Casas de verano, de retiro o de reposo de la costa pacífica de Costa Rica retoman las máximas de la funcionalidad, la devoción por el sitio y la apertura de las plantas. Seis proyectos en distintos paraísos naturales.
Sucasa 46
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¡Viva el mar! Casas de verano, de retiro o de reposo de la costa pacífica de Costa Rica retoman las máximas de la funcionalidad, la devoción por el sitio y la apertura de las plantas. Seis proyectos en distintos paraísos naturales. |
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Nido de huéspedes Residencia parte de un conjunto diseñado por el arquitecto Andrés
Morales, como un segundo nido para nuevas águilas. |
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Casa Jardín El jardín entra y sale por cada rincón de la casa, como si tratara
de inmiscuirse dentro de la naturaleza. Obra del arquitecto Juan Robles, en Manuel Antonio. |
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Mimetismo El arquitecto Dónald Prendas consiguió desdibujar las fronteras
entre una casa y el entorno de Playa Guiones. |
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Puertas al mar Ronald Zürcher ideó este proyecto que serpentea por el terreno y aprovecha la apertura hacia la vista de Punta Islita. |
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Casa de la Palmera En Montezuma, el arquitecto Eugenio Murillo propuso una vivienda que hace suya una palmera, el bosque y la vista al mar. |
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Casa Horizon La firma Elements Architecture generó un lenguaje arquitectónico. |
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Nido de huéspedes Como el águila calva que fabrica sus nidos en sitios de difícil acceso, una pareja de estadounidenses concibió una casa de huéspedes que reitera la disposición de su casa madre, de su nido primero. Obra del arquitecto Andrés Morales en Manuel Antonio.Como si se tratara de una hoja, la cubierta se posa sobre una estructura metálica, alivianando el diseño de la Casa de Huéspedes. Este es el segundo nido construido para una pareja de estadounidenses que hicieron suya una vista en 360 grados de la región de Manuel Antonio, Quepos. Justo en el punto más alto de Manuel Antonio el arquitecto Andrés Morales procuró reflejar la vida y los deseos de una pareja de jubilados mediante la casa madre, el Nido del Águila, publicada en la edición 40 de la revista Su Casa. Cerca de un año más tarde, la Casa de Huéspedes completa la dupla. Vista de águila Con una vista panorámica de toda la región, ambos proyectos fueron concebidos como casas-miradores para apreciar el bosque y el mar, al tiempo que debían enfrentarse a las fuertes lluvias y al soleamiento extremo propio de la zona. La cubierta, en ambos casos simula, una hoja que de inmediato brinda una personalidad y un aire naturalista al conjunto, a pesar de tratarse de dos volúmenes blancos. En el caso de Casa de Huéspedes, el terreno es un par de metros más bajo que el de la otra casa, pero igualmente muestra dificultades extremas al tratarse de una pequeña parcela en una colina, con peñasco tanto al este como al oeste. Asimismo, el conjunto permite apreciar una especial interrelación entre ambos proyectos mediante la cascada de la vivienda principal a la piscina en la terraza de la segunda. Ambas se encuentran direccionadas una frente a la otra, y en su costado este se encuentran las terrazas y piscinas, frente al mar. Asimismo, la cercanía con los jardines y los árboles del lugar añaden un contacto pleno con la naturaleza, pero con la protección y la privacidad requeridas por cualquier casa de habitación. El diseño Dentro del proyecto, una arquitectura honesta y funcional nos recibe con un salón que resume cocina, sala de estar y comedor, aprovechando al máximo las fugas visuales, la ventilación cruzada y la iluminación natural, así como el uso de materiales de bajo mantenimiento. Junto a esto, la casa está prevista para ser adaptada a paneles solares que la harían autosostenible, aunque en una etapa posterior. El uso del vidrio en paneles corredizos convierte la residencia de un apartamento compacto a uno que se duplica, gracias a los jardines, la terraza y la amplitud de la vista desde todos los espacios, tanto externos como internos. De ahí que el sitio tenga un papel preponderante en el desarrollo tanto de la vivienda principal como de la casa de huéspedes, y que su conjunto resuma una arquitectura directa y práctica, sobrepuesta a las dificultades del terreno y el clima.*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. | |
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Por: Randall Zúñiga*, periodista / |
