Ibo Bonilla aplica funcionalidad, sentido común e instinto para concebir, una solución tras otra, la casa RC, en las montañas del norte de Heredia.
El programa exigía la reinterpretación de una clásica casa de cafetal y servir de marco para una minuciosa y sorprendente colección de arte. La obra final reinterpretó, además, el entorno como un proyecto escultórico que enmarca las montañas del Valle Central, piezas únicas del arte contemporáneo costarricense y prácticas soluciones bioclimáticas. La obra fue concebida para una familia ligada al arte y el diseño de muy distintas maneras, y para la que cada pieza representa parte fundamental de su historia. Asimismo, los usuarios se involucraron de forma directa con la concepción de la obra, lo que para Bonilla fue pilar fundamental.
Así, se partió de la idea de la hacienda cafetalera con amplios corredores y una amplitud visual hacia el entorno. En este caso, incluso un cafetal al costado norte y un bosque en regeneración al este delimitaron el entorno inmediato, aunque la fuga visual se extiende hacia el resto de montañas del Valle Central.
El diseño
Desde los planos, la integración del arte con la obra suponía que ninguno debía supeditarse al otro, sino que la simbiosis debía deparar la puesta en valor de cada pieza y la incorporación de la arquitectura como elemento que enmarca o es enmarcado, según la lectura desde distintos planos.
De ahí que paredes completas fueron destinadas a albergar desde murales hasta cuadros, columnas estructurales cedieron su centro para dar cabida a la escultura o, inclusive, se convertirán en piezas a tallar por artistas nacionales. Tal es el caso de tres columnas laterales que rescataron un cenízaro, un roble y un guanacaste del aserradero experimental de la Universidad Nacional.
El corazón del hogar
Luego de un vestíbulo en donde comienza la selecta galería, la sala y comedor se extienden tanto gracias a la fuga visual como mediante paños corredizos de vidrio. Entre todas las obras, destaca el torso de mujer en mármol rosa diseñado para la familia por José Sancho, artista con más de una decena de obras en todo el proyecto. En este caso, la arquitectura enmarca la obra mediante un ventanal que permite, desde el exterior, concluir la vista tridimensional de la obra y acercar el paisaje vivo del lugar.
Al costado sur de este espacio social, se desarrolla el corazón del hogar. Se trata del jardín interno, eje a partir del cual se desarrollan todos los espacios de la vivienda, y gracias al que todos estos gozan de iluminación natural y de un microclima que hace recircular el aire, permitiendo el frescor en momentos calurosos del día y del año, y amortiguar el frío implacable de la zona.
Esta solución bioclimática también partió de una de las premisas del programa del cliente: toda la obra debía desarrollarse en un único nivel, con el fin de que la circulación se dé siempre de manera fluida aun cuando se presente una discapacidad. Además, previendo esto y el factor climático, un jardín interno permite acercar aún más la naturaleza, aunque por alguna razón se imposibilite salir físicamente del inmueble.
Para el arquitecto Ibo Bonilla, la sostenibilidad completa es imposible, pues no existe el impacto cero de un proyecto. De ahí que la tarea del arquitecto sea minimizar o administrar de la mejor manera el impacto que irremediablemente tendrá en el entorno y los recursos.
En el caso particular de la casa RC, es mediante la simbiosis con el uso y el entorno cotidiano que la casa consigue soluciones pasivas para un clima frío y lluvioso, así como demarcar y subrayar los espacios según su potencial real de uso. Ademán de economía, instinto y reinterpretación contemporánea.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.