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Augusto Quijano
Arquitectura bajo el cielo enorme de Yucatán
Augusto Quijano es sin duda el gran maestro de la arquitectura yucateca. Desde el primer minuto de la conversación que tuvimos en su oficina en la ciudad de Mérida, lápiz en mano, nos dio una clase magistral de arquitectura contemporánea: Le Corbusier, Louis Khan, Barragán y Legorreta nos acompañaron durante nuestra conversación.
—Usted estudió arquitectura en una escuela en la que le enseñaban mucho sobre la obra de Le Corbusier y de Louis Khan. ¿Cuán importante fue descubrir la arquitectura de esos dos grandes maestros para su formación?
—Definitivamente, cuando uno aprende, ciertos conceptos de la arquitectura se quedan, como por ejemplo el tratamiento que Khan da a la historia, después de sus viajes por Roma y Grecia y cómo transporta eso a su arquitectura. De ahí se desprende que toda la historia forma parte de nuestra cultura contemporánea. Lógicamente, lo vamos variando y definitivamente pesa nuestro entorno: somos yucatecos viviendo en una cultura contemporánea y en un ambiente contemporáneo.
—¿Cómo acá, en su oficina?
—Sí, aquí lo puede ver un poco en la oficina. El esquema de este proyecto es el mismo de una casa antigua del centro de Mérida. Hay un zaguán, hay un medio patio, en forma de C, hay un traspatio, hay un pórtico… todos elementos de la arquitectura que ha existido siempre en Yucatán.
—Ya que menciona la luz, ¿cuál es la importancia de la luz en su arquitectura?
—La luz es un material tangible. Regresando a la historia, los mayas nos enseñaron mucho. Claro, yo no voy a bajar serpientes por mis muros pero sí puedo jugar con el sol. Y me doy cuenta de que la luz no es solamente la luz del sol sino la luz que puede venir de otro lado donde no está el sol, que es una luz mucho más suave, una luz de penumbra. Por ejemplo, la luz diáfana, cristalina. La luz difusa, la que entra rebotando por todos lados. Entonces, dice uno: ‘bueno, la luz es un material tangible, que puedo manipular’. Entonces ve que la luz es otro material que tenemos que manejar como tal.
—Y conceptualmente ¿cómo abordó el diseño de su oficina?
—Si nos vamos a los conceptos, estamos en una oficina de trabajo, un espacio cerrado. No tiene que tener una fachada de cristal que dé a la calle. Adentro todo gira alrededor de un patio pero afuera, ya lo vio, mi interés no es vender a la calle lo que yo hago. Mi idea es muy simple, crear una serie de transiciones, hay un paseo para entrar a este lugar y hay otro paseo para salir.
—El clima es una variable que muchas veces se descuida a la hora de proyectar. ¿Cuál es el papel del clima en su arquitectura?
—Siento que el yucateco tiene una dialéctica del interior-exterior que llega a ser tan fuerte que hemos llegado a pensar a la hora de proyectar que hay espacios interiores que tienen sol y espacios exteriores que tienen sombra. Uno puede llegar a hacer una mezcla de eso.
—¿Es la arquitectura un arte o una ciencia?
—No se pueden meter todas estas variables de las que hemos estado hablando en una computadora y apretar un botón para que te dé la respuesta arquitectónica. Estas son cosas que uno tiene que crear y cada vez que las creas estás produciendo en buena medida un acto artístico. Creo que la arquitectura tiene esa gran capacidad de ligar la naturaleza con la sociedad. Pero también está la capacidad de ligar el lugar con la época; el espíritu del lugar es el espíritu de la época. |