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ECO verdadero
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Por Carlos Tapia
Publicado el 10/28/2008
 

Las Brisas de Veragua consta de un ranario, un serpentario y un mariposario, así como una estación científica del InBIO, cafetería y un teleférico.

Sucasa 45


ECO verdadero

 

ECO verdadero

 

Fue en los años 90  del siglo pasado cuando la ecología  dejó de ser patrimonio de los hippie, cuando quejarse porque arponearan a una  ballena se hizo cool y aquella  palabra se usó indiscriminadamente, manoseada por la moda hasta casi  ningunearla... aún con estupor se recuerda un negocio en San José que anunciaba  en su rótulo Ecological Rent a Car, que ya fue la apoteosis, pero no el fin. De  esta debacle salió una generación que sí  respeta la palabra ecología, la aplica, es comprometida, y la vive todos  los días. Insigne.

 

En Limón, poco antes de llegar a Moín está la reserva forestal Las Brisas de Veragua,  un bosque primario, que hace años se usó para   para sacar madera fina y el dueño  de la montaña consultó con el arquitecto Juan Ignacio Acuña, de cómo  preservarla y cómo convertirla en un negocio rentable, en una extraña  propuesta, conservar = ganar, que levanta suspicacias aunque el plan demostró  su viabilidad.
   
    A la entrada de la reserva está el amplio zaguán que da la bienvenida, la  estructura metálica evoca las patas de un insecto y las ondulaciones del  techo, el mar, y esta parece ser la  clave del proyecto sugerir, no imponer. Luego, empiezan los senderos de  madera soportados por pilotes, dejando el espacio necesario para que las  criaturas del bosque transiten por él sin interrupciones. El arquitecto cuenta  con orgullo que, aunque suene cliché, el universo se confabuló para que se  realizara a cabalidad. No tenían idea de a quién acudir para hacer los senderos  elevados y justo supieron de alguien que vivía muy cerca del proyecto y se  había especializado en California, EE. UU., justo en la construcción de  senderos de madera. Él invirtió seis meses, viviendo junto a sus asistentes,  trabajando bajo lluvia y sol, hasta terminarlos. El usó muchas de las trochas  que utilizaban años atrás los vaquianos y madereros.
   
    Las Brisas de Veragua consta de un ranario, un serpentario y un  mariposario, así como una estación científica del InBIO, cafetería y un teleférico que muestra  las fantásticas vistas de las montañas del frente y del bosque que se revela a  los pies de sus ocupantes. Y tal es el compromiso de este proyecto con la  ecología que, cuando empezaron a construir el teleférico, se dieron cuenta de  que dos árboles de javillo –de 400 años– quedaban justo en el trayecto previsto  y sin considerar los costos económicos que se convertirían en pérdidas, pues ya  habían iniciado trabajos en la cima, movieron los cimientos un metro y medio.
   
    En un pequeño pabellón están las serpientes. Después, se camina  entre el bosque y se llega a un edificio cuyas paredes –espera el arquitecto–  serán cubiertas por las enredaderas, como en las místicas ciudades mayas  abandonadas a la suerte de los tiempos. Dentro  está un fantástico recinto, oscuro, donde viven las ranas nocturnas, a las  que se les ha invertido el horario para que crean que el día es noche. Ahí, los  sonidos guturales, graves y silbidos son casi ensordecedores. Esta selva en  penumbra es atravesada por un “río” surtido de agua de lluvia y rociadores en  el techo para provocar el fino rocío que debería llegar de las profundidades  del techo del bosque. De ahí, salimos a  la luz en un juego de sensaciones que el arquitecto provoca magistralmente e  ingresamos al mariposario, como una selva dentro de la selva, lleno de alas  multicolores que revolotean alegremente.

  En estos momentos, cientos de  costarricenses tienen entre sus posesiones bosques primarios y no saben muy  bien qué hacer con ellos... El proyecto Brisas de Veragua demuestra que,  con capital costarricense y lo mejor de nuestros profesionales, se puede evitar la destrucción del bosque y  convertirlo, de paso, en un buen negocio, entrando sin miedo al cauce del  capitalismo sin temor de ser devorados.  

 

 

*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se  encuentra en la versión impresa.

 

Por: Carlos Tapia*,  pintor y escritor opinion@revistasucasa.com