De origen nicaragüense, la arquitectura vernácula del Pacífico Central costarricense es un valioso patrimonio histórico-arquitectónico que se debe proteger.
Sucasa 46
El Pacífico Central en su arquitectura vernácula
El Pacífico Central en su arquitectura vernácula
De origen nicaragüense, la arquitectura vernácula del Pacífico Central costarricense es un valioso patrimonio histórico-arquitectónico que se debe proteger
Escenario de la primera labor de conquista y colonización en el actual territorio costarricense, durante el siglo XVI la región del Pacífico Central vio nacer entonces uno de los primeros asentamientos españoles de la región, la villa de los Reyes, o puerto de Landecho, abandonado tras la nueva fundación de Aranjuez –cerca de la actual Puntarenas–, ambos ligados a su vez a la colonización de Nicoya y Nicaragua, tierras con las que seguirían en contacto sus sucesores. En efecto, poco más tarde Aranjuez sería sustituida por la nueva población de Espíritu Santo (1574), mientras que el puerto de Landecho lo sería por el de Caldera (1577). Y sobreviviente de aquel siglo de conquistadores, se estableció Espíritu Santo –ahora llamada “de Esparza”– en el actual asiento (1629); mientras que con el tiempo el incipiente puerto de Puntarenas, surgido en la segunda mitad del siglo XVIII, sustituía a Caldera, absorbía el comercio interior del Golfo de Nicoya y, ya en el XIX, se convertía en la puerta de entrada de nuestra economía al mercado mundial.
De origen nicaragüense
Esta última circunstancia, consolidaría a ambas poblaciones que, ligadas al interior del país por la ruta nacional transitada por nuestras típicas carretas, se comunicaban con el exterior por medio del mar y, en cuanto a la arquitectura que las caracterizaría, expresarían el lazo histórico que une al Pacífico seco de Costa Rica con Nicaragua. Pues en madera, la arquitectura vernácula del Pacífico Central medio costarricense, proviene históricamente del vecino país del norte. Mas no obstante ese origen, por las particularidades geográficas y climáticas, históricas y poblacionales del área, adquirió rasgos propios, a la vez que mantuvo en común referencias formales, resultado de lo cual es una arquitectura vernácula de carácter híbrido entre lo criollo y lo foráneo.
Llega la Revolución Industrial
Con la vuelta de los barcos que llevaban nuestro café a Londres, el grano venía convertido en oro; y con él entró a su vez en Costa Rica la Revolución Industrial, que alcanzaba su apogeo precisamente en la segunda mitad del siglo XIX. Por su parte, las publicaciones importadas mostraban nuevos elementos estilísticos, plantas y fachadas de construcciones en madera, que reflejaban cómo se vivía y que estaba de moda en las metrópolis del Viejo Continente; y fue así como se conocieron aquí los típicos productos constructivos de la industrialización: el victoriano inglés y su versión vernácula norteamericana, llamada “Stick Style”, sin olvidar al art-nouveau francés. Eclécticas por naturaleza, esas tendencias se difundieron sobre todo para la arquitectura doméstica, imprimiendo a millones de casas en todo el planeta, un aire romántico que sin embargo establecía la estructura de madera como soporte fundamental y la naturaleza de los materiales usados como su principio.
Sus características formales
Así, en ellas es notable la proliferación de petatillos de madera entre las paredes y el techo, recurso formal que permite un flujo constante de aire que genera, al interior de las viviendas, un agradable microclima, papel que refuerzan las linternillas de puertas y ventanas, casi siempre caladas y casi siempre también, particularizadas en cada casa. Junto a la uniformidad de la altura de las construcciones en toda la manzana, estos elementos le brindaban al perfil porteño una interesante unidad urbana. En los techos, se aligeraba la carga sustituyendo la vieja teja por las nuevas láminas de hierro galvanizado corrugado, que junto a la estructura de madera, las hacía bastante resistentes a los frecuentes temblores del país y facilitaba la construcción de dos plantas, muy utilizada para comercio abajo y vivienda u hospedaje arriba, donde podían además lucir un balcón perimetral. Resulta notable la ausencia, en la mayoría de estas casas unifamiliares, del corredor frontal y su complemento, el antejardín; del mismo modo que por ser menor la humedad del suelo que en el Caribe, por ejemplo, prescinden de los pilotes.
Arquitectura y región
Desde Puntarenas entonces, se extendería por la región inmediata dicha arquitectura, hasta abarcar las cabeceras de Esparza, Miramar, San Mateo y Orotina; coincidiendo dicho límite con el de su utilidad. Pues desarrollada por carpinteros y ebanistas influenciados por las corrientes internacionales en boga, pero impulsados por la necesidad de dar respuesta concreta a los problemas de vivienda de la región, eran un desarrollo particular frente a las condiciones climáticas, económicas, técnicas y sociales de la época.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.