Si bien el tema central es la luminosidad, la reciente muestra de arte lumínico puso de manifiesto que la luz no sería nada si no fuera gracias a la oscuridad.
Arte Lumínico en Costa Rica fue la exposición que hace tan solo unas semanas nos puso de cara a una tendencia artística que desde hace años se realiza en el mundo desarrollado y que juega con una de las mayores fascinaciones del ser humano. La luz se convirtió en el nuevo sentido del arte en la Galería Joaquín García Monge del Teatro Nacional entre el 12 de febrero y el 3 de abril anterior. Sumidas en una exhibición de sombras, 18 propuestas conquistaron la mirada con haces luminosos. Más allá de sus formas o colores, sus coqueteos se daban al incorporar de alguna forma este elemento en cada obra, incipientemente si se quiere, en lo que para la mayoría fue su primera experiencia artístico-luminosa. Luis Chacón, curador de la muestra, fue el que lanzó la primera piedra, provocadora, del evento. Durante años, había observado esta tendencia en latitudes más desarrolladas del mundo. Pero esta escuela, trabajada desde los años 60, aún no tocaba mentes ticas, por lo que Chacón decidió estimularlo. El artista propuso a un grupo de colegas, jóvenes y experimentados, explorar este elemento y logró construir con ellos la primera exposición nacional sobre el tema.
Experimento a lo tico
Para Chacón, el resultado de la propuesta fue un acercamiento de los artistas costarricenses al arte lumínico, pero con un estilo “muy fresco, muy de acá”. Fue como sembrar una semilla de esta tendencia. “En el primer mundo es otro arte. En Latinoamérica, como que sí se logra más sentimiento”, reflexiona Chacón. Así, algunos artistas adaptaron las ideas con las que siempre trabajan a la luz artificial. La exposición reunió instalaciones, videos, objetos tridimensionales, piezas de madera, fotografías, textiles y papeles que se combinan con cajas, esconden cables y bombillos en muchos casos, para ofrecer efectos lumínicos destacables. El arte, en muchos casos, se vuelve un efecto óptico, un nuevo intangible. Una propuesta como la de Andrés Cañas, de la nueva ola de artistas, explotó la proyección de la luz sobre una transparencia de acrílico, haciendo de la forma y el movimiento el eje de la obra “La ilusión óptica del poder”. También destacando la proyección, se ubicó Ana Isabel Martén, con la obra “Sombras”. Esta se trató de una proyección de un video, acompañada por música de Tito Oses. Con una intención más estática y estética, llegaron obras como la del mismo Luis Chacón, “Calentamiento Global”, elaborada con una fotografía sobre plástico transparente montada en una caja de luz. Similar línea siguió Miguel Cassafont, con su propuesta “Orquídea”, confeccionada en papel de arroz japonés y lámina de plata, sobre un marco de metal esmaltado, con un espejo y luz fluorescente. El resultado de la combinación de estas, y muchas otras, obras ha sido una gran cantidad de visitantes a la exposición. Para el futuro, se espera que un espectáculo como el que se incluyó en esta pequeña galería pueda exhibirse en plena ciudad, sea accesible a más personas, y transforme el hábitat. Hay que reconocer que, como dice Chacón, “por ser seres humanos nos gusta la luz. La luz es vida, sin ella no hay nada”.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.