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Casa Jardín Integrar el paisaje de Manuel Antonio hasta borrar las fronteras propias de su arquitectura: ese fue el trabajo de Juan Robles en su casa MC1. Vivir el paisaje desde las raíces hasta las copas de lo árboles, desde fuera y también desde dentro: esa fue la consecuencia lógica de entablar un diálogo directo con el sitio en donde creció y maduró este proyecto del arquitecto Juan Robles. La casa resume en distintas etapas un recorrido sinuoso por entre el jardín y los espejos de agua, una apertura total hacia las copas de los árboles, y rincones acogedores e íntimos para zonas privadas, como las habitaciones. En torno a este, Manuel Antonio sigue creciendo como si tratara de envolver por completo la masa blanca y transparente del hogar. Bosque lluvioso Ubicada en el Pacífico Central, la casa se separa del pueblo y del propio estacionamiento gracias a una cortina de ramas y enredaderas que crecen por la abundante lluvia de la zona. Esto determinó la orientación sur-norte de la casa, de acuerdo con la proyección del sol y el flujo del viento. “Buscamos la integración con el entorno mediante una propuesta bioclimática, que aprovecha la luz natural, la ventilación cruzada e incluso el agua llovida para los espejos de agua, ahorrando hasta un 30% del consumo del líquido”, explica Robles. Un camino de concreto nos muestra tres caras del proyecto, como si tratara de develarnos un secreto pista por pista, haciendo que este primer recorrido sea un paseo por el jardín, con el bosque a un lado y la casa al otro. En la entrada principal, una puerta de acero de 3,5 metros de altura en pivote dramatiza el umbral del vestíbulo. “La puerta surgió como una solución de fachada, en metal negro, de bajo costo, lleno de texturas”, explica Robles. “Lo dejamos a la intemperie por espacio de un mes para que la lluvia y el sol la mancharan y luego solo aplicamos un sellador”. El vestíbulo, por su parte, funciona a su vez como torre de ventilación y unifica los espejos de agua con la piscina, que recorren y cortan la casa por la mitad, mientras un puente lleva hasta el acceso al área de piscina y de jardines. Al costado derecho, y con estructura prioritariamente en concreto se encuentra el comedor, la cocina y el acceso al segundo nivel, donde se encuentran las habitaciones. En este espacio, la circulación fluye constantemente gracias a distintos accesos a los mismos sitios, lo que crea distintas perspectivas del espacio, la luz y los jardines internos. Subir a los árboles Este espacio social se convierte en terraza en voladizo a la altura de las copas de los árboles, gracias al desnivel del terreno. Asimismo, el metal negro que constituye su estructura imita las líneas de los árboles, aun cuando contrasta por color con el medio circundante y absorbente. “Es una construcción híbrida: 50% en metal y 50% en concreto, aprovechando la capacidad térmica para la utilización mínima de aire acondicionado”, comenta Robles. “Y en el área social, una estructura más fría, no solo para aprovechar esa integración con el espacio, sino para que los elementos no generaran mucho impacto en la parte externa de la casa, que fuera manipulable al convertirse en terraza”. Al concepto octogonal del espacio social dispuesto por completo al entorno, el vestíbulo para mejorar la circulación del aire y la entrada de luz natural, se les suman semicírculos que escapan de la masa principal para concebir los baños, a modo de caracoles blancos. Las curvaturas, a su vez, pretenden hacer difusa la división entra la base geométrica y la explosión natural exterior. Así, la estructura se aliviana e inmiscuye dentro de una naturaleza que de por sí se infiltra por cada abertura de una casa convertida en jardín.*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la versión impresa. | |
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Por Randall Zúñiga, periodista / |
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Mimetismo De la mano del arquitecto Dónald Prendas, una pequeña casa en playa Guiones, Nosara, se camufla en medio de árboles de pochote y guanacaste. Creciendo verticalmente y con una estructura de columnas aislada que simula los árboles, la Casa Guiones, en Guanacaste, se mimetiza y entremezcla con el entorno natural de un pequeño lote, respetando los árboles existentes y aprovechando cada metro cuadrado. Para el arquitecto Dónald Prendas y su firma Prendas Loría, la casa consiguió aprovechar el terreno al máximo, dado el programa de su cliente y el reto de no impactar de forma negativa en el paisaje inmediato o en la vegetación de su entorno. Otro árbol del bosque Aunque parte de un sistema constructivo tradicional, las columnas periféricas que sostienen todo el proyecto ayudaron a que “las raíces de los árboles no afectaran los cimientos de la casa, ya que esta se colocó en lotes y columnas aisladas”, explica el arquitecto. “También se hizo para que estas últimas se aprecien en el exterior y se confundan con los árboles que rodean la vivienda”. De ahí que la casa se consume en su propio jardín y los árboles del sitio parecen abrazarla como otro árbol más del pequeño bosque. Además, la paleta cromática acercó los colores típicos de la estación seca, mediante el verde, que se mezcla con el paisaje tanto en verano como en invierno. Asimismo, el uso de la madera de teca en los cerramientos del segundo nivel y una línea divisoria entre ambas a base de revestimiento de piedra agrega dos elementos más al mimetismo. “Las texturas de las columnas así como el anillo de piedras en el centro del muro permite una mayor armonía con el medio natural”, explica Prendas. El primer nivel es una estructura de concreto donde se encuentran las áreas privadas de la casa, incluyendo tres habitaciones y el espacio de servicio. Y tras el acceso al segundo nivel, un solo salón abierto alberga cocina, comedor, sala de estar y una apertura hacia la terraza. La casa, concebida para un chef, muestra la integración actual entre la cocina y los espacios sociales, donde la interacción entre el anfitrión en su espacio vital y el resto de las áreas es dinámica.*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. | |
