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  • Por Super Admin
  • Publicado 09/7/2009
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GALERIA DE FOTOGRAFIAS

40 años después de Mies

Antes que hablar de architekture, Mies van der Rohe prefería nombrar a su obra con otro vocablo alemán baukunst. La palabra compuesta explicaba de mejor manera las intenciones de su trabajo: hacer de la construcción (bau) un arte (kunst).

El botón abandonó por fin el ojal del saco y entonces el lente capturó el puro sostenido con la mano derecha. Podía ser un lápiz dibujando rectángulos y firmando rascacielos o pabellones, pero era un puro sostenido con desdén con la mano derecha. La otra mano se balanceaba cerquísima del acero cromado y el cuero de la silla Cantilever, a un par de cuartas del piso de su apartamento en Chicago.

Era 1960 y Werner Blaser se gastaba la película fotográfica en un legendario arquitecto alemán que hizo de la transparencia y la honestidad de los materiales su caballo de Troya: a partir de allí proyectó las bases de una arquitectura universal y consciente de las necesidades que dicta el sitio y la época.

“Hay cosas que no tienen que durar toda la vida, como este traje que llevo, por ejemplo”. El Knitze hecho a la medida con que fue fotografiado mientras fumaba y que lo acompañaba a las pocas entrevistas que concedía se hizo polvo hace 40 años. El 19 de agosto de 1969, Ludwing Mies van der Rohe murió con 83 años de respirar arquitectura.

Maria Ludwing Michael Mies
Cuando en 1886 cerca de la frontera que tiene Alemania con Bélgica, propiamente en Aachen, nació Ludwing Mies van der Rohe, su nombre era Maria Ludwing Michael Mies. Europa estaba a punto de quebrarse y los primeros indicios de un nuevo lenguaje arquitectónico eran apenas balbuceados.
Después de estar tan cerca como pudo de los materiales en bruto (siendo capataz de obra o diseñador de figuras de yeso), y de su servicio militar en la Gran Guerra Europea, Mies se mudaría a Berlín justo al cumplir 18 años.
Cambiar su nombre, diseñar muebles y luego trabajar con Peter Bahrens marcaría para él la primera década del siglo XX. En la capital observaba las obras sin arquitecto, las que pasados los siglos se sostenían, interesado en la arquitectura romántica, gótica y en K. F. Schinkel.
Su matrimonio lo ancló en la alta sociedad y de allí vinieron sus primeros proyectos y su acercamiento con la vanguardia berlinesa. En medio de la posguerra, se alió a un grupo de artistas de donde nació el November Group y la revista G, y que lo impulsaría a iniciar la década de 1920 con una serie de propuestas novedosas que sentarían las bases de su condición de maestro.

La arquitectura en el espejo

La imagen que Mies había forjado de su obra, a partir de un racionalismo basado en las características de los materiales y, por ende, de la tecnología de su época, hizo diálisis con su imagen personal. Tanto su fuerte silueta y el nivel pulcro del detalle con que vestía, como la métrica exacta de sus palabras ante los periodistas; todo buscaba describir la gramática de un nuevo lenguaje arquitectónico. En este, la función estaría supeditada a la forma, así como esta a las características del contexto: a la tecnología aplicada a los materiales, al sitio, el presupuesto y sus dimensiones.

Mies dijo que su obra influía tanto por ser razonable y que “todo el mundo podría hacerlo”. Estaba equivocado. El entendimiento del material para aprovecharlo al máximo, supone un regreso a lo básico que pocos están dispuestos a perseguir y otros menos han logrado con igual delicadeza.

Basta mirar las fotografías en donde inspecciona las minuciosas maquetas de sus propias obras, para entender que en el arco de sus cejas se enderezaban todas las líneas. En ellas crecían las letras del metal estructural, L o T, conforme aprendían a hablar los trazos del papel, haciendo de la racionalidad la estética oportuna.

La fotografía en blanco y negro pesa más de 40 años. La ausencia en línea recta, desde una época hasta otra, pesa más de 40 años. El lenguaje universal de sus propuestas sigue en pie, afirmado y negado por la historia, a pesar de 40 años de un apartamento en Chicago con los ceniceros vacíos.

*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.

 
Por: Randall Zúñiga, periodista* rzuniga@nacion.co.cr
   

 

   

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