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Ave Fénix
Las leyendas son eso, leyendas. Y la del Ave Fénix (ya saben ese pájaro que resurge de sus cenizas) es una de las más hermosas. Pues bien, La Casona de la Hacienda de Santa Rosa también lo hizo, pero no como leyenda, sino como realidad. Siete años después de su reconstrucción, se alza orgullosa como símbolo de la identidad costarricense.
La historia, pasada y reciente de La Casona de la Hacienda de Santa Rosa (Guanacaste) es bien conocida. Punto de batallas cruciales para el país, símbolo de la patria que fue quemado por unos desaprensivos en represalia por haber sido “cazados” en su infame cacería furtiva. La noche del 9 de mayo de 2001 fue una fecha fatídica para muchos costarricenses. La Casona quedó reducida a cenizas. El lugar al que muchos ticos peregrinan con la escuela y la familia para comprender mejor este país. “Fue un shock. Muy duro para Costa Rica. He visto caídas dolorosas de edificios emblemáticos, pero nunca como La Casona”. Quien así habla es la directora del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (organismo dependiente del Ministerio de Cultura y Juventud, MCJ), Sandra Quirós. Según el documento de reconstrucción del MCJ, “Santa Rosa puede catalogarse como el principal monumento de nuestro país por su gran valor cultural determinado por tres elementos principales: el histórico, el simbólico y el arquitectónico”. Menos de un año después, la Casona estaba lista para continuar con su historia. Para su reinauguración, el 20 de marzo de 2002, se celebró allí una sesión de la Asamblea Legislativa. Tras algunos dimes y diretes, con una comisión interministerial (en la que estaban implicados tres ministerios: Ambiente, Cultura y Educación), se impuso la tesis de la reconstrucción con tecnología tradicional, sobre la base de los planos de la hacienda de 1895 (la original había sido demolida), cuando se le dio el diseño que todos hemos conocido.
Desde el siglo XVII
Pero su historia arranca mucho antes. Los primeros registros de la existencia de la finca datan de 1663, cuando se hizo una medición general a petición de Juan Martín de Villa Faña, quien había solicitado el terreno a la Corona española. Desde entonces, pasó por distintas manos. Su último propietario fue Luis Roberto Gallegos. En sus tiempos de máximo esplendor, esta hacienda guanacasteca llegó a contar con entre 3.000 y 5.000 cabezas de ganado. La construcción era la típica de las casas de hacienda ganadera latinoamericana, con habitaciones en torno al patio central. Ya en 1966, el Estado costarricense pasó a convertirse en el legítimo propietario de este pedazo latente de historia, declarando a la hacienda y sus alrededores Monumento Nacional. Al encontrarse dentro del entorno del Parque Nacional de Santa Rosa, su administración corre a cargo del Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (Minaet).
Tecnología tradicional
Un total de seis alternativas se barajaron tras el incendio del 2001. Finalmente, la comisión optó llevar a cabo la más cara y compleja, pero también la más acertada al entender de expertos y muchos conciudadanos, una réplica exacta de la versión original. Y esa copia quería decir que además de los materiales de construcción (tierra, teja española, maderas de guanacaste y pochote), debía realizarse mediante las técnicas tradicionales como el bahareque (pared de palos entretejidos con cañas y relleno de tierra, con un último repello de arena con cal). El hecho de que en algunos puntos de Guanacaste todavía se utilice esta técnica, facilitó la labor de reconstrucción. Años después, algunas voces se alzaron contra este sistema, al considerar que la tecnología empleada no sería duradera, y se hablaron de afecciones estructurales. A juicio de la directora de Patrimonio, esto no es así, “las afecciones que hubo fueron puntuales. Lo que ocurre es que si hay una gotera, por ser arquitectura de tierra y madera, hay que repararla de inmediato”. Así que los visitantes pueden estar tranquilos, que no caerá sobre sus cabezas en caso de visitarla. En todo caso, deben tener cuidado con los habitantes más numerosos de La Casona en su estancia superior: los murciélagos. Actualmente, se realiza en enero una misa de excombatientes de la batalla de 1955, si bien el evento más numeroso que se celebra año tras año es el de “el sabanero y la cocinera”, que tiene lugar cada segundo sábado de noviembre, al que acuden unas 3.000 personas para rendir homenaje a estos personajes emblemáticos de la cultura rural guanacasteca.
*Adaptación Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la edición impresa. |