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Por: Randall Zúñiga*, periodista / |
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De puertas al mar Una vista total de la bahía de Punta Islita supone abrirle las puertas al mar, invitándolo a entrar y salir por cada fuga, por cada rincón. Esa es la Casa Los Monitos, obra de Zürcher Arquitectos. Una vista de más de 180 grados de la bahía de Punta Islita a la que se supeditan todos los espacios. De ahí surge una particular circulación que permite, según la función del área, sacar el máximo provecho de las amplias fugas visuales, sin perder de perspectiva su relación como conjunto armónico, como albergue de una familia. La razón del sitio La vista de la Casa Los Monitos es una de las más favorecidas del proyecto Punta Islita, y como tal es uno de los mejores ejemplos de viviendas privadas dentro del conjunto. En relación armónica con el resto de la propuesta arquitectónica, la casa parte de una muy particular topografía y un exquisito escenario natural para concebir su propia personalidad, aunada al interiorismo propuesto por su propia dueña. La obra aparece luego de subir una amplia colina, mientras desde el estacionamiento un muro solo permite augurar un rojo intenso en las paredes internas y el uso de la teja de barro y las barbas de paja en la cubierta. De la propia topografía surge el conjunto, serpenteando por el sitio para aprovechar la vista a través de un eje central y de sus terminaciones. Se trata de una pérgola de cubierta translúcida y tamizada por caña brava, que dibuja y desdibuja texturas sobre las paredes y el pasillo. En el espacio social, las áreas van conjugándose en un recorrido amplio que permite distintos acercamientos de un espacio a otro y del interior hasta el exterior. De ahí que a la apertura visual se le sume una apertura física que permite que la vivienda permanezca abierta durante todo el día, añadiendo ventilación cruzada y luz natural constantemente. Asimismo, una piscina infinita repite la ambientación que a lo lejos crea la naturaleza, como mimetismo de colores y frescor. El costado derecho guía a través de la pérgola y de un jardín interno a las habitaciones, que quiebran la retícula de rigor para orientarse mejor en pos de la vista. Además, en un nivel inferior, otra habitación supone el recorrido hasta un jardín amplio, uniendo este con el área de la terraza. Aprovechando las vistas al máximo y la pendiente, la casa se desarrolla bajo la premisa de la orientación de sus vistas y de la naturaleza que continúa creciendo en todos sus rincones. La luz, la ventilación y el uso de los materiales locales consiguen supeditar todos los espacios a la zona, como consecuencia lógica del privilegiado sitio que alberga el proyecto.*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. | |
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Por: Randall Zúñiga, periodista / |
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Casa de la PalmeraEl arquitecto Eugenio Castro tomó como eje una palmera de coyol para proyectar una casa dispuesta al entorno, como si se tratara de un libro abierto.La tranquilidad del sitio y a su vez el indomable bosque fueron las claves para que Montezuma, en Guanacaste, proyecte su verdor en esta obra del arquitecto Eugenio Castro. Bautizada como la Casa de la palmera, el proyecto partió de una palmera de coyol para comenzar a dibujar una casa de veraniego con vista al mar y rodeado por la espesura boscosa del sector de Las Delicias. “La palmera te da la bienvenida y te despide cuando sales. Fue el elemento natural que generó el proyecto”, explica Castro. Sitio + programa Aún así, el reto se traducía en ligar el sentimiento del lugar con el programa del cliente, siendo la naturaleza el elemento unificador del proyecto. El cliente “buscaba una casa de veraniego, de esparcimiento, para disfrutar de la naturaleza y olvidarse de la ciudad, de ahí que encontramos en la palmera el elemento vivo, hermoso y sereno y en el agua de la piscina toda la frescura que nos da la bienvenida”. Alrededor de la palmera, dos accesos llevan a la piscina, justo delante de la entrada principal. Allí la casa se proyecta en 90 grados directamente hacia la palmera y hacia el mar, como si todos los espacios estuvieran convocados hacia el agua y la naturaleza. La fachada, en blanco absoluto, simula asimismo