La estatua del Cristo Redentor lleva 80 años observando la bahía de Río de Janeiro desde lo alto del cerro Corcovado. Obra maestra de la ingeniería, el Cristo es a la vez símbolo de esperanza para los habitantes de esta ciudad maravillosa y violenta.
Sucasa 64
El Cristo del Corcovado
La estatua del Cristo Redentor lleva 80 años observando la bahía de Río de Janeiro desde lo alto del cerro Corcovado. Obra maestra de la ingeniería, el Cristo es a la vez símbolo de esperanza para los habitantes de esta ciudad maravillosa y violenta.
El paisaje ha cambiado radicalmente en las ocho décadas desde que el Cristo Redentor, símbolo por excelencia de Río, fuera inaugurado en 1931. La realidad, aún más. Es por eso tal vez que reconforta verlo aún tan erguido como el primer día, coronando ese cacho inesperado que es el cerro Corcovado.
El tranvía y el mirador del cerro ya existían a finales del siglo XIX, cuando surgió por primera vez la idea de construir una estatua en el lugar para conmemorar el centenario de la independencia de Brasil.
La idea se concretizó en el siglo siguiente y, coincidiendo con el día del descubrimiento de América y de la santa patrona de Brasil, el Cristo Redentor fue inaugurado el 12 de octubre por el entonces presidente Getulio Vargas. El resultado es la estatua más famosa de América Latina, elegida como una de las siete nuevas Maravillas del Mundo en el 2007.
El proyecto fue encomendado al ingeniero y escultor Héctor da Silva Costa, sobre un diseño del artista Carlos Oswald. El escultor francés Paul Landowsky diseñó las manos y la cabeza del Cristo Redentor. Construida con más de mil toneladas de concreto, la mayor virtud de esta obra maestra de la ingeniería es su liviandad. Sus treinta metros de altura y los brazos abiertos e incluyentes se observan desde toda la ciudad, pero de una manera amable, como si hubieran estado siempre ahí. El Cristo mira a los diez millones de habitantes de Río y ellos lo miran a él desde lo alto y lo bajo de la ciudad, desde rascacielos y favelas.
Inaugurada durante la época en la cual Río de Janeiro, llamada “la ciudad maravillosa”, era todavía capital, la estatua ha estado ahí durante tiempos de gloria y de miseria, y se prepara ahora para recibir al mundo entero durante el Mundial de futbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016. Ser sede de eventos de esta magnitud siempre trae consigo una serie de problemas propios: grandes gastos en infraestructura, expropiaciones, embellecimiento de la ciudad muchas veces a costa de los más pobres… También, por supuesto, puede ser una posibilidad, un renacer de toda la violencia. Justamente, el octogésimo cumpleaños del Cristo del Corcovado fue celebrado por los cariocas con un gran Concierto por la Paz; no parece imposible pensar en una fiesta de centenario en la que toda Latinoamérica celebre no sólo las bien llevadas décadas del Cristo, sino también y sobre todo un Río y un Brasil menos desiguales, tal y como se ven desde la cumbre de su cerro.
*Adaptación para Revistasucasa.com, el artículo completo se encuentra en la revista impresa.