un peso grande en la economía local, pero también en su arquitectura. Muchas de las edificaciones levantadas por las compañías hoy siguen en pie, con características comunes y ahora reinterpretadas: aleros y corredores amplios, cubiertas prominentes y un vínculo particular con el exterior. Subir el jardín Para acceder al proyecto, se deben subir siete metros desde el nivel de la calle. De ahí que el ascenso, y el posterior recibimiento, debían celebrarse. Una escalera elaborada artesanalmente por el herrero Johan Cubillos Brenes fue el elemento preciso para que la obra, además, comenzara a entremezclarse con el paisaje. Las formas orgánicas de las barandas y el jardín escalonado se vuelven uno hasta culminar con un portón de hierro. Sobre este cuelga una de las muchas lámparas de la diseñadora Luisa Carranza, inundando de luz el proyecto y reinterpretando el movimiento del acceso. Cruzado este primer umbral, se encuentra un atrio abierto que se entremezcla con los jardines internos, sin mayor diferencia entre el afuera y el adentro. “Los espacios se conjugan con la naturaleza, que ingresa y es parte de la propuesta. Además, permite manejar ventilaciones cruzadas en todos los rincones de la casa”. Es en este espacio donde se encuentran las escaleras que llevan al nivel privado de las habitaciones, sobre el área pública. “El atrio es el espacio que le da la relación vertical a la casa, integrando los dos pisos”. “La casa no está diseñada para ser vista por fuera, sino para vivirla”. De ahí que incluso la selección de colores (verde y café) tiene su peso para que la casa se entremezcle en el entorno, pasando inadvertida en buenos trechos del recorrido, a pesar de la complejidad del diseño.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
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Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.co.cr / Fotografía: archivo Su Casa |

