Gran arte en miniatura
La escuela de joyería Crisol en Santa Ana revivió la cultura de los orfebres en nuestro país y les dio espacio a jóvenes profesionales para crear piezas exclusivas para exportación.
Jordi Costa llegó a Costa Rica en 1995, buscando un cambio radical en costumbres, cultura y vida. Procedente de Barcelona, este catalán es un maestro joyero graduado de la prestigiosa escuela Massana. Finalmente se decidió instalarse en nuestro país y dedicarse al arte de enseñar el diseño.
Su Escuela, Crisol, es actualmente una de las más prestigiosas de Costa Rica en lo que a diseño de joyas se refiere. Ha salido publicada en el 18k, una de las más importantes paginas de joyería contemporánea.
A continuación, un extracto de una entrevista que concedió a Su Casa, en su estudio-escuela.
—¿Como fue que empezaste con el tema de la joyería?
—Fue casi accidental; en ese entonces, me encontraba en el primer año de Massana y, al finalizar, fueron los profesores los que me dijeron que me tenía que encaminar por esos rumbos.
—¿Como fue la experiencia de estudiar una carrera como esta y como marcó tu vida?
—Fui descubriendo, poco a poco, una pasión que me ha durado hasta el presente llegando a cumplirse en algunas ocasiones lo de “trabajar por amor al arte”, literalmente.
“No es que haya marcado mi vida, prácticamente toda mi vida a girado alrededor de esa experiencia de que hablas”.
—¿Crees que este país te ha influenciado en tus diseños?
—Al principio sí, quizás influenciado por la idea de que todo giraba en torno al turismo, los motivos precolombinos, la fauna, la vegetación... Con el paso del tiempo todo vuelve a su lugar, pero claro siempre hay una tropicalización de fondo que se te contagia y de algún modo le da una identidad a tu trabajo.
—¿Cuál sería el proceso de diseño para una pieza?
—En joyería todo depende del enfoque que se quiera dar a la pieza, es decir, si lo que se busca es arte por arte sin importar si la pieza es llevable, sino simplemente como motivo escultórico miniaturizado, no hay reglas ni pautas a seguir. Ahora bien, si lo que se busca es que haya una conexión arte-objeto-persona, la historia es un poco diferente.
—Háblanos de la Escuela Crisol… ¿como empezó todo?
—La idea es bastante vieja, ya hace 12 años me pareció interesante, pero quedo en una buena propuesta. En el 2005 decidí arrancar de nuevo con el tema, con la idea de formar nuevos valores en el oficio de la joyería. “En la actualidad, la joyería está altamente tecnificada, pero siempre ha de existir alguien que le de ese toque digamos romántico, donde la creatividad juegue el papel más importante”.
—Con respecto a esta parte romántica que hablas, ¿has encontrado esta parte creativa en tu escuela?
Sí, por supuesto, de hecho la escuela es muy joven y en este corto período de tiempo, han pasado auténticos valores y te aseguro que algunos de ellos con gran talento.
—¿Como ves a futuro la evolución de este arte en el ámbito nacional y qué posibilidades ves de exportar este nuevo talento de jóvenes joyeros?
—Es temprano como para dar un veredicto, pero creo que la cosa pinta bastante bien, solo hay que dar un poco más de tiempo. El mundo es grande y siempre hay un momento en que salta la liebre y llega la sorpresa. Hay que promocionar el arte en todos los aspectos.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa. |