El convencionalismo del adentro y el afuera es borroso en este proyecto de Andrés Morales. Desde Manuel Antonio, el arquitecto reinterpreta la manera de entrar, salir y recorrer una casa de playa.
En las montañas de Manuel Antonio, sobre una línea de terreno casi rectangular, el proyecto Martins del arquitecto nacional Andrés Morales diluye las diferencias entre el exterior y el interior. La obra consiste en la suma de volúmenes individuales unidos por un eje: una plaza que nos recibe al cruzar la puerta y desde la cual se accede al resto de los espacios. “El concepto es una casa abierta, con una plaza central que nos recibe”, describe Morales.
Así, la plaza, una fuente, los decks y la piscina, como espacios exteriores, conforman el elemento más vivo de la vivienda no solo al recorrer estos espacios, sino al colarse por entre las grandes planchas de vidrio. La fuga visual nos lleva al mar, el centro de Quepos, a los jardines o a los elementos de agua de la fuente o la piscina, en una mágica simbiosis que borra las líneas divisorias.
Plaza Central
Para acceder al proyecto deben subirse dos series de escaleras para encontrar, sobre una loma, tres distintos volúmenes: el área social, los dormitorios y un estudio.
“Todas las áreas llegan al mismo punto que es la plaza central, y desde la plaza acceder a cualquiera de los módulos”, explica.
El interior nos muestra no solamente el afán por unir visualmente la vivienda con el jardín y el resto de la naturaleza circundante, sino que la naturaleza misma se toma su espacio en el interior, con detalles coralinos y segmentos de árbol.
El diseño interno, obra del profesional Michael Salmmons, inscribe la tendencia naturalista de la mano con lo último del diseño y los materiales más novedosos. Así, el brillo del cuero, el aluminio y el vidrio contrastan con la textura expuesta de originales elementos marinos.
Afuera y adentro
El segundo módulo incluye la habitación principal y una habitación secundaria. Con las paredes en concreto chorreado y los cerramientos laterales en ventanas y puertas corredizas de vidrio, el contraste entre el elemento suave y el duro se ve balanceado gracias a la entrada de luz y color por la ventanería.
Elementos decorativos como sillas y roperos pintados a mano y convertidos en obras de arte llenan de vida los grandes espacios, en especial la habitación principal, a la que la vista y el arte interno llenan de calidez.
El resto de la casa se extiende sobre la loma aprovechando una vista hacia los cuatro puntos cardinales. Al final del terreno, el estudio o habitación de huéspedes continúa con la coherencia estética de limpieza y líneas rectas de todo el proyecto.
*Adaptación revistasucasa.com. El texto completo se encuentra en la versión impresa.td>
Por: Randall Zúñiga*, periodista / Fotografía: Ronald Pérez