un libro abierto por su disposición geométrica hacia el acceso principal y la de los balcones en el segundo nivel, con vista al mar. El primer nivel consiste de una terraza desarrollada al costado izquierdo, y el conjunto de las áreas sociales a la derecha. A modo de loft, la vinculación entre sala de estar, comedor y cocina permite el flujo constante de un espacio a otro y que las aperturas hacia el bosque llenen de luz natural y verdor los espacios blancos y per se luminosos. Verde impasible Las sombras, claroscuros y las texturas dibujadas en las paredes blancas, más allá del choque, provocan un vínculo silencioso y un tamiz refrescante en terrazas, área social y a través de la amplia ventanería de las habitaciones en la segunda planta. “La geometría versus la naturaleza tan fuerte es algo tajante, resaltando lo natural mediante lo geométrico”. El blanco constante en fachadas y en buena parte del interior reitera el contraste con la naturaleza, tratando de enmarcarla dentro de formas geométricas ajenas al entorno. La estrategia subraya el paisaje y vitaliza el interior en doble vía. El ambiente social y festivo de la casa se remarca por las vistas hacia el área de la piscina desde las terrazas de las habitaciones y desde el vínculo entre estas y la escalera, donde un ventanal curvo permite la vista de los distintos espacios y remarca la disposición directa hacia la palmera. Partir de una palmera para desarrollar el proyecto traía, consecuentemente, un acercamiento con la naturaleza exuberante y con el reflejo en cada rincón del desenfado y la libertad transmitida cada momento del día en Montezuma.*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |
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Por: Randall Zúñiga*, periodista / |
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Casa Horizon El modelo Casa Orizon es el resultado de un meticuloso estudio de los principios de la arquitectura sostenible y la habilidad de los diseñadores para generar un lenguaje arquitectónico coherente con estos principios. Emplazado en la costa pacífica de nuestro país, a solo 1.510 metros de Playa Grande (parte del Parque Nacional Marino Las Baulas), el proyecto Orizon es un desarrollo residencial concebido para formar parte del ecosistema en el que se asienta, convivir con él y pertenecer solo a él. La firma Elements Architecture ha diseñado una sola tipología de casa, que se repite con distintas orientaciones ocho veces, abarcando en total 2.640 metros cuadrados de construcción, en una propuesta que deja un 70% de área de terreno libre. El proyecto Orizon ha querido ir un paso más allá de lo que otros desarrollos residenciales de su tipo. No solamente es la propuesta de varias casas contemporáneas en un lugar privilegiado por su clima. Ni tampoco solo unas casas más en la playa para disfrutar de las vacaciones. El modelo Casa Orizon es el resultado de un meticuloso estudio de los principios de la arquitectura sostenible y la habilidad de los diseñadores para generar un lenguaje arquitectónico coherente con estos principios. Los arquitectos explican: “Dadas las impredecibles variaciones climáticas del lugar, queríamos diseñar un proyecto vivo, en el que los residentes tuvieran la flexibilidad de interactuar con los elementos”. Así, en el diseño de Casa Orizon apreciamos la sensibilidad por la relación que un edificio tiene con su entorno, paralelo al entendimiento de la naturaleza del clima en el cual se está trabajando. Los materiales escogidos fueron el molejón (piedra natural de la zona), madera de reforestación, el concreto y el vidrio. El planteamiento electromecánico de la casa está orientado a la optimización del consumo energético, de manera que tiene sistemas para reciclar agua, aguas jabonosas y aguas negras; además, cuenta con un uso eficiente de la electricidad ya que utiliza paneles fotovoltaicos. En el partido arquitectónico de la casa, se puede observar que la disposición de los aposentos responde a la creación de un buen sistema de ventilación cruzada y al mejor aprovechamiento tanto de las vistas externas como de las que internamente genera el proyecto mismo. La casa se ordena en dos módulos. Uno que es el área social, donde está la cocina, comedor, terrazas, sala principal y piscina, todo en una sola planta. Y otro es el área privada de la casa, donde en el primer nivel están los dormitorios secundarios, baño, oficina, y en el segundo nivel está el dormitorio principal con su respectivo baño, clóset y terraza. Completamente aparte está la cochera, que es una cubierta soportada por cuatro columnas con un piso de zacate bloque. De líneas rectas y limpias, un buen uso de los materiales escogidos y una relación cercana pero respetuosa con su entorno, Casa Orizon tiene un espacio para cada uno de sus ocupantes con una propuesta que funciona en cualquiera de los diferentes días del año.*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. | |
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Por: Paula Piedra*, diseñadora de interiores / |
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